IGLESIA DE SANTA MARÍA
Arratia
Lemoa | Bº Elizondo
Folleto
Elizondo s/n, 48330
p.andramari.lemoa@bizkeliza.org
EDIFICIO [1]
Ubicada en la parte alta del barrio de Elizondo, la parroquia de Lemoa se asentó adaptándose al irregular terreno bajo la Peña Lemona.
El templo está formulado en planta de cruz latina [2] de una sola nave dividida en cuatro tramos, cuadrado el primero y rectangulares los otros tres, rematando en ábside recto del mismo tamaño que los segmentos inferiores [3].
El primer tramo se amplía hacia los lados mediante dos brazos de escasa longitud, con la misma altura que la nave, generando un transepto [4].
A los pies dispone de torre campanario alineada con el eje mayor [5].
Buque y torre se inscriben en un amplio rectángulo definido por la sacristía, envolviendo la cabecera y el pórtico, a sur y a norte, este lado ocupado por dependencias diversas [6].
Aprovechando la diferencia de nivel del terreno entre la cabecera y los pies se ha creado un sótano bajo la sacristía y el presbiterio [7].
Se genera así una acumulación de volúmenes perfectamente legibles desde el exterior.
El aparejo es de mampostería [8], raseada salvo en los elementos estructurales: cuerpo bajo de la torre, cornisas, estribos, pilastras y recerco de vanos y accesos, donde se deja a la vista la piedra sillar, creando así un bello efecto de contraste cromático.
Por el exterior los muros perimetrales presentan una deja de adelgazamiento [9], que en la nave discurre bajo el cuerpo de luces, mientras que en los brazos del crucero y el ábside lo hace por encima de los vanos [10]. Un pequeño escalonamiento es visible en los muros del brazo norte [11], hecho que no se repite ni en la cabecera ni en el brazo sur.
Remata todo en una cornisa en gola [12], bastante prominente, que incluso afecta a los contrafuertes.
Al interior la parte baja de estas paredes se protege mediante un zócalo de placas de piedra [13], reciente.
En estos muros se excavan dos hornacinas. La primera [14], en el muro de la epístola (sur), se rasga en el segundo tramo, a insólita altura, y es un amplio hueco adintelado, con guía para balda, tal vez destinado en otro tiempo a archivo. Su extraña ubicación conduce a pensar que ha sido trasladada desde algún otro lugar. La segunda hornacina [15] se localiza en el sotocoro, en el muro del evangelio, y es un pequeño hueco adintelado cerrado con puertecilla lígnea de reciente factura.
El pavimento actual es de tarima [16], incluido el presbiterio, sobreelevado éste en dos gradas. La solera original de lajas de piedra arenisca [17] se conserva en un pequeño tramo de cerca de 1 m2 ubicado en el paso entre el ábside y el acceso sur a la sacristía.
La estructura del edificio tiene fácil lectura tanto por dentro como por fuera. Allí los soportes son pilastras toscanas [18], cruciformes en los ángulos del crucero. Sobre ellas voltean los fajones y arcos de embocaduras de las capillas, de medio punto ligeramente rebajado, que generan las bóvedas [19]. En los ángulos de cabecera y pies no se repite esta fórmula, sino que las aristas de las bóvedas caen directamente a las esquinas [20].
Al exterior aseguran este sistema unos contrafuertes [21] dispuestos en la unión entre los tres tramos inferiores, en correspondencia con las pilastras del interior. Son de sección rectangular, de dos tramos, con el tercio superior notoriamente adelgazado con respecto a la base [22]. Estos estribos se adosan al muro en toda su altura hasta integrarse con la cornisa de gola que circunda el edificio.
Las bóvedas que cubren la nave, el ábside y los brazos del transepto son de lunetos [23], mientras que en el crucero se hace de aristas [24].
El tejado es a cuatro aguas que en los brazos cae a tres [25]. El alero, no muy saliente, apoya sobre la cornisa engolada [26].
La luz penetra en el interior del tiempo mediante ventanas con dintel adovelado y doble abocinamiento, interior y exterior [27]. Están dispuestas de manera simétrica a ambos lados de cada uno de los tramos de la nave, algo inhabitual en esta tierra donde el norte suele ser ciego. En el lado de la epístola del presbiterio se rasga una más, de similares características, ésta desparejada [28]. Todos los huecos se cierran con vidrieras geométricas [29] de reciente factura y se defienden con reja por el exterior.
El acceso al templo se realiza a través de una amplia puerta abierta bajo la torre [30], coincidente con el eje axial del templo. Hay otras dos entradas, algo más pequeñas, a ambos lados del tercer tramo de la nave. De éstas actualmente solo es practicable la del muro sur [31], siendo la del lado del Evangelio [32] el paso a la capilla de diario y a la nueva sacristía. Los tres son vanos de dintel adovelado con recerco de placa al exterior, mientras que al interior se traducen en arco rectilíneo deprimido.
Al exterior, junto al acceso bajo la torre, hay una aguabenditera de mármol negro [33], tipo Mañaria, con copa en forma de cono ovoide invertido y remate triangular para cruz tallada.
El coro [34] se ubica a los pies, ocupando algo más que el tramo zaguero. Apoya su estructura sobre un gran puente de hormigón moldeado que imita un arco deprimido [35]. Es elemento realizado en 19661Expediente de obras sobre la construcción de un nuevo coro en la parroquia Santa María de Lemoa, 1966, sign. D2-0064/010.. El acceso se realiza a través de escalera acodada de dos tramos, de tipo claustral [36], también renovada.
La torre, ubicada a los pies del templo, sobre el ingreso axial, es prismática cuadrangular [37], de tres cuerpos telescópicos, más largos y delgados cuanto más altos. La base enlaza con el pórtico y se abre al frente mediante tres arcos de medio punto con imposta-capitel de placa lisa [38]. Las soldaduras entre los cuerpos superiores se definen con líneas de imposta: en cuarto de bocel con dos listeles la inferior, con perfil de gola, como en la cornisa general del templo, las superiores [39].
El cuerpo central se ilumina a través de dos pequeños huecos adintelados, enrejados, abiertos en la cara sur del segundo piso [40]. La tercera planta cuenta con cuatro amplios vanos cardinales para las campanas, en arco de medio punto sobre capiteles de placa y listel [41]. Se remata la torre con un corto plinto con cornisa propia y cuatro pináculos angulares, de formas bulbosas y sección cuadrada [42]. Encima se alza una cúpula de cuatro cascos en la que se abre al sur un pequeño vano de iluminación en arco de medio punto [43], y se corona con pináculo de bola y cruz-veleta de hierro en la cúspide [44].
Tanto el remate como la base de la torre se ejecutaron en sillería, mientras que en los cuerpos intermedios la piedra de calidad se reservó para vanos y cadenas esquineras, apareciendo el resto de los paños enfoscados.
En la fachada sur presenta esfera de reloj [45].
Se accede a esta torre campanario a través de un paso adintelado con túnel en ligero derrame. Al interior cuenta con una escalera de hormigón [46], realizada en 19442AHEB-BEHA, Parroquia de Santa María de Lemoa, Libro de cuentas y visitas, 1925-1986, sign. 2477/001-00. , de tramos adosados al perímetro interno del cajón. De hormigón son también sus actuales suelos holladeros, uno a la altura de la entrada y otro en el cuerpo de campanas.
La primitiva sacristía era un pequeño espacio de planta cuadrada ajustado entre la cabecera y el brazo del crucero a epístola [47], al que se accedía a través de un paso adintelado abierto en el presbiterio, aún presente [48]. Su fábrica era igual a la del resto del edificio, incluso la cornisa engolada que aún conserva.
Pero, como veremos, en 1891 fue ampliada con diversas estancias que envolvían por completo el ábside [49]. En la nueva obra parece que se reutilizaron las piezas de la cornisa hasta donde alcanzaron (se aprecian en todo el lado sur y en el ángulo noreste), y cuando ya no quedaron sillares tallados se hizo un remedo de los mismos, tratando de dar unidad al alero del tejado.
Además, aprovechando que en esa zona el desnivel del terreno se incrementaba notablemente, la ampliación permitió dotar al templo de un amplio sótano.
Renovadas todas estas dependencias a fines del siglo XX, hoy son espacios de nulo interés, techados con cielo raso e iluminados con varias ventanas adinteladas.
El pórtico, originalmente transitable en el perímetro entre los brazos del transepto y bajo el cuerpo de la torre, ha sido cerrado en su mitad norte para reaprovecharlo construyendo en él dependencias auxiliares (capilla de diario, despacho parroquial…) [50]. Se abren a la nave a través de la antigua puerta norte y de un nuevo acceso adintelado en la cabecera, que imita los antiguos. Como las estancias que rodean la cabecera, se cubren con cielo raso e iluminan mediante ventanas adinteladas, todo obra reciente.
Así, del primitivo pórtico sólo queda practicable la mitad sur [51], cerrada con pared a poniente y protegida por pretil de mampostería a mediodía. Presenta cubrición aterrazada de reciente factura sostenida por pilares, todo de hormigón, material también empleado en la solera y en el banco corrido adosado a los muros de la iglesia.
Cuenta con tres pasos, uno bajo el campanario y otros dos abiertos a la plaza. Estos salvan el desnivel del terreno mediante escaleras en cascada [52].
Se cierra todo con rejería del siglo XX.
En esta zona sur aún se puede apreciar, por encima de la actual cubierta, el vierteaguas del primitivo porche, algo más elevado que el actual, y que seguía el tradicional modelo de tejavana a un agua.
De lo expuesto se desprende que Santa María de Lemoa es un magnífico ejemplar de la arquitectura de corte severo y clasicista que se practicó en el País Vasco en el barroco final. Está prácticamente desornamentada, lo que -en cierto modo- realza un concepto de belleza que se ha buscado en la perfecta simetría de la planta y el alzado, y en el establecimiento de relaciones de armonía numérica entre los distintos elementos constructivos. Ofrece un atractivo adicional en el hecho de haber sido reedificada integralmente y en un breve plazo de tiempo, sin que añadidos o mutilaciones posteriores hayan venido a deformar el proyecto original, con lo que adquiere el valor de paradigma de la arquitectura vizcaína de mediados del siglo XVIII. En su planteamiento formal es semejante a la parroquial de Bedia, al Santuario de Nuestra Señora la Antigua de Orduña -obra más temprana del mismo arquitecto- y al Santuario de Udiarraga, que trazaría años más tarde el maestro Juan de Iturburu.
La primitiva iglesia de Lemoa venía arrastrando numerosos defectos de fábrica, al menos desde los primeros años del siglo XVII. Como ocurría en muchas iglesias vizcaínas, la bóveda no había llegado a completarse por falta de recursos y toda la mitad posterior se hallaba cubierta por una precaria tejavana. En 1616 el párroco afirmaba que el muro del ábside estaba pandeado, el campanario totalmente desvencijado y las sepulturas de la nave en pésimas condiciones3A.O.S., Patronato Eclesiastico, 184-200. Lemona-Santa María. Pesquisa de 1616. Tras una visita episcopal, cursada en 1640, los carpinteros Sebastián Zabala y Francisco Linaza efectuaron algunas reparaciones de emergencia en la armadura del tejado4AHEB-BEH., Lemona: Santa María de la Natividad, L.F. 1 (1625-1723). , y dos años más tarde Juan de Arana enlució las paredes del templo5Añadir un texto de descripción emergente, pero nunca llegaron a acometerse obras de más envergadura.
La situación debía de ser ya insostenible a mediados del siglo XVIII porque en 1754 se solicitó a varios canteros que reconociesen el edificio para dar idea de lo que se podía hacer para conservarlo en pie6Ibid. L.F. n (1722-1828).1754. La conclusión de los expertos sería favorable a rehacerlo íntegramente y ya al año siguiente se envió a un recadero para llamar al prestigioso arquitecto Antonio de Vega para que se ocupase de elaborar la traza7Ibid. 23 de Octubre de 1754.
Las obras de reedificación se desarrollaron entre 1757 y 1761, sin interrupciones, bajo la dirección de Santiago de Ordorica, rematante, y Juan de Guezala, maestro cantero8BFAH-AHFB JCR1776/004, siempre bajo la supervisión periódica del propio maestro Vega9Ibid. El 13 de Abril de 1758, por ejemplo, se anota el gasto de 20 reales que se pagaron al tracista por desplazarse dos días hasta Lemoa para ver cómo iba la obra y aconsejar al contratista sobre el modo en que debían de ejecutarse el campanario y el altar.. Para hacer frente a los elevados gastos de sueldos y materiales se logró una exención en el pago de dos tercios del diezmo10Ibidem.1756, dinero que se empleó integralmente en la fábrica. Mientras duraron los trabajos el Santísimo se trasladó a la vecina ermita de San Ignacio.
En los años sucesivos se remataron los flecos sueltos y se completaron algunos trabajos secundarios: la losadura del presbiterio (1762)11Ibidem.1 de marzo de 1762. Realizada por el cantero Joseph Ardanza, la colocación de una aguabenditera en el pórtico (1763)12Ibidem. 3 de Mayo de 1763, la instalación del cancel en la puerta principal (1789)13Ibidem. 10 de Noviembre de 1789. Se pagaron 55 reales por el trabajo, etc. En adelante se efectuaron obras de reparación menores, como la de 1832-3314Ibidem. En estos años se pagaron a Juan Esteban de Barrenechea tres plazos de 3.828 reales por diversos arreglos que realizó en el templo, que no afectaron a la estructura básica del templo. Únicamente la torre y sus escaleras plantearon algunos problemas recurrentes, que nunca se solucionaron de forma completa, pues se volvió sobre ellos en 1804, 1827, 1846, 1852, 1855 y, ya por última vez, después de la Guerra Civil15Ibidem. L.F. n. En 1804 se pagaban 175 reales y 27 maravedíes por reparaciones en la torre y sus escaleras; en 1827 se registra otra partida de 932 reales para obras en la iglesia y la torre. Ibidem.L.F. n. (1829-1922). En 1846 se gastaron 36 reales en ciertas reposiciones que se realizaron en el salón de la torre y en 1852 se repuso parte de la escalera, con un gasto de 143 reales. En 1853 se señala una nueva partida de 171 reales para arreglos del salón del campanario y en 1855 hay anotado otro pago de 2.305 reales destinados al mismo asunto. YBARRA, J.: Catálogo..., 512, da una breve noticia sobre las reparaciones efectuadas durante la postguerra. En 1944, según las cuentas de la parroquia, se lleva a cabo la obra de la escalera de la torre. Para ello colocan 2.100 kilos de hierro por valor de 2160,02 pesetas, ascendiendo el coste de la escalera y el raseo interior a 3500 pesetas16AHEB-BEHA, Parroquia de Santa María de Lemoa, Libro de cuentas y visitas, 1925-1986, sign. 2477/001-00. Cuentas 1944..
Durante un tiempo existió en el pórtico un salón cerrado que se utilizaba como Ayuntamiento, pero en 1888 fue derribado por José Bustinza17Ibid. L.F.III Se pagaron 400 reales por el derribo y el arreglo del pórtico, que devolvió al atrio su aspecto original.
En 1891 se propuso la ampliación de la antigua sacristía, que ocupaba el ángulo sur generado entre el brazo del crucero y el ábside. Para ello se encargó el proyecto al maestro de obras zeanuritarra, Bartolomé de Alcíbar, quien estableció en 3854,81 pesetas el coste de la obra. Esta consistía en generar, a continuación de la sacristía vieja y perimetrando la cabecera hasta el brazo norte, un local para escritorio y archivo de libros, otro local para mayordomos y público general, dos excusados y un nuevo acceso desde el presbiterio, en simetría con el de la sacristía. La obra era más complicada de lo que parecía, ya que había que solventar el problema del desnivel del terreno, para lo cual se construyó un gran muro engrosado que asegurase la cimentación. Asimismo, el proyecto de obra recogía la necesidad de realizar una obra acorde con la existente: imitando en la ampliación la gola perimetral de la cornisa y los aparejos del templo y reaprovechando los sillares esquineros de la antigua sacristía para la generación del nuevo ángulo en el lado norte18AHEB-BEHA, Parroquia de Santa María de Lemoa, Libro de cuentas y visitas, 1828-1922, sign. 2472/003-00. Cuentas 1891 y Papeles Varios, sign. 2475/002-00. El proyecto fue adjudicado a Pascasio de Bustinza por un total de 13.500 reales, (3.225 pesetas) y el resultado, tras algunas mejoras posteriores realizadas por el propio Bustinza un año después, es el visible en la actualidad, si bien se han modificado huecos en el muro del Evangelio y se han rasgado nuevos a la altura del sótano.
Las últimas reformas importantes del templo se llevaron a cabo en 1993, momento en que se procedió al raseo de paredes, derribo del techo de la sacristía, arreglos varios en el tejado y formación de cubierta a base de tabique de ladrillo19Expediente de obras sobre la reparación del templo de la parroquia Santa María de Lemoa, 1988-1995, sign. D2-0064/014.; y en 1998 cuando, según proyecto del arquitecto José Floren Urutxurtu, se procedió al arreglo de la cúpula y torre de la iglesia20Expediente de obras sobre la reparación de la torre del templo y habilitación de locales de la parroquia Santa María de Lemoa, 1996-2000, sign. D2-0047/006..
MOBILIARIO
Retablística
Retablo mayor [53]. Madera policromada. Mueble de madera pintada y jaspeada, que ocupa todo el testero. Se organiza en tres calles y dispone de un solo piso [54], coronado por un amplio tímpano [55], que se dispone a modo de hueco termal sobre las calles. La arquitectura es de columnas compuestas alzadas sobre plintos, con frentes y netos lisos. En la calle mayor se duplican las columnas y las interiores avanzan [56], adelantándose con ellas todo el cuerpo central de la máquina. Sobre estos soportes descansa un entablamento con trozos de frontón roto en las esquinas y con un frontón mixtilíneo en el centro. El remate se acomoda al semicírculo de la bóveda, presentándose en el tramo medio como un entablamento fragmentado. La mayor parte de la mazonería y columnas presenta acabados marmoreados o jaspeados, predominando los tonos ocres y verdosos.
El repertorio escultórico lo forman en el primer nivel, las tallas de San Pedro [57] (128 x 68 x 44) y San Pablo [58] (133 x 68 x 42), dispuestas bajo nichos de medio punto. La primera imagen porta libro y la llave, su atributo inequívoco, y aparece barbada, con cabello corto y expresión elevada hacia lo alto, enfatizando su condición de príncipe de los apóstoles. San Pablo por su parte, además de libro, empuña un elemento que será resto de la espada que le caracteriza. Y a diferencia de San Pedro, tiene cabellos y barba más largos y oscuros. Ambas imágenes muestran composición frontal y equilibrada, con leve dinamismo en la disposición de los brazos y de los plegados, algo alatonados, y presentan policromía rica en tonos verdes y rojizos con decoración vegetal estofada. Los rostros son de modelado sereno y expresividad contenida. Son imágenes que proceden de un retablo armado en 1680. En las cuentas de 1700 se anota el pago al pintor Manuel de Villalon Gil por dorar los bultos de ambos santos21AHEB-BEHA, Parroquia de Santa María de Lemoa, Libro de cuentas y visitas, 1625-1723, sign. 2470/004-00.. En el centro, preside una notable talla de la Inmaculada Concepción [59] (148 x 73 x 46). La figura aparece erguida sobre peana de nubes entre cabezas de querubines alados, en actitud ascensional y de suave contraposto, mientras dos ángeles mancebos suspendidos sostienen sobre su cabeza una corona imperial. María viste túnica blanca decorada con delicados motivos florales polícromos y ceñida a la cintura, sobre la que cae un amplio manto azul de acusado vuelo y bordes dorados, dispuesto con movimiento envolvente alrededor del cuerpo. Los paños presentan plegados amplios y ondulantes, de superficies suaves y profundas cavidades, generando un efecto dinámico. El rostro, de óvalo alargado y facciones delicadas, muestra expresión serena y contenida, con mirada frontal ligeramente baja, ojos almendrados, nariz recta y boca pequeña de labios finos, transmitiendo un ideal de belleza espiritualizada. El cabello, partido al centro y dispuesto en mechones oscuros ondulados, cae sobre los hombros enmarcando suavemente la cabeza. Las manos, finas y estilizadas, refuerzan el sentido devocional de la composición: la derecha se extiende abierta hacia el espectador en gesto de aceptación y mediación, mientras la izquierda descansa sobre el pecho como alusión a la pureza y humildad de la Virgen. La composición general responde a fórmulas barrocas de acusado sentido teatral y devocional, suavizadas por un modelado elegante. Barroco, mediados del siglo XVIII.
En el ático hay un Cristo crucificado [60], sobre paisaje con la Jerusalén amurallada enmarcado en un vano cruciforme de perfil mixtilíneo. Se trata de una talla de Cristo muerto en la cruz, con cabeza inclinada hacia la derecha y anatomía de modelado suave y estilizado. La figura aparece cubierta por paño de pureza blanco de plegados amplios y dinámicos, mientras las carnaciones muestran policromía clara con discretos regueros sanguinolentos. El rostro, de expresión serena y contenida, presenta cabello largo ondulado y barba bífida. Obra barroca, de hacia 1700.
El conjunto era un retablo con estructura barroca, que fue profundamente remodelado en 1832, por Juan Esteban de Barrenechea, vecino de Durango, siguiendo trazas de Domingo Mª de Regil, estipulándose en las condiciones “quitar todos los pegotes y resaltos monstruosos de los pedestales, entrepaños y frisos, y en las colunas cubrir las estrías dejando los fustes lisos”22ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003, pp. 140-141..
Retablo del Santo Ángel de la Guarda [61]. Madera policromada. Localizado en el brazo del crucero, a juego con el gemelo del otro lado. Mueble de un cuerpo y una calle, sobre banco escalonado. La calle, ligeramente avanzante, está enmarcada por pilastras compuestas frenteadas por columnas del mismo orden. El marco es de hojitas de acanto y lleva en el centro rematando una cabecita de querubín alado. El remate de la mazonería es quebrado, obedeciendo a los planos del enmarque general y de la calle; en la parte superior, volando sobre una cornisa que casi oculta un frontón semicircular, hay dos ángeles [62] en bulto redondo que sostienen una corona. Luce policromía de marmoreados, en varios tonos. En el nicho principal, se aloja el titular, una talla del Ángel de la Guarda [63] (140 x 84 x 44), concebido como figura protectora que guía a un niño a través del peligro. El ángel protege al niño mientras pisa y vence al demonio, representado aquí mediante una cabeza monstruosa y un brazo emergente bajo sus pies. El ángel aparece en actitud dinámica, avanzando con una pierna y el brazo derecho elevado empuñando una espada. La anatomía es suave y estilizada, alejándose de un dramatismo intenso. El rostro presenta rasgos idealizados y juveniles, con óvalo alargado, piel nacarada, labios pequeños y entreabiertos y mirada elevada, de expresión casi melancólica. El cabello, trabajado en abundantes mechones ondulados y simétricos, cae sobre los hombros formando rizos muy marcados. Las alas policromadas, abiertas tras la figura, conservan una rica decoración cromática. La policromía es precisamente uno de los aspectos más destacados, con la túnica decorada con motivos florales seriados de inspiración textil. El manto cruzado sobre el torso introduce plegados amplios y angulosos, rematados con perfiles dorados que enfatizan el volumen escultórico. El niño protegido por el ángel aparece tratado a menor escala, que se aferra al vestido del ángel, reforzando la idea de amparo. Barroco, segundo tercio del siglo XVII.
El retablo, por su parte, es posterior, debiéndose la traza al maestro de obras Víctor de Zabala, en 1857, ejecutándolo Juan Esteban de Barrenechea para el año 1862. Originalmente estaban dedicados a San Vicente y San Ramón Nonato23AHEB/BEHA, Parroquia de Santa María de Lemoa, Libro de cuentas y visitas, 1828-1922, sign. 2472/003-0. ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003, p. 150..
Retablo de San Antón [64]. Madera policromada. Localizado en el brazo del crucero, a juego con el gemelo del otro lado. Mueble de un cuerpo y una calle, sobre banco escalonado. La calle, ligeramente avanzante, está enmarcada por pilastras compuestas frenteadas por columnas del mismo orden. El marco es de hojitas de acanto y lleva en el centro rematando una cabecita de querubín alado. El remate de la mazonería es quebrado, obedeciendo a los planos del enmarque general y de la calle; en la parte superior, volando sobre una cornisa que casi oculta un frontón semicircular, hay dos ángeles [65] en bulto redondo que sostienen una corona. Luce policromía de marmoreados, en varios tonos. En la hornacina principal, se aloja el titular, una talla de San Antón [66] (129 x 54 x 32). La figura aparece de pie, con una leve inflexión del cuerpo que aporta cierto dinamismo. El santo viste el hábito monástico oscuro propio de la orden antoniana, compuesto por túnica y amplio manto de pesados pliegues que envuelven la figura con gran volumen. Bajo el manto asoma una túnica clara decorada con delicados motivos estofados de vegetales y roleos dibujados, evocando ricos tejidos litúrgicos. El santo aparece caracterizado como anciano asceta, de frente amplia, ojos almendrados y profundos, nariz recta y larga barba ondulada tratada con abundantes mechones curvilíneos. El cabello y la barba presentan un modelado muy decorativo, de rizos marcados y simétricos. La expresión es serena y meditativa, acorde con su condición de eremita. En la mano izquierda sostiene tau y una pequeña campanilla, atributo que alude tanto a la espiritualidad antoniana como a la antigua costumbre de los monjes hospitalarios de portar campanas y criar cerdos. Uno de éstos se sitúa a los pies. Barroca, del segundo tercio del siglo XVII.
El retablo, como su gemelo, es posterior: la traza se debe al maestro de obras Víctor de Zabala, en 1857, y fue ejecutado por Juan Esteban de Barrenechea, entregándose para el año 1862. Originalmente estaban dedicados a San Vicente y San Ramón Nonato24AHEB/BEHA, Parroquia de Santa María de Lemoa, Libro de cuentas y visitas, 1828-1922, sign. 2472/003-00. ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003, p. 150..
Escultura
Muebles del altar [67] [68]. Madera en su color. Mueble despiezado, del que contamos con una mesa rectangular y otro fragmento ubicado en el lugar de las lecturas. La pieza mayor [67] cuenta con un panel labrado en el frente con motivos de candelieri, que enmarcan un medallón con el monograma del Ave María, sostenido por dos figuras de salvajes. A los lados, sendas columnillas anilladas, torsas en el tramo inferior del fuste y con acanaladuras rectas en el superior. La pieza menor [68] sigue el mismo esquema compositivo, con decoración a candelieri, cabecitas humanas y jarrón central. Aunque no cuenta con columnas a los lados. Se trata de buenas piezas de ebanistería ecléctica con influencia de formas renacentistas, labradas hacia 1900.
Orfebrería
Cáliz [69] (24 x 14 x 7,5). Plata en su color y sobredorada. Vaso con pie redondo, decorado con grabados de vegetales, cruz y símbolos de la Pasión. El astil es abalaustrado con nudo periforme y copa de perfil bastante recto y recogido. Lleva inscripción que dice STA MARIA D LEMONA (VIZCAYA) / 1938, que será posterior, pues la pieza parece ser de finales del siglo XVIII25CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 376, vol. 2, nº689..
Cáliz [70] (24,5 x 14,7 x 8,2). Plata en su color y sobredorada. Pieza con pie octogonal apiramidado, nudo prismático octogonal y subnudo similar de menor escala, con copa lisa ceñida por moldura alta. En el reverso del pie lleva marca de Bilbao oval, del platero Fernando Acha (F / ACHA) y otra frustra. Y por el anverso del pie va la inscripción estampada LEMONA VIZCAYA. Hacia 1800.
Cáliz [71] (25 x 12,7 x 7,5). Plata en su color y sobredorada. Vaso con pie redondo liso, bastante plano, con astil muy esbelto ocupado en su mayor parte por un nudo en jarrón adelgazado y estriado. La copa es recta, algo exvasada en la boca y lisa. En el reverso del pie incluye el texto de propiedad: Sta Maria de Lemoa (Vizcaya) 1941. Aunque la pieza pudo labrarse hacia el primer tercio del siglo XIX, siguiendo patrones del estilo Imperio.
Custodia [72] (55 x 18 x 25). Plata y bronce sobredorados. Esbelta pieza de pie redondo, recorrido por cenefa de acantos burilados, y sobre ella una superficie convexa excavada con gallones radiales, que convergen en el astil. Éste da inicio con una pieza cilíndrica decorada con relieves fundidos de las Virtudes Cardinales y una serpiente enroscada. Le sigue un nudo bulboso y estriado muy estilizado, gollete cóncavo y la transición al viril se realiza mediante otra pieza bulbosa recorrida por acantos estilizados. El viril se rodea por un cerco decorado con querubines y tallos con tréboles, y exteriormente va un sol de rayos rectos de distinta largura con cruz de remate. Toda la decoración es ordenada y rítmica, según un gusto neoclásico tardío. Obra de mediados del siglo XIX.
Custodia [73] (46 x 18,5 x 21). Plata sobredorada. Pieza de pie circular y escalonado, de perfil moldurado y nula decoración. El astil presenta un desarrollo torneado, con perfiles bulbosos y suaves molduras que articulan la estructura vertical. El nudo, apenas diferenciado del resto del astil, mantiene una configuración ovoide simple, más funcional que ornamental. El viril en forma de sol radiante, está compuesto por haces de rayos rectos agrupados de a tres. El conjunto se remata mediante una pequeña cruz de brazos rectos. En la pestaña del pie lleva grabado muy fino texto de propiedad: Parroquia de Santa Maria de Lemona. Su diseño remite a modelos sencillos de gusto neoclásico, pero será más tardía, hacia finales del siglo XIX.
Cáliz [74] (26 x 16,5 x 9,5). Plata sobredorada. Vaso con pie estrellado de perfil mixtilíneo, decorado en sus facetas por motivos repujados y cincelados de aves, rocalla, querubines, ces y vegetales, muy plástico. El astil se articula con varias piezas de sección poligonal, y nudo achatado recorrido por cartelas, cueros y hojas. La copa es de perfil abierto, con la subcopa recorrida por galería de arcadas que incluyen imágenes de los cuatro evangelistas repujadas y cinceladas entre vegetales. Pieza de gusto historicista, de calidad. Principios del siglo XX.
Cáliz y patena [75] (30 x 16 x 9). Plata sobredorada. Apoya en pie lobulado, con profusa decoración vegetal y cartelas ovales en relieve con decoración figurada; astil moldurado con nudo periforme decorado mediante roleos y motivos geométricos grabados, subcopa de exuberante ornamentación vegetal en altorrelieve y copa lisa acampanada de boca algo abierta. En el pie lleva grabadas las letras C.L y tiene marcas francesas, con sello de Minerva y romboidal que incluye las letras D y A junto a una custodia. Estilo neobarroco, historicista, de principios del siglo XX. Tiene sencilla a juego, decorada con corona de espinas, IHS y corazón traspasado.
Metalistería
Cruz parroquial [76] (111 x 50,5). Metal plateado. Pieza que arranca de cañón troncocónico liso rematado en moldura abocelada decorada con roseta y gollete que da paso a nudo de jarrón de planta oval decorado con guirnalda de acantos y frutos, rematando en elemento cóncavo gallonado. Encima va la cruz, que brota de base decorada con hojitas y flores y encima grumo vegetal con perfil de lira. Tiene brazos rectos y lisos que rematan en hojas de tres lóbulos, incorporando placa con ángel que porta cartela de INRI en el brazo superior. El Cristo es una figura de esbelta anatomía, que mira a lo alto, con piernas rectas, y que viste flexible paño de pureza anudado en un costado. Cruz de estilo isabelino, mediados del siglo XIX.
Ciriales (2) [77] (17 x 15). Metal plateado y dorado. Cuerpo inferior hemiesférico recorrido por hojas de acanto repujadas y sobre él, va una cadena de esferas doradas y la base troncocónica de la cabeza. Ésta adopta forma de tambor cilíndrico con friso de roleos en torno a círculos que se interrumpe con cabecitas de querubines alados en dorado. El remate de la cabeza es en cupulín rebajado, sobre el que va el mechero bulboso decorado con acantos. Piezas de tradición neoclásica, algo tardías, que alcanzaron gran difusión. Mediados del siglo XIX.
Candelero [78] (40 x 17). Bronce. Pieza de estructura torneada y elegante verticalidad. Se alza sobre pie triangular escalonado con tres patas en forma de garra, elemento heredero de repertorios barrocos tardíos. El astil se articula mediante sucesivos cuerpos bulbosos y molduras anulares de perfil limpio y equilibrado, destacando un nudo central ovoide achatado. La parte superior presenta bandeja circular y mechero cilíndrico de líneas austeras. El conjunto combina ecos barrocos en la base con una clara tendencia neoclásica en la organización geométrica y la ausencia de decoración. Obra de las primeras décadas del siglo XIX.
Campana [79]. Bronce. Esquilonada. Decorada con cruz de calvario diamantada. En el hombro dice IHS ME FECIT IVAN DE SOLANO AÑO 1691. En el mediopié, SOY LA BOZ DEL ANGEL QUE EN ALTO SUENA AVE MARIA GRACIA PLENA26BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, p. 126..
Campana [80]. Bronce. Esquilonada. Decorada con cruz de calvario diamantada. En el hombro reza IHS SANCTA MARIA ORA PRO NOBIS AÑO 174827Ibid..
Campana [81]. Bronce. Esquilonada. Decorada con festones, crucifixión e Inmaculada. En el mediopié dice SAN JOSE RUEGA POR NOSOTROS 1906. Procede del taller vitoriano de Faustino Murga Echebaster28Ibid..
Campana [82]. Bronce. Esquilonada. Decorada con festones e Inmaculada. En el mediopié reza LAUDATE EUM OMNIS POPULI AÑO 1907. Procede del taller vitoriano de Faustino Murga Echebaster29Ibid..
Ornamentos
Palio [83] y paño de hombros [84]. Conjunto litúrgico compuesto por palio procesional y paño de hombros, realizado en raso satinado en tonos marfil y rosa pálido, decorado mediante bordados polícromos de temática eucarística y floral. El palio presenta estructura rectangular con amplio campo central donde hay una composición bordada con cáliz radiante flanqueado por dos ángeles adorantes arrodillados, acompañada en las esquinas por delicados ramilletes florales. El paño de hombros reproduce la misma gama cromática, con motivo central de cáliz eucarístico irradiado entre roleos vegetales estilizados. El conjunto responde a un lenguaje decorativo historicista de gusto refinado, fechable en el primer tercio del siglo XX.
Otros elementos
Pila bautismal [85] (95 x 82). Piedra. Elemento compuesto por amplia copa hemiesférica apoyada sobre corto fuste cilíndrico y basa prismática moldurada. El conjunto se caracteriza por la decoración de bolas distribuidas regularmente por la copa, el fuste y la base. La concepción maciza y geométrica de la pieza, unida a la sobriedad estructural y a la decoración de bolas, sitúan la obra dentro de la transición hacia el Renacimiento. Principios del siglo XVI. Ha sido retallada en época reciente.
Reloj [86]. Metal y otros. Parece que se trata de la maquinaria antigua, montada por el relojero Juan Zugasti, de Mondragón, en 182730Noticia recogida en el anterior Catálogo Monumental de la Diócesis de Bilbao..
Elementos depositados en el Museo de Arte Sacro
San Pedro [87] (95 x 23 x 20,5). Madera policromada. Talla con el dorso ahuecado, del santo en pie, en disposición frontal, bendiciendo con la derecha, y sosteniendo una llave de gran tamaño con la izquierda. Viste alba y casulla de pliegues torpes y angulosos, tocándose con una mitra rematada en pequeña borla. El rostro es alargado, de disposición y mirada frontal, ojos abiertos y barba corta, y melena envolvente que rodea la nuca, todos ellos con rasgos poco definidos, consecuencia de varias intervenciones. Otro tanto sucede con los dedos, que parecen ir enguantados. La policromía también enmascara mucho la talla. En el reverso tiene adherida una nota con un texto manuscrito que dice: «Imagen de San Pedro que estuvo en la antigua ermita románica de Elorriaga. Cuando se derribo y edificado la nueva, se trasladó a ésta hasta que la familia de Dª Maria Antonia Atucha adquirió la nueva ahora existente, cuando se bajó a la parroquia. Los anticuarios dicen que tiene merito de antiguedad.» Se trata de una imagen que perpetúa el lenguaje medieval, gótico, pero cuya factura popular y las sucesivas capas de repinte, hacen complejo afinar una cronología. De hecho, puede ser posterior, de principios del siglo XVI.
San Pablo [88] (65,5 x 22 x 14). Madera policromada. Imagen maciza del apóstol, representado en pie y frontal, con un discreto desplazamiento de la pierna derecha hacia el costado, dando origen a un cierto giro hacia el lado opuesto, desplome al que contribuye también la cabeza. La escultura es de factura muy popular, como denotan la torpeza de sus rasgos: ojos saltones, muy abiertos, cejas prominentes y pómulos marcados, cabellos y barbas de escaso resalte y rigidez de los miembros superiores que no se despegan del tronco y se articulan en forzados ángulos rectos, el derecho plegado al pecho -seguramente sosteniendo en origen una espada con la mano- y el izquierdo portando un libro cerrado. Viste larga túnica y manto, que se cruza en ambas direcciones, originando pliegues de gruesas dobleces. Obra popular, seguramente romanista, de finales del siglo XVI.
Santa Ana [89] (82 x 36 x 21). Madera policromada. Talla que representa a la madre de la Virgen en pie, con la mano derecha hacia el frente y la izquierda más baja, en actitud declamatoria. La imagen viste túnica amplia ceñida con gruesa lazada en la cintura y manto que cae desde los hombros y se cruza desde el flanco derecho hasta el izquierdo para recogerse sobre el antebrazo, lo que le dota de una notable anchura. El rostro se ciñe con una toca blanca que cae sobre el pecho y un velo del mismo color que adquiere algo de vuelo tras el hombro izquierdo. La cara es ovalada, de expresión adusta a juzgar por las arrugas que unen la nariz y la boca, y tiene ojos ovalados, apenas entreabiertos, que son de cristal, apreciándose un corte por detrás para introducirlos. Además de esta intervención, el dorso está muy intervenido con listones de madera añadidos, un fondo rebajado de manera uniforme y una nueva peana. A pesar de la voluntad de movimiento, resulta una imagen estática, con vestiduras ampulosas y gruesas que no logran ligereza, por lo que transmite torpeza y escasa calidad. Pudo labrarse a comienzos del siglo XVII.
Santiago el Mayor [90] (97 x 25 x 23). Madera policromada. Imagen del apóstol sobre una base circular, en disposición frontal y estática. Adelanta la mano derecha hacia el espectador en ademán de empuñar un cayado que ha perdido, mientras la izquierda, más baja, sostiene un libro cerrado. Viste túnica talar de gruesos pliegues blandos que caen verticalmente, y por encima una larga esclavina decorada con dos vieiras que llega hasta las muñecas y se cierra con una tira de tela, manteniendo los brazos sin separarse del cuerpo. Cubre su cabeza con sombrero de ala ancha que incorpora una concha al frente, aunque deja ver la copa redondeada. Los pies están descalzos y torpemente trabajados. El rostro es poco expresivo, introspectivo, con una nariz larga y la barba simplemente pintada. La policromía es de tonos lisos, en pardos. Se trata de una imagen de factura popular, con poca definición; apunta a una sensibilidad barroca, pero extraordinariamente modesta en ejecución, acaso de comienzos del siglo XVII.
San Antonio de Padua [91] (68 x 23 x 21). Madera policromada. Talla del santo en pie, vestido con hábito franciscano, ceñido por una cuerda natural con los característicos nudos alusivos a las llagas de Cristo. Muestra la tonsura monástica y actitud recogida. La figura presenta rostro juvenil de expresión introspectiva y cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, dentro de una composición de movimiento contenido y acusado carácter devocional. Su rostro es fino y dulce, de formato triangular, en el que destaca la nariz de delgado caballete que enlaza con las cejas delineadas con elegante curvatura. Incorpora ojos de cristal y orejas descubiertas con cabellos bien perfilados. Los paños se organizan mediante amplios pliegues blandos y verticales, tratados con simplificación formal. La policromía es austera, en tonos pardo-grisáceos, acorde con la espiritualidad franciscana, aunque algunas lagunas dejan ver que estuvo dorado. Presenta diversas pérdidas de volumen en zonas como las manos, parte de los brazos y los pies, aunque ello no impide apreciar la calidad de la talla, correspondiente a una obra barroca de mediados del siglo XVIII.
San José [92] (79 x 48 x 26). Madera policromada. Imagen del santo en pie, en actitud dinámica, con el brazo derecho extendido y el izquierdo dispuesto para sostener al Niño Jesús sobre unos paños, hoy desaparecido. Viste túnica de tonalidad verdosa y amplio manto rojizo que envuelve el cuerpo mediante grandes pliegues blandos y pesados, tratados con marcado sentido compositivo casi teatral. El rostro presenta facciones suaves y naturalistas, con barba corta, cabello dispuesto en mechones y expresión amable e introspectiva, poco expresivo. La composición revela un lenguaje barroco, dentro de una ejecución modesta, y transitando hacia el neoclasicismo. Hacia el último cuarto del siglo XVIII.
Virgen del Rosario [93] (93 x 34 x 27). Madera y tela policromada. Se presenta la Virgen en pie, en disposición frontal, tendiendo la mano derecha de perfil mientras extiende la palma de la izquierda boca arriba, ésta con algunas faltas. Viste túnica larga que llega hasta los pies, manto cruzado que deja libre el antebrazo derecho y velo que descansa sobre los hombros. Las prendas están trabajadas con tela encolada superpuesta, lo que origina un plegado algo artificioso, otorgando a la imagen un aspecto un tanto masivo. Tal vez se deban a una intervención posterior. El rostro es ovalado, poco expresivo, de ojos grandes, nariz y frente ancha, y está recercado por cabello partido. La policromía es de tintas planas, ocre y azul, sin gracia. Es probable que sea una obra tardobarroca hacia el neoclasicismo, no muy fina, de finales del siglo XVIII.
Cristo yacente [94]. Madera policromada. La obra representa a Cristo inmediatamente después de la Crucifixión, dispuesto sobre el sudario en actitud de reposo mortuorio. La composición muestra el cuerpo tendido longitudinalmente con los brazos alineados junto al torso y las manos dirigidas hacia abajo, mientras las piernas aparecen separadas, reforzando la sensación de abatimiento físico. El anatomismo resulta acusado y de carácter naturalista, destacando la marcada estructura ósea y muscular, especialmente visible en la caja torácica, clavículas y extremidades, rasgos que acentúan la intensidad dramática. El paño de pureza, dispuesto con pliegues ondulantes, introduce un ligero dinamismo compositivo frente a la serenidad del cuerpo exánime. El rostro, inclinado lateralmente, presenta la boca entreabierta y los ojos prácticamente cerrados, transmitiendo el instante final de expiración. La cabellera y la barba, tratadas mediante mechones profundamente incisos, descansan parcialmente sobre la almohada, contribuyendo al efecto de veracidad escénica. La policromía es sobria pero incorpora regueros de sangre, hematomas y huellas de las llagas, reforzando el patetismo. La talla enfatiza el agotamiento físico y el sufrimiento humano, rasgo plenamente acorde con el realismo devocional desarrollado en la imaginería religiosa vasca de la primera mitad del siglo XX. La obra constituye además un ejemplo singular dentro de la producción de José María Garrós Reguant por la combinación entre el tratamiento escultórico de fuerte corporeidad y la intensidad emocional conseguida mediante recursos anatómicos y polícromos31MARTÍN VAQUERO, 2003, p. 257. ZORROZÚA SANTISTEBAN, 2001, p. 126, fig. 229..
Nuestra Señora de la Soledad o Virgen Dolorosa [95]. Madera policromada. La imagen aparece concebida en actitud de recogimiento y plegaria, con las manos unidas al pecho y la mirada elevada, transmitiendo un intenso sentimiento de dolor contenido. Viste amplio manto negro que envuelve casi por completo la figura, reforzando el carácter penitencial de la representación, mientras el rostro presenta un modelado naturalista de acusada expresividad, con ojos elevados, boca entreabierta y facciones idealizadas. La obra responde a un lenguaje realista de tradición académica, propio de la imaginería religiosa vasca de la primera mitad del siglo XX, con influencias de la escultura procesional catalana y levantina. Debe ponerse en relación con el conjunto de pasos procesionales realizados para Lemoa por José María Garrós Reguant. Primera mitad del siglo XX32Ibid..
San Juan [96]. Madera policromada. Escultura del santo como acompañante de la Virgen anterior. Aparece de pie con el rostro juvenil y expresión introspectiva y melancólica. El tratamiento del cabello ondulado, la anatomía estilizada y el modelado suave del semblante evidencian un lenguaje naturalista y academicista, característico de la imaginería religiosa de la primera mitad del siglo XX. La disposición serena de la figura y el refinamiento expresivo del rostro revelan su función dentro de una escenografía devocional vinculada al duelo de la Pasión. La obra se relaciona documental y estilísticamente con el conjunto escultórico realizado para Lemoa por José María Garrós Reguant. Primera mitad del siglo XX33Ibid..
Candeleros (2) [97] (48 x 15 x 15). Madera dorada. Elemento que apoya sobre una base cuadrada y moldurada, que a su vez posa sobre cuatro patas con decoración vegetal de roleos. El soporte arranca de basa ática, sobre la que se dispone un tambor cilíndrico decorado con paños colgantes, y encima va el fuste estriado con marcada éntasis entre molduras convexas. El platillo es cilíndrico, decorado con gallones cóncavos y estrías en su parte inferior, y sobre él se encuentra el mechero, de perfil bulboso sobre toro y escocia, rematado en nueva moldura. Este tipo de candeleros deriva de modelos barrocos franceses e italianos difundidos ampliamente en España durante el siglo XVIII. Sin embargo, la simplificación de los perfiles y cierta rigidez del diseño indican una cronología ya avanzada, cuando los repertorios barrocos sobreviven reinterpretados de manera más sobria. El cuerpo estriado y la proporción vertical recuerdan especialmente producciones de transición entre el barroco final y los primeros lenguajes neoclásicos. Por ello, una cronología razonable sería hacia las primeras décadas del siglo XIX.
Bandeja [98] (35). Latón. Plato circular con decoración grabada a buril de clara inspiración orientalizante. La decoración está enteramente realizada mediante incisión lineal, sin relieve, utilizando un repertorio típico de las artes decorativas de exportación inspiradas en China: ramas con frutos y hojas estilizadas, caracteres pseudochinos o símbolos de longevidad, medallones geométricos circulares y, en el centro, una escena figurativa orientalizante. Esta escena representa a una pareja de damas de rasgos idealizados sentadas en un jardín, una de ellas tañendo un instrumento de cuerda tipo cítara oriental (guzheng o guqin estilizado), junto a una balaustrada, rodeadas de vegetación y motivos florales, evocando las composiciones habituales en las artes suntuarias chinas difundidas en Occidente. En la tradición china, especialmente durante las dinastías Ming y Qing, era muy común representar a mujeres nobles tocando instrumentos de cuerda en pabellones o jardines, como símbolo de refinamiento intelectual y armonía espiritual. Esa iconografía llegó a Europa a través de porcelanas, lacas, grabados y objetos de exportación, y acabó convirtiéndose en un motivo decorativo muy repetido en el siglo XIX y XX. Por el reverso lleva la inscripción “Santa María de Lemona. Vizcaya. Año 1756”, lo que debe interpretarse casi con total seguridad como una inscripción conmemorativa añadida posteriormente, alusiva a la fecha de reedificación de la iglesia, pero no como fecha de fabricación del objeto. A ello se añade la palabra “China” que aparece en el fondo, lo que indica que se trata de un producto de exportación destinado al mercado europeo o americano, ya que las manufacturas chinas para exportación del siglo XIX tardío y, sobre todo, del XX, comenzaron a incorporar marcas de origen para responder a normativas comerciales internacionales. Esto aleja completamente la cronología de 1756. La pieza encaja bien dentro de la producción de objetos decorativos orientales o pseudoorientales importados masivamente durante finales del siglo XIX y, sobre todo, primera mitad del siglo XX.
Bandeja [99] (32,5). Latón. Plato de perfil circular y ala ancha moldurada con borde finamente estriado mediante incisiones radiales. La superficie aparece íntegramente ornamentada siguiendo una composición concéntrica de inspiración orientalizante, organizada mediante cenefas pseudoepigráficas y motivos geométricos y vegetales estilizados. En el ala exterior se desarrolla una banda continua de caracteres que imitan la escritura árabe cúfica, alternándose con elementos lineales y composiciones repetitivas, mientras que el centro se estructura mediante franjas paralelas decoradas con pequeñas flores, roleos y punteados incisos, creando un acusado efecto de horror vacui característico de las artes decorativas islámicas y de sus reinterpretaciones modernas. La pieza responde a modelos orientalistas difundidos ampliamente durante el siglo XX, probablemente dentro de producciones norteafricanas destinadas al mercado decorativo y turístico occidental. La regularidad mecánica del grabado y la simplificación de los motivos indican una manufactura seriada o semiindustrial. En el reverso presenta la inscripción en letras capitales “SANTA MARÍA DE LEMONA (VIZCAYA) 1848”, probablemente de carácter conmemorativo, alusiva a la parroquia y no necesariamente coincidente con la fecha real de ejecución del objeto. Por sus características técnicas y estilísticas, la pieza puede fecharse hacia mediados del siglo XX.
Medallón de indulgencias [100] (19). Bronce. Placa conmemorativa del jubileo dedicado al Corazón de Cristo, del año 1900. El Papa León XIII ordenó realizar en 1901 este medallón para enviarlo a las iglesias. Fue diseñado por Edoardo Collamarini (1864-1928) y bendecido por el Papa. La transcripción del texto del medallón dentro de la cruz y en los cuatro cuadrantes, dice: “Jesus Christus Deus homo vivit regant imperat MCMI” (Jesucristo, Dios y hombre, vive, reina e impera, 1901). En la orla exterior, empezando por abajo se lee: “Osculantibus crucem hanc in ecclesiam positam et recitantibus Pater indulgentia 100 dierum semel in die” (100 días de indulgencia, una vez al día para aquellos que besen esta cruz ubicada en esta iglesia y recen un Padre Nuestro).
MRV - RCL
María Romano Vallejo – Raquel Cilla López
10. Ibidem.1756
11. Ibidem.1 de marzo de 1762. Realizada por el cantero Joseph Ardanza
12. Ibidem. 3 de Mayo de 1763
13. Ibidem. 10 de Noviembre de 1789. Se pagaron 55 reales por el trabajo
14. Ibidem. En estos años se pagaron a Juan Esteban de Barrenechea tres plazos de 3.828 reales por diversos arreglos que realizó en el templo
22. ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003, pp. 140-141.
ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003, p. 150.
ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003, p. 150.
25. CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 376, vol. 2, nº689.
CILLA LÓPEZ, Raquel. Investigación y puesta en valor de la platería antigua en
Bizkaia. Vitoria-Gasteiz: Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia, 2022, 4
vols. (Kultura Ondarearen Ikerketak bilduma, nº4). Disponible en https://www.euskadi.eus/publicaciones-patrimonio-cultural/web01-a2kulonz/es/
26. BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, p. 126.
BARRIO LOZA, José Ángel (dir.), MOLINUEVO ZABALLA, María, y ROMANO VALLEJO, María. Bizkaiko kanpaiak / Campanas de Bizkaia. Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia – Kultura Sailak / Diputación Foral de Bizkaia – Departamento de Cultura, 2005. (Colección Inventarios, nº12). Disponible en https://www.bizkaia.eus/Kultura/kanpaiak/index.asp?idioma=CA
31. MARTÍN VAQUERO, 2003, p. 257.
ZORROZÚA SANTISTEBAN, 2001, p. 126, fig. 229.
33. Ibid.