IGLESIA DE LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA (Santa María)
Arratia
Zeanuri / Bº Albakoa
Folleto
Albakoa, s/n (48144)
p.andramari.zeanuri@bizkeliza.org
Su planta [3] [4] rectangular se divide en tres naves, la central superando en altura y duplicando ampliamente en anchura a las laterales [5] [6]. Son de cuatro tramos con cabecera ligeramente ochavada de tres paños rematando la calle mayor.
A este esquema se añaden diversos elementos, como las capillas de las Ánimas y la Inmaculada, que crean una ficción de crucero a la altura del segundo tramo, la torre a los pies, el pórtico en tres de sus caras y varias estancias en torno al primer tramo y la cabecera.
El espacio [7] [8] interior está dominado por la nave central. Las laterales, pese a alzarse casi hasta la misma altura que la mayor, quedan visualmente marginadas debido a su estrechez. Además, el rebaje de fajones y formeros del pasillo central intensifica la sensación de anchura de éste.
El volumen exterior [9] es, lógicamente, oblongo, aunque contrastado por el voluminoso fuste de la torre.
El aparejo [10] es de mampuesto de formato variado (piedra menuda, lajas, piezas parcialmente recuadradas…), más irregular en la parte alta de los muros. El rejuntado da cierta uniformidad a esta mampostería. Se refuerza como es habitual con sillería en las cantoneras de los vanos y en los esquinales. Sólo se cierran íntegramente con sillares la parte inferior del hastial de los pies en la parte correspondiente a la nave Evangelio (norte), resto de la obra renacentista [11], y el primer cuerpo de la torre.
En los muros pueden verse piezas reaprovechadas de fábricas anteriores: restos de un arco abocelado, sillares dispersos [12] [13]. Dado su fragmentario estado es difícil otorgarles una cronología o un estilo, aunque en cualquier caso parecen corresponder a una obra medieval.
Todo el perímetro del templo fue ligeramente realzado alrededor de medio metro como consecuencia de las últimas obras de restauración (1994-2000).
Al interior toda esta fábrica aparece raseada en blanco, excepto los elementos estructurales y recercos de vanos. Un pequeño zócalo de piedra recorre todo el perímetro interno del edificio.
Los soportes [14] son pilares cruciformes toscanos y pilastras adosadas a los muros, en todos los casos de sillería. Algunos de estos pilares han perdido ligeramente la verticalidad debido a los problemas de asentamiento padecidos por el templo a lo largo de su historia.
Las pilastras aparecen flanqueadas por placas colgantes lisas, que se hacen rinconeras en los ángulos [15], y que nos recuerdan las de algunos templos durangueses, como Santa María de Uribarri y San Agustín. En las pilastras que sustentan el arco toral los toros de la basa se adaptaban a la inclinación de las gradas de acceso al ábside, aunque actualmente están tan repicados que resulta casi imperceptible [16].
Los contrafuertes externos [17] son paralelepipédicos, de gran salida que, tras una deja a unos tres metros de altura, se elevaban hasta el nivel del tejado, que se prolongaba para protegerlos con unos faldoncillos. Pero tras el realce de los muros hoy se cubren con un enchapado.
Los machones extremos, tanto hacia los pies como hacia la cabecera [18], son de menor salida y más anchos. Además, superan los ángulos del tempo, envolviendo las esquinas, convirtiéndose en una suerte de contrafuertes diagonales.
La cubierta se resuelve a base de bóvedas [7] [8] sobre arcos generatrices rebajados en la nave central y de medio punto en las laterales.
La capilla mayor lleva bóveda [19] de crucería con terceletes con ligaduras y tres claves. Los nervios se adelgazan en sucesivos rebajes listelados, con remate en bocel y frente recto. Las claves son lisas, con perforación para postizos desaparecidos.
En el primer tramo [20] la crucería octopartita se complica en la calle central con terceletes y ligaduras en todas las direcciones, además de contraterceletes transversales. Los nervios y las siete claves son similares a las descritas.
En los otros tres tramos de la nave mayor se utiliza crucería simple [21]. Imita modelos góticos, con bocelillo fileteado al frente de los nervios.
En las naves laterales el primer tramo es para crucería octopartita y en el resto las bóvedas son de lunetos [22].
Por encima de estas bóvedas se asienta un amplio tejado a dos aguas sobre estructura de parhilera y con cola de milano sobre el ábside [23].
Se ilumina la iglesia mediante un grupo de ventanas [24] más bien pequeñas, casi todas adinteladas y de doble derrame. En concreto, se abren sendos vanos en los ochavos del presbiterio –el del norte reciente–, uno en cada tramo al lado Epístola, incluida la capilla de la Inmaculada, y dos a los pies de las naves laterales. Hay además algunos óculos: uno en el primer tramo del Evangelio, contemporáneo, y dos más en los paños de remate de las naves laterales, hoy tapiados y sólo apreciables desde el exterior [18] [25]. Finalmente, en la cabecera, oculto tras el retablo y semitapiado al exterior, un vano en medio punto [26] que servía a un transparente hoy desaparecido y que, por la diferente talla de sus sillares, pudo ser en origen otro óculo.
Los accesos son tres. Dos de ellos se abren en el tercer tramo, enfrentados. El de la cara norte [27] es un arco de medio punto de dovelaje de gran radio y cuya clave aparece ligeramente apuntada en el intradós. El de la fachada sur [28] es idéntico, pero sin el apuntamiento externo de la clave, aunque esta dovela parece haber sido sustituida al colocar sobre la entrada una placa para inscripción. Ambos tienen cañón escarzano en el que se conservan quicios y huecos para una tranca. Al exterior, a cada lado, sendas aguabenditeras [29] de gallones sobre ménsula cilíndrica y encima pantalla para cruz definida por gran bocel mixtilíneo. Como decíamos sobre el acceso sur hay una placa [30] con una inscripción:
IHS MARIA / SIENDO PATRONOS DESTA SAN/TA IGLESIA DON THOMAS IGNA/ZIO DE ARRIOLA Y AXPE I DOÑA MA/RIA JOSEPHA DE ARANA EXE/CVTO ESTA OBRA MARTIN DE O/LAGVIBEL MAESTRO CANTERO / AÑO DE 1702.
El tercer ingreso se sitúa a los pies, bajo la torre pórtico [31]. Es en dintel adovelado, con recerco de orejas. El cañón es escarzano en talud, también de orejetas. Lleva dos aguabenditeras [32] similares a las de los otros accesos, aunque con la ménsula inferior cónica. Ha desaparecido un medallón pintado encima del acceso que lucía el anagrama de María y la fecha 1751 [33].
Entre los contrafuertes del segundo tramo se abren dos capillas bajas, casi a modo de crucero: las de las Ánimas (lado Evangelio) [34] y la Inmaculada (lado Epístola) [35], ésta algo más profunda. Ambas embocan con arcos rebajados sobre pilastras con placa capitel que se prolonga por todo el perímetro del espacio. Se cubren con lunetos. En la de las Ánimas una de las paredes presenta una hornacina [36] que será el antiguo archivo. Sobre la ventana de la de la Inmaculada, al exterior, aparece empotrada en el muro una clave de bóveda reutilizada [9] [37], seguramente de principios del siglo XVI: Cristo entronizado bendiciendo, de talla tardogótica muy popular.
A poniente se halla el coro [38]. Es en realidad un amplio arco de medio punto de perfil cóncavo-convexo, que ilumina el primer suelo de la torre, que es el que hace propiamente las veces de coro. Se adelanta ligeramente hacia la nave central sobre una aparatosa moldura convexo-cóncava. Se accede a él a través de una escalera [39] adosada al ángulo suroeste del templo, con balaustres torneados de madera.
Como se ha indicado, al centro del hastial de los pies se adosa la torre [40], conformada por un sólido mástil telescópico de dos cuerpos y campanario. El primero de estos cuerpos, aparejado en sillería, hace de pórtico ochavado asentado todo sobre cuatro potentes pilares. Los arcos de paso [41] son de roscas apuntadas que arrancan de una cornisa fileteada. Se cubre [42] con crucería de terceletes con ligaduras y polo circular, luciendo cinco claves de rosetas, cuatro de ellas convexas y la central cóncava. Los nervios mayores caen en molduras rectas que chorrean por debajo de la cornisa en placas recortadas, siguiendo modelos similares a los utilizados en el interior del templo.
Ya en el segundo cuerpo, en mampostería, la primera sala sirve de coro, como va dicho. Se ilumina con un gran vano a poniente, adintelado, escarzano al interior, recercado con moldura de orejetas [43]. Se cubre con bóveda de aristas. Más arriba un segundo suelo, iluminado por una ventanita adintelada al sur, no sirve más que de cómoda subida a la torre y a la sobrebóveda a través de un paso en medio punto [44] en origen de poca altura pero que ha sido ampliado hacia abajo.
Una resuelta moldura lisa da paso al cuerpo de campanas [45]. Es ochavado, con recuadros en los puntos cardinales para arcos de medio punto con impostas de placa. Una nueva moldura recta sirve de arranque a la cúpula, reforzada con costillas, y a pináculos de doble esfera en los ejes de los ochavos. Remata todo ello en una linternita redonda con ocho vanitos de medio punto enmarcados por pilastras con volutas, con bola y cruz de hierro muy llamativas.
Se accede a esta torre a través de un portillo [11] en el extremo norte del muro de los pies, dando paso a una escalera de tramo recto muy pendiente con escalones de piedra que enlaza con un husillo helicoidal de nabo recto [46] manifestado al exterior sólo parcialmente [47]. Todo este trayecto se ilumina mediante varias aspilleras. El caracol desemboca en la segunda sala a partir del cual se asciende al cuerpo de campanas por una escalera.
La cabecera está rodeada de dependencias accesorias [48]: sacristía, catequesis, almacenes… Construidas en diversos momentos, como reflejan las costuras de sus muros, debieron adquirir su disposición actual a principios del siglo XX, cuando sus ventanas fueron convertidas en vanos apuntados [49]. Signo de los vaivenes de los gustos, a fines de la misma centuria casi todas volverían a adintelarse.
Comunican con el templo mediante accesos adintelados muy intervenidos en el ochavo y en el primer tramo del Evangelio (éste era en origen en medio punto y de mayores dimensiones que en la actualidad [50]). Hay un tercer paso [51] adintelado en el muro de cabecera del lado Evangelio, hoy cegado por el retablo de la Inmaculada.
Cerrando los flancos y los pies del templo discurre el pórtico [52]. Va enlosado en su mayor parte con piezas cuadrangulares de tamaño irregular, mejor acabadas las situadas bajo la torre. Tras la capilla de la Inmaculada hay encachado de canto y ladrillo entre losas, unas blancas y otras negras [53] (que al menos en parte parecen ser trozos de tapas de los antiguos enterramientos interiores), mientras tras la capilla de las Ánimas es un enlosado irregular reciente.
Lo cierra un murete de mampostería enchapado, con banco corrido a poniente y parte de los lados. Se abre en dos puntos, al sur frente al acceso y al norte coincidiendo con el cuarto tramo (por tanto, desviado con respecto al ingreso). Sobre la tapia, pies derechos reforzados por jabalcones sustentan la tejavana. En el muro del templo sirven de apoyos unas ménsulas irregulares (también presentes en el testero, hoy dentro de las dependencias accesorias). Anteriormente hubo otro pórtico, ya que el perímetro de la iglesia está recorrido por un vierteaguas [54] que debió de proteger un tejadillo algo más alto que el actual.
Según Iturriza, la iglesia de Zeanuri fue fundada en el siglo X por los labradores censuarios –collazos del señor de Bizkaia– de la zona. Podría ser, dada la temprana organización eclesiástica de la comarca, pero lo cierto es que ningún dato lo respalda. De hecho, la primera noticia documental sobre el templo se retrasa hasta 1383, fecha en la que aparece incluido entre los de patronato realengo1ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, vol. I, p. 337. ENRÍQUEZ FERNÁNDEZ, HIDALGO DE CISNEROS AMESTOY, et al, 1992a, pp. 75-77..
No sabemos nada sobre el aspecto de aquella iglesia medieval. Tal vez algunos de los restos reaprovechados en sus muros corresponderán con ella, pero son tan parcos que no nos permiten aventurar nada.
Pero, como tantas del señorío, la parroquia de Zeanuri fue reconstruida a principios del siglo XVI. De la nueva fábrica renacentista se conservan los accesos laterales y gran parte del hastial de los pies, que acoge el husillo de la torre, y es posible que buena parte del arranque de los muros perimetrales se remonte también a aquel momento. Además, debió de abovedarse cuando menos la cabecera y parte del buque, lo que explica la supervivencia de los nervios abocelados recorridos por filetillos, de estirpe gótica y la clave reaprovechada sobre una de las ventanas.
El nuevo edificio, con todo, no debía ser muy resistente, y para mediados del XVI las paredes empezaron a resquebrajarse. En 1616 el patrón, Martín de Axpe e Iráuregui, aseguraba que, aunque los muros se habían resquebrajado hacía ya más de 60 años (hacia 1556, por tanto), el templo se había asegurado suficientemente con postes. Pero tres años más tarde el informe del perito nombrado por el corregidor, el arquitecto cántabro Francisco Alonso de la Aza, era menos optimista: la parroquia estaba
“mui mal parada y las paredes endidas por muchas partes y apuntaladas con unos postes fuertes y si no fuesse por ellos avria ruyna y darian todas las paredes en el suelo consigo… Y en quanto a las paredes declaro que es menester desazer todas las que estan endidas y apuntaladas y edificar una capilla mayor con sus colaterales sacando del sitio en que agora esta el altar mayor porque esta en un despeñadero y que esta edificado y por ello estan las paredes en aquella parte en la forma dicha y para que sea firme lo que se edificare es nezesario azer el dicho ochabo apartado del dicho despañadero y considerando el sitio y la veçindad materiales y lo demas conçerniente al dicho edifiçio declaro que costara quatro mill ducados antes mas que menos”2AGS, Patronato Eclesiástico, leg. 200-2, fols. 125-129..
Estas palabras podrían hacer pensar que el ábside del templo estaba más próximo que en la actualidad al “despeñadero” –la fuerte caída del terreno a sus pies–. Pero lo cierto es que la supervivencia de parte de la iglesia levantada en el XVI nos indica que el edificio ni se ha movido ni ha cambiado de disposición. Si acaso, podría haberse alargado hacia el este –la cabecera– para alejar el presbiterio de la caída de la ladera.
En cualquier caso, queda claro que la situación era grave, e importante la inversión a realizar. Y a esto había que añadir que
“la torre de las canpanas es de tablas viejas y no es de provecho… (y) hes menester reformarla, aunque si es posible conbiene se aga una torrecilla aunque sea de manposteria que podra costar quinientos ducados. Y si se determina de rrepararla (la existente de madera) solo costara çiento y çinquenta ducados, pero al cabo no ser de probecho, que lo adbierto”3Ibid..
Desconocemos cómo se solventaron estas necesidades, aparentemente urgentes, del templo. El hecho es que su reconstrucción sólo se acometió después de que en 1701 el visitador ordenara un pago al maestro cantero Martín de Olaguíbel, de Durango, pago que se realizaba en 1702, fecha que debió suponer el arranque de las obras, como reza la placa situada sobre uno de los accesos. Los trabajos pudieron extenderse quizás hasta 1720, según una confusa noticia de Iturriza4AHEB-BEHA, Santiago Apóstol (de Ipiñaburu), Zeanuri, Cuentas de la ermita de Santa Águeda (de Muniqueta), 1675-1976, sign. 1788-002-00. ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, vol. I, p. 337.. El encargado de las obras –aunque no necesariamente el tracista– fue el citado Olaguíbel, que dejó su huella en las características placas que flanquean las pilastras.
Su trabajo debió de consistir en realzar los muros, abrir las capillas y disponer el sistema de soportes –pilares y pilastras– sobre los que voltear las nuevas bóvedas. Como se ha dicho, se reaprovechó al menos parte del cajón original, así como los dos accesos.
Además, debió de encargarse también de reabovedar el ábside y el primer tramo, usando las nervaduras góticas del siglo XVI.
Pero después las obras sufrieron un parón de casi un cuarto de siglo. Entre 1744 y 1748 el maestro cantero Juan de Borda recibió 16.527 reales por su labor en torre y bóvedas (hay que suponer que en los tramos inferiores, imitando los modelos góticos)5BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Zeanuri, sign. Zeanuri 0202/001. IBARRONDO SAGASTIZABAL, 1995a, pp. 207-208..
Desde 1749 hasta 1754 a Borda –fallecido– le sucedió en los cobros Francisco de Ibarrola, al que se entregaron 28.457 reales. Éste sería el constructor de la torre, incluido el acceso que acoge en su pórtico, que una perdida inscripción fechaba en 17516BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Zeanuri, sign. Zeanuri 0202/001. IBARRONDO SAGASTIZABAL, 1995, p. 208..
En 1747 y 1753 Ignacio de Ybero “bino a tasar la obra de la yglesia”, primero la parte de Borda y después la de Ibarrola, cobrando por ello 150 y 153 reales respectivamente7BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Zeanuri, sign. Zeanuri 0202/001..
Las cifras satisfechas eran de cierta importancia para una modesta anteiglesia, que de hecho tuvo que endeudarse, no acabando de devolver el capital solicitado hasta 1813, más de medio siglo después de acabados los trabajos8Ibid., sign. Zeanuri 0108/025..
También por entonces debió añadirse una sacristía en la zona de la cabecera, a juzgar por los herrajes de algunas de las ventanas, idénticos a los de la torre.
La iglesia quedaba ya definida. Pero el complicado asentamiento del edificio obligaría a frecuentes intervenciones, algunas de entidad.
Ya el 26 de diciembre de 1825, durante la celebración de la misa
“se desprendio y cayó una porcion de revoque de la bobeda que se apoya en el arco de la entrada a la capilla de las Animas, cuyo acontecimiento asustó notablemente y comobio al pueblo, que se hallaba adorando el Santo Sacrificio”9Ibid., sign. Zeanuri 0109/021..
Se consultó con los arquitectos de la Real Academia de San Fernando Manuel Ángel de Chávarri y Antonio de Echevarría, que concluyeron que “el estado de la yglesia no es ruinoso ni ofrecen peligro las rajaduras de las bobedas y paredes al presente”, proponiendo el revoque de los desperfectos y algunos trabajos menores. Pero para que “pueda contenerse el mal” diseñaron “dos estribos que se executaran en los dos angulos de la fachada del poniente que son laterales a la torre”10Ibid.. Ésta fue el origen de los dos atípicos contrafuertes de los pies, que fueron también replicados en la cabecera.
En 1846-1847 los arquitectos Antonio de Echevarría y Pedro Luis de Bengoechea (éste vecino del propio Zeanuri) se encargaban de las obras “precisas para subsistencia de dicha yglesia”. Participaron en ellas los canteros Mateo de Letona, Ramón y Julián de Lucundis, Juan de Iraurgui, Damián y Agustín de Zuloaga, y los carpinteros Mateo de Garay y Mariano de Apoita. El coste ascendió a 1.908 reales para los arquitectos y más de 6.000 para los artífices11Ibid., sign. Zeanuri 0107/020..
Pero un par de décadas más tarde, en 1866, un informe de los arquitectos Luis de Arauco y Atanasio de Anduiza señalaba que era urgente reparar las grietas que habían aparecido en
“los cimientos de las paredes exteriores entre los estribos, la del presbiterio, las de los pórticos, las dos dovelas de los arcos, la armadura del tejado, las paredes que descansan sobre el trasdós de los arcos y la que se encuentra en la escalera de caracol”.
La situación obligó a cerrar la iglesia y trasladar el culto al comulgatorio (englobado en las dependencias de la cabecera, para entonces ya construidas) y más tarde a la ermita de San Isidro.
Las necesarias obras se retrasaron considerablemente: sólo el 27 de mayo de 1867 concedía la pertinente licencia el Obispado de Vitoria. Por fin el 14 de octubre de 1868 los arquitectos declaraban que
“con las nuevas obras de paredes, transformación del tejado y compostura minuciosa de las bóvedas, han desaparecido todos los temores que amenazaban en el templo”.
La obra se había presupuestado en 52.206 reales, pero su coste final ascendió nada menos que a 100.638 reales12Ibid., sign. Zeanuri 0109/030..
A lo largo de este complicado siglo XIX se modificó completamente la actual sacristía y se añadieron las restantes estancias en torno a la cabecera –aunque como hemos indicado se reaprovecharon algunos herrajes de las ventanas y probablemente algunos paños de muro–. Pero la información documental al respecto es poco precisa, y no resulta fácil atribuir las noticias a intervenciones concretas. Sabemos que en 1865 Bengoechea proyectaba “un cuarto en el pórtico de la iglesia… en reemplazo del que antes existía (pero) de mayores dimensiones y se destino á comulgatorio”, cuyo coste se estimó en 865,5 reales. Dos décadas más tarde, en 1886, se realizaban obras por valor de más de 10.000 reales en ese comulgatorio13Ibid., sign. Zeanuri 0107/024. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora, Zeanuri, Libro de cuentas, 1862-1927, sign. 7837/002-00..
Ya en el siglo XX, en 1913 se añadía la aparatosa moldura que soporta el vuelo del coro así como su balaustrada. Poco después, en 1919, el templo sufrió un incendio que obligó a cerrarlo durante más de dos años –de nuevo San Isidro fue el templo alternativo– y a intervenir en bóveda y torre, intervención durante la que se abrieron las ventanas del lado norte y probablemente se transformaron en ojivales las del conglomerado de estancias en torno a la cabecera14Ibid..
Y siguieron los problemas estructurales. En 1935 hubo nuevas obras, dirigidas por el arquitecto diocesano Pedro de Asua, “para afianzar la bóveda [del primer tramo] resentida, a consecuencia de un arco rebajado” [55]. El coste fue de 13.921,22 pesetas15AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora, Zeanuri, Papeles varios, sign. 1775/000-00..
Las grietas en la bóveda se repitieron en 1955, aunque con un menor coste de reparación: 3.165 pesetas16Ibid..
Finalmente, tras varias obras menores, en 1994 la iglesia fue cerrada para proceder primero a reforzar el terreno y después a restaurar íntegramente el templo –incluido el adintelamiento de algunas ventanas ojivales de las estancias tras la cabecera– y la mayor parte de su mobiliario. Las obras se prolongaron hasta 1999, superando los 100.000.000 de pesetas17ACOB-KBGA, Expediente de obras sobre las reparaciones en el templo de la parroquia La Asunción de Nuestra Señora Zeanuri, 1971-1977, sign. D2-0142/029; Expediente de obras sobre el arreglo de la torre y la cubierta del templo de la parroquia La Asunción de Nuestra Señora Zeanuri, 1982, sign. D2-0143/003; Expediente de obras sobre el proyecto de refuerzo del templo de la parroquia La Asunción de Nuestra Señora de Zeanuri, 1996, sign. D1-0233/009; Expediente de obras sobre el proyecto de refuerzo del templo de la parroquia La Asunción de Nuestra Señora de Zeanuri, 1996, sign. D1-0234/001..
Como dato curioso de la biografía de este templo, hay que señalar que en algunas ocasiones se ha planteado su sustitución por otro en una ubicación más cercana al núcleo central de Zeanuri.
Ya hemos indicado que en 1866 fue preciso cerrar la iglesia por su estado ruinoso y trasladar el culto al comulgatorio. Pero, al resultar éste muy pequeño, una junta integrada por 185 feligreses (la práctica totalidad de los vecinos, si consideramos un representante por familia) decidió construir un templo provisional, al parecer en un terreno próximo a la parroquia. Sin embargo, un grupo reducido de “disidentes” –7 vecinos– optaron por otro lugar “al lado de sus casas”, construyendo la que hoy es la ermita de San Isidro, que obtuvo el plácet del Obispado de Vitoria, en el que entonces se englobaba el territorio de Bizkaia. Aunque finalmente, tras su recuperación, el culto volvió al viejo templo parroquial18AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora, Zeanuri, Libro de cuentas, 1862-1927, sign. 7837/002-00. BFAH-AHFB, Administración de Bizkaia, Régimen municipal y urbanismo, sign. AR00127/008..
Posteriormente, tras el incendio de 1919, una junta nombrada por el obispo de Vitoria encargó al ingeniero Ignacio Rotaeche, residente en Bilbao pero que pasaba grandes temporadas en Zeanuri, un informe sobre la “construcción, emplazamiento, etc., de una nueva parroquia”19AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora, Zeanuri, Papeles varios, sign. 1775/000-00..
Rotaeche fue más lejos de lo que se le había pedido, y en abril de 1921 presentó de hecho un proyecto completo para un nuevo templo, incluidos planos [56] [57] [58] [59] [60] [61]. Su propuesta repetía en buena medida el modelo de la iglesia vieja: tres naves escalonadas, cuatro tramos más cabecera –en este caso cuadrangular, no ochavada– y capillas a modo de crucero en el segundo tramo. Pero introducía elementos nuevos, como unas tribunas sobre las naves laterales, que asomaban a la central mediante parejas de arcos de medio punto, muy similares a las de los templos del Sagrado Corazón (“la Residencia”) y San José de la Montaña, ambos en Bilbao y que Rotaeche citaba expresamente en su extenso informe adjunto. También cambiaba la ubicación de la torre, que pasaba a un ángulo. El estilo adoptado era el neorrománico, que consideraba adecuado estéticamente y a la vez económico por su “sobriedad de decoración y sencillez”. El presupuesto era de 225.568,50 pesetas –cifra importante para la época–.
Curiosamente, y aunque no se refería a ella en su estudio, ofrecía una segunda opción de planta [62], de seis tramos y cabecera ochavada con tramo recto.
Pero ninguno de los dos proyectos prosperó.
La iglesia de Santa María de Zeanuri es un templo grande resuelto a unos niveles bastante dignos. Con sus tres naves y sus bóvedas nervadas resulta una construcción potente, máxime en un municipio de feligresía no muy grande. Además, hay que encomiar la conservación de algunos elementos gótico-renacentistas (husillo, accesos, algunas nervaduras de bóvedas) o su imitación (bóvedas de los tramos inferiores), entroncando así con las tradicionalistas maneras de la arquitectura vizcaína.
Quizás su volumen resulta excesivamente apaisado, aspecto acentuado por los múltiples tejados –cuerpo, pórtico, dependencias accesorias–. Por su parte, la torre es muy compacta, aunque sin duda esto es debido a su función como estribo sobre la cuesta.
MOBILIARIO
Retablística
El retablo mayor20ZORROZUA SANTISTEBAN, 2001b, pp. 819-825. MUÑIZ PETRALANDA, 2011a, pp. 45, 94, 301. APRAIZ SAHAGÚN, MARTÍNEZ MATIA, et al, 2021. [63], que ocupa todo el testero, es una compleja recomposición de varios retablos, lo que explica la combinación en él de elementos de diversas cronologías y estilos.
Desarrollado en un solo plano, se compone de zócalo, banco, tres pisos y ático. Los pisos acogen siete calles –reducidas a cinco en el último–entre pilastras, rebajadas y con marcos vegetales, frenteadas por columnas salomónicas compuestas cargadas de parras con uvas y hojas –en los extremos faltan estas columnas– [64].
Zócalo y banco siguen, sin embargo, una estructura diferente.
Así, el primero [65] va flanqueado por dos ménsulas decoradas con sendos tenantes, y los otros soportes son plintos con rectángulos encadenados. Y en el banco [66] se definen los ejes mediante pilastras de notable salida que al frente y los lados presentan hornacinas aveneradas sobre mensulillas variadas (cabecitas de ángel, putti, personajes femeninos…). En los entrepaños superiores e inferiores hay armas, querubines, paños cargados de frutas, cueros recortados, calaveras, cuerpos mutilados, espejos, etc. Por el contrario, en los entrepaños de los paneles se utilizan exclusivamente querubines de alas extendidas. Los extremos se completan con unos arbotantes [67] invertidos plenos de hojarasca y frutos, que se corresponden estilística y cronológicamente con los pisos.
Las casas, planas para relieves salvo una, quedan todas enmarcadas en hojarasca, con tambanillos de plásticas tarjetas vegetales que resultan más discretas en las casas mayores. Estas ocupan una calle más ancha y algo diferente que las demás [68]: en el primer piso se enmarca entre paneles verticales con profusa y agitada vegetación, en el segundo –la única excavada en profundidad– por un medio punto con enjutas muy frondosas y florones al intradós; el tercero y ático vuelven a los paneles con agitada vegetación, esta vez más anchos. Estos tercer piso y ático se cierran en arco para adaptarse a la bóveda, ocupándose sus espacios curvos a base de abundante y carnosa fronda y, arriba, flanqueando la casa central, dos espejos [69] [70] ovalados en los que se han grabado paisajes (roquedo, árboles y una iglesia). El remate general es de hojarasca.
Esta estructura responde a dos momentos diferentes: el zócalo y banco son manieristas, de hacia 1570, mientras que toda la parte superior (calles y ático) es obra barroca, de hacia 1710, pero que en su silueta repite un esquema muy antiguo, renacentista, similar por ejemplo al de San Agustín de Etxebarria (Elorrio).
La iconografía es muy variada tanto en su tipología como en su cronología. En el zócalo ya hemos mencionado a los robustos tenantes (0,80). Junto a ellos, en los paños, cartelas ovoides de cueros retorcidos (0,74 x 0,59) acogen bustos de mujer y hombre [71] [72], ambos sugestivamente caracterizados como romanos; se trata de unos interesantes relieves que tal vez representen a los patronos que donaron el retablo, en los que es mejor el espíritu que la realización material.
Como se ha dicho las pilastras del banco están cubiertas de hornacinas (0,45) que acogen imágenes de un santo franciscano (¿San Francisco de Asís?) [73], San Lucas [74], San Ambrosio o San Agustín [75], San Pablo Ermitaño [76], San Marcos [77], la Esperanza [78], San Juan Bautista [79], San Jerónimo [80], santo no identificado [81], San Gregorio [82], Virgen con el Niño y San Juan Bautista niño [83], San Agustín o San Ambrosio [84], la Fe [85], San Mateo [86], la Templanza [87], la Fortaleza [88], San Juan Evangelista [89] y San Antonio [90]. Como puede verse, las imágenes forman grupos (Evangelistas, Virtudes, Padres de la Iglesia), aunque algunos están incompletos, mientras otros personajes aparecen un tanto descontextualizados (Virgen), lo que induce a pensar que el retablo contó originalmente con un mayor número de imágenes, hoy perdidas.
Entre ellas, las calles acogen paneles (0,85 x 0,69) con relieves de los Desposorios [91], la Anunciación [92], la Visitación [93] y la Natividad [94]. Al centro unos ángeles portando velas dispuestos simétricamente flanquean sagrario del siglo XX pero que imita con absoluta fidelidad modelos barrocos [95].
Como el zócalo y banco, estas imágenes corresponden a un retablo de hacia 1570, con algunos rasgos del renacimiento manierista y otros próximos ya al romanismo. Los bultos son de aceptable calidad, mientras los relieves son más torpes, especialmente en su composición, aunque se ven alegrados por ciertos detalles pintoresquistas.
En los cuerpos superiores el retablo lleva pinturas, que en las calles extremas son dos por casa con grupos de tres personajes, algunos de difícil identificación. A la izquierda, de abajo a arriba, [96] San Pablo, San Andrés y San Pedro; sobre ellos, [97] Santiago el Mayor, Santo Tomás y San Judas Tadeo; arriba [98], San Simón, San Bartolomé y San Mateo; finalmente [99], Santiago el Menor, San Felipe y San Juan Evangelista.
A la derecha [100] Santa Lucía, Santa Águeda y Santa Inés; encima [101] Santa con palma de martirio, Santa Apolonia y Santa Catalina; en el panel superior [102] santa indeterminada, Santa Dorotea y Santa Clara de Asís; sobre ellas [103] María Magdalena, santa indeterminada y Santa Engracia.
Las restantes casas –salvo la de la talla de la Andra Mari (Virgen con el Niño)– son para lienzos con escenas: de izquierda a derecha y de abajo a arriba San Joaquín y Santa Ana (Abrazo ante la puerta dorada) [104], los Desposorios [105], la Anunciación [106], la Circuncisión [107], la Natividad [108], la Adoración de los Reyes o Epifanía [109], la Huida a Egipto [110], la Presentación en el templo [111], la Visitación [112], Cristo camino del Calvario con la Verónica [113], Jesús entre los doctores [114], la Asunción-Coronación de la Virgen [115], la Matanza de los inocentes [116], el Prendimiento [117] y, ya en el ático, un Calvario [118]. Es decir, se desarrollan los ciclos del Nacimiento, Infancia y Pasión de Cristo, con un par de alusiones a la Virgen, aunque las pinturas siguen una secuencia bastante desordenada.
El Prendimiento y el Cristo camino del Calvario con la Verónica son lienzos barrocos de hacia 1700, no malos, imitando obras de Luca Giordano. Pero el resto son tablas tardogóticas21SÁENZ PASCUAL, 2001a, p. 163., lo que nos hace suponer que debió de existir otro retablo anterior al renacentista.
Además, estas pinturas responden claramente al menos a dos manos. Por un lado, las tablas laterales, con los grupos de tres santas o santos, son herederas del gótico internacional de un siglo XV final, con sus fondos dorados y rallados, los nimbos en relieve, la detallada indumentaria, la simplicidad de los colores… Pero el resto de las pinturas responden a otra mano, quizás incluso a dos diferentes. En efecto, el estilo es más avanzado, de influencia flamenca, si bien en algunas de las tablas parece percibirse un aire más italianizante –¿un tercer pintor?–. En cualquier caso, todas ellas parecen algo más modernas que los tríos de bustos, llegando quizás hasta 1525.
Volviendo a las tallas, preside el retablo una Andra Mari (Virgen con el Niño) [119] también tardogótica, de hacia 1525. Una imagen de vestiduras de pliegues abundantes, delicado tratamiento de rostro y cabellos y naturalidad en el gesto del dinámico Niño22MUÑIZ PETRALANDA, 2011a, pp. 94, 301..
Como se puede apreciar, este retablo mayor ha conocido una historia compleja. Debió de existir una obra de principios del XVI, coincidente con la refacción del templo, a la que corresponden las pinturas (aunque como hemos visto parte de ellas parecen incluso anteriores). Hacia 1570 aquella estructura sería sustituida por un retablo manierista de calidad modesta, a juzgar por los bultos y relieves, del que nos quedan zócalo y banco y que reutilizaría los lienzos del retablo anterior. Finalmente, en torno a 1710, correspondiendo con la nueva reconstrucción de la iglesia, se alzó la mazonería actual, de cierta calidad, y se realizaron algunos nuevos lienzos, pero siempre reaprovechando materiales preexistentes, aunque estos fueron recolocados de forma desordenada.
Como remate anecdótico, en 1955 se pagaba a los escultores vitorianos José Marín Bosque y José López Goicolea 47.500 pesetas por el sagrario, tabernáculo, grada y mesa del retablo mayor. Los mismos cobraron, además, 15.000 pesetas por la limpieza y restauración del retablo mayor23MUÑIZ PETRALANDA, Jesús. Reflejos de Flandes. La escultura mueble tardogótica en Bizkaia. Bilbao: Museo Diocesano de Arte Sacro, 2011. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora, Zeanuri, Papeles varios 15..
La consecuencia de esta acumulación de elementos es una obra de diseño confuso. Si su mazonería es claramente barroca en los detalles formales, el absoluto predominio de la pintura sobre el bulto y la aceptación del número de calles impuesto por el banco manierista han dado como resultado un retablo-viñeta donde los aspectos descriptivos dominan rotundamente sobre los ornamentales, algo insólito dentro del panorama del barroco vizcaíno. Esta originalidad de su traza es sin duda uno de los aspectos más interesantes de la máquina. Pero además la presencia de un conjunto de veintiún pinturas góticas hace de este retablo un caso excepcional, lo que justifica que en 2001 fuera declarado Bien Cultural con la categoría de Monumento24AHAA-BOPV, nº8, 11 de enero de 2001..
El retablo de la Inmaculada [120], en el testero de la nave del Evangelio, se compone de banco, un cuerpo y ático. Se ordena en tres calles definidas por salomónicas compuestas saturadas de vides, niños y pájaros [121], todo muy plástico y resaltado, al igual que las ménsulas de hojarasca que las sustentan.
El banco [122] es de paneles para motivos vegetales. Al centro lleva un sagrario con puerta de remate curvo sustentado por estípites cargados de uvas y arriba tarjetón vegetal, todo entre dos paneles con ménsulas superiores de las que penden más vegetales. En origen este sagrario era poligonal, de tres paños, adelantándose sobre la mesa de altar y haciendo los paneles de chaflanes laterales; al retirarse la mesa los tres paños fueron alineados. La puerta se decora con custodia grabada, como grabadas aparecen en las enjutas superiores rocalla, ces y ráfagas.
La calle mayor [123] acoge una hornacina de medio punto abocinada, de jambas recorridas por fronda e intradós casetonado para florones. Las casas laterales [124] presentan enmarque de hojarasca y sendos tambanillos de grandes grumos que enmarcan corazón y lirio respectivamente. Entre marcos y tambanillos se han grabado paisajes con rocas, árboles y ciudades.
Encima un entablamento quebrado asentado sobre canes vegetales y con tarjetón central da paso al ático [125]. Éste presenta entrepaños inferiores de tarjetas y remata en medio punto cargado de voluminosos frutos, todo flanqueado por arbotantes de roleos y niños flotando sobre volutas. Culmina el eje central en una corona que cobija escudo de la familia Axpe [126]: un brazo sosteniendo una espada sobre corona y bordura de doce caballos pasantes, con cruz de Santiago como trasfondo del campo.
La imagen titular [127] es una talla de paños movidos, con las manos juntas giradas a su izquierda y la cabeza a su derecha. A los lados, lienzos de San Agustín [128] con el corazón ardiendo y San Diego de Alcalá [129] con las flores. En el remate, lienzo de San Pedro liberado por un Ángel [130], siguiendo el estilo de Luca Giordano –como algunos de los del retablo mayor–. Todo es de comienzos del siglo XVIII, como la mazonería, aunque la policromía es rococó.
Es un retablo de calidad, destacable tanto por la plasticidad de los motivos, con un inusual relevado general, como por lo exótico de algunos de ellos, como los niños volanderos que pueblan columnas y ático. Obra costeada por los Axpe, patronos del templo, posiblemente tenga que ver en ella la mano de artífices montañeses. Los únicos paralelismos vizcaínos que pueden citarse –por la plasticidad de las formas– son los retablos que frentean las naves laterales de Santa María de Uríbarri, en Durango, datados en el primer tercio del siglo XVIII, y los de los testeros de las naves laterales de Santa María de Güeñes, de la misma cronología. En todos debe estar presente el retablista montañés Miguel de Villanueva.
El retablo del Cristo [131], a la cabecera de la Epístola, es de banco, cuerpo de una gran calle al servicio del titular y ático.
El banco [132] lleva paneles laterales de roleos de cardo y al centro un sagrario, en otro tiempo prismático pero hoy recto como el del anterior retablo, con sus superficies recorridas por ristras de frutos carnosos. La puerta se decora con una torpe pintura de un cáliz del que asoma la Sagrada Forma.
El cuerpo es de salomónicas [133] compuestas de espiras contrapuestas, asentadas en ménsulas vegetales y cargadas de uvas. La casa, en esviaje, luce intradós de casetones con vegetales y marco exterior de hojarasca y veneras, todo flanqueado por paneles de roleos. En el tambanillo va tarjeta apaisada.
Un entablamento quebrado sobre canes vegetales en cuyos extremos apoyan niños da paso al ático [134]. Los entrepaños son para motivos vegetales, y encima un remate en medio punto para casa entre columnas salomónicas con vides y arbotantes para nuevos roleos y niños. Arriba un corazón con tres clavos y corona de espinas.
La mazonería será de hacia 1710, con policromía lisa posterior pero del mismo siglo XVIII.
El titular es un Cristo [135] de tamaño superior al natural, con brazos articulados para representaciones, coevo a la máquina o acaso algo más moderno; al fondo aparece pintada Jerusalén. En el ático, lienzo del Descendimiento [136] siguiendo una vez más el estilo de Luca Giordano.
El retablo de las Ánimas [137], en la capilla de su nombre, es de una calle con dos cuerpos y ático. El enmarque exterior es de pilastras recorridas por ristras de frutos, y el interior de pilastras cajeadas frenteadas por salomónicas de espiras contrapuestas, cargadas de emparrados. Al ático, nuevas pilastras con frutos enmarcadas por arbotantes avolutados, también de foresta. El remate es un plástico copete vegetal.
La casa mayor lleva marco botánico de orejeras. La hornacina superior, sobre una cartela de hojarasca, es abocinada y avenerada. La del ático es adintelada.
Es este retablo una pieza barroca de comienzos del siglo XVIII, con policromía rococó.
El lienzo titular (1,20 x 0,91) [138] es de la época de la mazonería. Encima [139], en el segundo cuerpo, una ¿santa? no identificada, talla muy popular, tal vez del siglo XVII. Al ático un San Pedro en cátedra [140], imagen a caballo entre el tardogótico y el renacimiento, de principios del siglo XVI, sobre un fondo de cortinajes rococós.
El retablo del Rosario [141], en su capilla, se divide en banco, un cuerpo y ático. Presenta una planta en tres planos marcados por pilastras cajeadas cargadas de guirnaldas y frutas, y dos parejas de salomónicas compuestas contrapuestas, adornadas con zarcillos y uvas. Las más adelantadas vuelan sobre ménsulas de hojarasca y las otras sobre netos con colgajos de frutos. En el ático, pilastras muy salientes.
El sagrario [142] [143], en el banco, es prismático, con caras decoradas con templetes de medio punto en relieve y enmarque delantero de balaustres, todo dorado. Se decora con símbolos de la Pasión en los laterales (lanza y esponja, látigo y columna) y cáliz con IHS al frente. Es una pieza renacentista, reaprovechada, posiblemente procedente de aquel desaparecido retablo mayor de hacia 1570. Aunque los paneles verticales que lo flanquean presentan decoración grabada rococó de espejos, ces…
La hornacina principal [144] es un medio punto entre pilastras, con el intradós de hojas carnosas. El marco, en oreja y con tambanillo de gran tarjetón, repite los motivos vegetales. El fondo vuelve a los grabados rococós.
La casa del ático [145] es adintelada, con marco de hojas y nuevo fondo grabado. Arriba gran espejo enmarcado en hojarasca, con anagrama I-MA-J.
Como los restantes retablos, es de hacia 1700, con policromía rococó.
La imagen titular [146] es muy movida, de paños envolventes, exagerados, con cierta dulzura en rostro y manos. Será de mediados del siglo XVIII y recuerda a otras de Areatza y Arrankudiaga.
Arriba, San José y el Niño [147], aquél con paños pesados un tanto estáticos, mientras el Niño es más movido y volandero, aunque parece que ambas piezas sean de la misma mano, sobre todo si atendemos a la similitud en la conformación de rostros y cabellos. Presentan policromía en verde y rojo, sobre blanco y azul, a base de grupos de tallos con peonías, claveles y hojas. Será algo posterior a la fecha del retablo, en torno al primer tercio del siglo XVIII.
Escultura
Cristo yacente [148] (178 x 67 x 38,3). Madera policromada. Talla de anatomía académica, con el rostro de gesto manso; lo más llamativo es el perizoma, largo y de plegado anguloso que nos remite a modelos del gótico. Esta mezcla de estilos, nos lleva al eclecticismo e invita a pensar en una fecha similar a la de la realización de la urna donde se guarda, 1873. En mal estado de conservación.
Va en urna del Santo entierro [149] (114 x 230 x 124,5). Madera policromada en oro y negro. Acristalada y con pirámides sobre las cornisas. De gusto tardoneoclásico. José Eguíluz cobró por ella 1.934 reales en 187325AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora, Zeanuri, Cuentas de la Cofradía de la Vera Cruz, 1789-1952, sign. 1768/002-00..
Pintura
San Antonio de Padua [150] (86 x 64, con marco 105,5 x 83). Óleo sobre lienzo. Con marco de hojas carnosas. La pintura presenta una paleta limitada, enfatizando en tono más claro la figura del Niño. Barroco, de finales del siglo XVII. En muy mal estado de conservación.
Santo Tomás de Aquino [151] (86 x 64, con marco 104,5 x 83). Óleo sobre lienzo. Con las mismas características que el anterior, muestra al santo en figura de 3/4, mirando al frente con gesto algo inerte. Barroco, de finales del siglo XVII.
Metalistería
Cruz mayor [152] (79,5 x 39, nudo 9 x 9). Cobre plateado. De brazos rectos decorados con roleos y remates de hojas de vid y piñas, con nudo cúbico de cuatro placas para evangelistas. Neoclásica, primer tercio del siglo XIX, sigue el modelo de las elaboradas en el taller de los Ullivarri en Vitoria-Gasteiz, muy repetido en Bizkaia. Puede ser la que se compró en 1801 a un platero de Durango (tal vez los Fuente), que costó 900 reales26Ibid..
Balaustrada del púlpito [153]. Hierro forjado. Varales de nudos aperados que en los capitales se vuelve mazorca sobre tramo inferior de sección cuadrada. Lleva jabalcón, también con mazorcas y chambrana recortada. Barroca, siglo XVIII.
Bajo la torre, reja de paso al antiguo cementerio [154]. Hierro forjado. Combina partes rococós (remate), de la segunda mitad del siglo XVIII, con otras más modernas, de principios del XIX, rehecho todo según diseño neoclásico.
Herrajes de las puertas sur y norte [155]. Hierro forjado. Placas metálicas rectangulares con remates flordelisados sujetas por doble hilera de clavos con cabeza en punta de diamante, algo torpes. Le acompañan chapas de bocallave de perfiles diversos. Acaso del siglo XVIII.
Reja de la ventana de la torre [156]. Hierro forjado. Forma una retícula a base de barrotería de sección de cuadradillo con las barras horizontales anillando a las verticales. El mismo sistema se repite en algunas de las ventanas de las construcciones que envuelven la cabecera [157]. Podrían ser barrocas populares, de mediados del siglo XVIII.
Reja [158] colgada en el pórtico, descontextualizada. Hierro forjado. Siguiendo el mismo diseño del anterior, pero con las celdillas más reducidas, lo que podría hacer pensar en una cronología anterior.
Sobre la torre, cruz-veleta [159]. Hierro forjado. De perfil complejo, con remates y adornos a base de roleos, ces, eses. Rodeando el centro, que es hueco con las siglas AM (Ave María) recortadas, hay grupos de rayos rectos y ondulantes. Barroca, hacia 1750.
Campana de Santa María [160] (125 x ø136). Bronce. Romana. Lleva inscripción:
IHS MARIA IOSEPH SANCTA MARIA ORA PRO NOBIS… PARTES ADVERSE AÑO 1722
Se decora con placa con relieve de la Virgen con el Niño [161], cruz sobre Gólgota realizada con chapas estrelladas y una salamandra en relieve [161]27BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA, et al, 2005a, pp. 168-169..
Campana del Ángelus [162], en la linterna de la torre. Bronce. Lleva inscripción:
SOI DE L MN RECA CEANURI ESTA ES LA BOZ DE ANGELUS QUE EN ALTO SUENA AVE MARIA GRATIA PLENA / ANDRES DE LA CUESTA ME HIZO AÑO 1802
Otros elementos
Pila bautismal [163] (87,5 x ø99). Piedra arenisca. Troncocónica de facetas cóncavas de aristas vivas, con decoración de rosetas y borde sogueado, sobre un cuerpo más reducido de idéntica forma, pero liso, que a su vez apea en pie cilíndrico. Estas dos últimas piezas conservan restos de policromía. Gótica, de mediados del siglo XV.
Púlpito [164]. Escalera de piedra que envuelve el primer pilar del lado Epístola, cuyas aristas han sido rebajadas para facilitar la subida. Ya nos hemos referido a la balaustrada de hierro. Ha perdido el tornavoz, que se conservó hasta algunos años en un trastero. Barroco, siglo XVIII.
Sacrarium (aguamanil) [165] (170 x 59 x 60). Piedra jaspe. En esquina, con pila ovalada y depósito gallonado, en marco quebrado de orejeras con frontón avolutado y sol. Barroco, siglo XVIII.
Hojas de la puerta de los pies [166]. Madera en su color. A base de cuarterones cuadrangulares, alguno decorado con rombo, con pareja de cruces a media altura. Siglo XIX.
Lápida sepulcral [167] (203 x 87). Mármol. Bajo sombrero episcopal luce el escudo de los Axpe, aunque aquí la bordura de doce caballos ha sido sustituida por la divisa familiar: DVODECIM FRATES EQVITES REGEM CINGUNT ET LIBERANT (Los doce hermanos caballeros rodean al rey y lo liberan). Martín de Axpe y Sierra, natural de Zeanuri, fue obispo de Palencia, canónigo en Burgos e impulsó la creación del obispado de Valladolid, además de la fundación de conventos y hospitales.
En la lápida se puede leer la siguiente inscripción:
DOM / AQVI JAZE EL CORACON DEL ILLMO / SEÑOR DON MARTIN DE AXPE Y SIERRA / OBISPO DE PALENZIA Y CONDE / DE PERNIA YNSIGNE PREDICADOR / Y PRELADO POR EL AMOR QVE TVBO / A ESTA IGLESIA Y SV PATRIA DIO VIENES / FVE BIENECHOR QVISO ENTERARSE (sic) / EN ELLA AÑO DE 1607 / DON MARTIN DE AXPE SEÑOR DE / LA MISMA CASA PATRON DE ESTA / IGESIA I CABALLERO DE EL AVITO / DE SANCTIAGO PVSO Y DEDICO / ESTE LETRERO A LA I… LMA MEMORIA / DE EL OBISPO SV TIO AÑO DE 1676 / REQVIESCANT IN PAXI.
Órgano [168]. De la casa Lope Alberdi, Barcelona. Inaugurado el 15 de agosto de 1910, fue costeado por suscripción popular28AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora, Zeanuri, Libro de cuentas, 1862-1927, sign. 7837/002-00..
Elementos de interés etnográfico
En la sacristía, cuatro reclinatorios [169]. Madera en su color y enea. Muy sencillos, sin alarde artístico alguno, solamente presentan sencillas cruces de madera en el frente y en el apoyabrazos nombres o iniciales de propiedad grabadas o tachonadas. Siglo XX.
Elementos custodiados en el depósito diocesano (orfebrería)
Cáliz [170] (23 x Ø15 x Ø10). Plata en su color y sobredorada. Tiene pie redondo de perfil bajo, con dos cuerpos abultados sin decoración. El astil es abalaustrado y liso, siendo lo más novedoso el nudo de jarrón decorado con gallones burilados y con una arandela en la parte superior. La copa es de silueta exvasada, presentando un único elemento ornamental a modo de moldura lisa soldada. En el pie lleva marcas de Valladolid, de Francisco de Isla (F/ISLA), marcador entre 1547 y 1556, y un punzón incompleto que incluye las letras SO…/AV…, parece que correspondiente a Alonso de Ávila. Es, pues, pieza renacentista de mediados del XVI29CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 210, vol. 2, nº93..
Cáliz [171] (24 x Ø15 x Ø8). Plata en su color y sobredorada. Pie redondo de poco resalte, abocelado y moldurado, con gollete cilíndrico, nudo ovoide y copa lisa con una sencilla moldura al centro. Carece de marcaje. Barroco clasicista, de hacia 1600.
Cáliz [172]. Plata en su color y sobredorada. Pie redondo con perfil abocelado, del que arranca el astil que se interrumpe por un nudo aperado y culmina en copa lisa de perfil bastante recto. Barroco, mediados del siglo XVIII.
Dos coronas [173] [174] (17 x Ø17 y 14 x Ø13,5). Plata en su color. Pertenecientes a la Virgen y el Niño, se formulan de manera idéntica: sobre un aro con cadeneta clasicista, va el cuerpo decorado con parejas de ces y hojas carnosas, intercalándose algún espejo ovalado, todo en armoniosa simetría. No presentan punzones. Barroco, último cuarto del siglo XVII30Ibid., vol. 2, nº327 bis A y nº327 bis B..
Elementos depositados en el Museo de Arte Sacro
p>Cáliz [175] (26,5 x Ø15 x Ø9). Plata en su color. Se levanta sobre pie redondo de pestaña generosa, nudo de jarrón con discreta arandela superior moldurada, copa de perfil recto que queda interrumpida por pestaña en el tercio inferior y boca levemente exvasada. Bajo el pie lleva marca de Bilbao (puente de San Antón), y duplicada la del platero Lázaro de la Serna (L/SER/NA), activo en el tercer cuarto del siglo XVII31 Ibid., vol. 1, p. 268, vol. 2, nº259. Barroco pleno.
Cáliz [176] (26,5 x Ø14,5 x Ø7,5). Plata en su color y sobredorada. Tiene pie octogonal con pestaña recta y realce en tronco de pirámide de acusado resalte. El astil es abalaustrado con un nudo semiesférico recorrido por banda lisa y sobre el que va un subnudo periforme. La copa, ligeramente acampanada, se separa por moldura de la subcopa. En el pie lleva marca topográfica de Bilbao (iglesia y puente de San Antón en escudo oval) y dos onomásticas J / ME? y F / ?, correspondientes a José de Meave (platero) y Francisco Aranguren (marcador). Neoclásico, hacia 1800.
Custodia [177] (60 x 26 x 12). Plata sobredorada y esmaltes. Se levanta sobre un pie de perfil mixtilíneo, cuadrado con extensiones semicirculares, que apoya en cuatro patitas a modo de querubines alados. Encima un cuerpo abocelado decorado con hojas y tornapuntas fundidas, sobre el que va el astil. Éste es una sucesión de golletes, arandelas y nudos igualmente cargados de tornapuntas fundidas. El viril es de ráfaga de candeleros y ces vegetales, y sobre todo ello placas de esmalte en verde, azul y ocre. La base también muestra placas esmaltadas. Bajo el pie lleva la inscripción: ESTA CVSTOD(I)A ES PARA ANTEYGLESIA DE S(A)N PEDRO DE ZEANVRI. Es una pieza peruana, cuzqueña, que tiene paralelismos con otras custodias labradas en el último cuarto del siglo XVII. Barroca, hacia 1685. Sin marcas32BARRÓN GARCÍA, 2007a, p. 408. CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, pp. 407-408, vol. 2, nº359..
Dos ciriales [178] (174 x Ø16). Plata en su color, metal plateado y dorado. Pie cilíndrico de ocho tramos, sobre el que se dispone un cuerpo hemiesférico con hojas de acanto repujadas. Sigue una cadena de esferas doradas y la base troncocónica de la cabeza, que adopta forma de tambor con friso de roleos y tres cabezas de querubines. El remate de la cabeza es en talud cóncavo-convexo, sobre el que va bandeja para recoger la cera, en cuyo centro se dispone el mechero de perfil bulboso con orla de acanto en la base. Sobre el tambor en una placa, en capitales: PROA DE LA CASA / DE ASPE. Neoclásicos, siglo XIX.
Cruz procesional [179] (100 x 44,5). Plata en su color y latón. Tiene fuste troncocónico con moldura abocelada decorada con laurel y gollete que da paso a nudo de jarrón oval decorado con corazones ardientes y espinados y ángeles orantes, rematando en tapa gallonada. La cruz arranca de jugosa planta con perfil de lira y se constituye por brazos rectos y lisos que rematan en veneras, incorporando placa del ángel con INRI arriba. El Cristo es una figura esbelta, fijado con tres clavos y piernas cruzadas que viste paño de pureza blando anudado en su izquierda. Ecléctico. Finales del siglo XIX.
Cuatro mazas [180] (212 x Ø13). Metal plateado y dorado. Pie cilíndrico de cuatro segmentos y remate en perinola. La cabeza se inicia con un gollete cóncavo y adopta forma de copa con la mitad inferior de perfil cónico convexo y la superior campaniforme, rematando en forma de jarrón y punta. Ecléctico. Siglo XIX.
Juego de casulla [181] (98 x 59,5), estola (170 x 17,5) y tapa de corporales (24,4 x 24,2). Confección industrial con un tejido brocado en dorado de inspiración medieval. Incluye compartimentos ojivales en donde hay figuras de ángeles y alrededor discurren frutos y hojas. Siglo XIX-XX.
Juego de casulla [182] (117 x 65,5), dos dalmáticas [183] (115 x 65,5), estola (217 x 13), manípulo (81 x 16,5), dos collarines (55,6 x 17,2) y cubrecáliz (52 x 52). Seda de damasco carmesí, con motivos de hojas y flores algo geometrizados siguiendo modelos del siglo XVII. Siglo XIX.
Juego de casulla [184] (107 x 52), dos dalmáticas [185] (102 x 58,2), dos estolas (212 x 12), dos collarines (53 x 17) y cubrecáliz (51 x 53). Confección de seda brocada, con hilos dorados y algún detalle en plateado, que desarrollan grandes ramos de flores y tallos, recogidos en su base por cintas con borlones. Parece obra valenciana, del taller de Garín e Hijos, siglo XIX.
Juego de capa pluvial [186] (126 x 288), casulla [187] (100 x 55), dos dalmáticas [188] (101 x 61), estola (205 x 15) y cubrecáliz (50 x 52). Confeccionado en seda de color negro, resulta muy vistoso al incorporar los motivos decorativos en dorado, generosos grupos de flores, espigas y tallos. Puede ser de taller valenciano, siglo XIX.
Estandarte del Sagrado Corazón [189] (132 x 87). Raso. Sobre fondo carmesí, aparece por un lado representado el Sagrado Corazón, en cartón y bordado, enmarcado entre ramilletes y flores doradas, mientras por el otro lado va bordado el IHS. Siglo XX.
Estandarte de la Inmaculada [190] (124,5 x 85). Raso. Fondo color marfil para imagen de la Inmaculada, realizada con telas, hilos y apliques de lentejuelas. A su alrededor discurre orla de hilos dorados formando pámpanos y espigas, y arriba otro remate con los mismos motivos. Por el reverso lleva la letra M coronada. Siglo XX.
Estandarte de San Francisco [191] (126 x 86). Raso. En el centro tondo ovalado con la imagen pintada del santo, y por fuera bordado con hilos de oro y plata a base de flores y tallos sinuosos. Por detrás va imagen de Jesús con las llagas y rodeando el óvalo la inscripción bordada: «VENERABLE ORDEN TERCIARIA DE SAN FRANCISCO CEANURI». Siglo XX.
Estandarte de Adoración Nocturna [192] (139 x 122). De tela blanca y bordada en hilos de colores, al centro lleva un doble sol con las leyendas: SACRAMENTUM PIETATIS · SIGNUM UNITATIS · VINCULUM CHARITATIS, y el más exterior reza: SECCIÓN ADORADORA NOCTURNA CEANURI 1911.
Estandarte Luis Deunen Lagun Artea [193] (179 x 128). Raso. Lleva dos franjas azules en los laterales y blanca al centro, donde se sitúa la imagen del santo y leyenda alrededor formando un círculo: MARIAREN TA LUIS DEUNEN LAGUN-ARTEA CEÁNURI 1912-1962.
Cruz relicario [194] (54 x 23 x 12). Madera, nácar, plástico y cristal. Arranca de base cúbica y peana troncopiramidal, decorada con aletas y en el centro placa romboidal con medallón de la Sagrada Familia. Sobre la peana va la reliquia del monte Calvario. La cruz es de brazos trebolados decorados con cáliz y hostia a la izquierda y corazón flameante con espinas a la derecha, en la parte superior anagrama de Cristo sobre cruz latina y en la inferior figura masculina que señala un libro. Debajo de éste, medalla con cinco cruces de Jerusalén. En el centro de la cruz hay aureola circular. El Cristo se sujeta por tres clavos, y se cubre con paño corto de abundante plegado. Siglo XX.
JMGC - RCL
Juan Manuel González Cembellín – Raquel Cilla López
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