ERMITA DE SAN CRISTÓBAL Y SANTA LUCÍA
(Jurisdicción de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción)
Arratia
Igorre | Bº Elgezua
Folleto
Barrio Elgezua s/n, 48140
p.andramari.igorre@bizkeliza.org
Presenta una planta [3] rectangular de nave única dividida en dos tramos y una cabecera de embocadura recta –que asemeja un tramo más– y cierre de tres paños que conforman un testero de escasa profundidad [4] [5]. El piso se sitúa en una ligera pendiente, motivada por su asentamiento sobre un marcado desnivel del terreno.
El espacio interior se configura de forma homogénea, mientras que el volumen exterior resulta algo confuso debido a la adición del pórtico y la espadaña.
El aparejo de los muros, caracterizados por su gran grosor, es de mampostería someramente recuadrada con un basamento muy irregular que resulta visible en buena parte del perímetro del edificio [6]. Como es habitual, los esquinazos y recercos de vanos son de sillería. Al interior los paramentos aparecen enlucidos, mientras que al exterior la fábrica se mantiene vista.
La solera [7] se resuelve mediante lajas de piedra. En todo el presbiterio, más elevado, se han cubierto con una plataforma de madera.
La cubierta [8] consiste en una estructura de madera compuesta por cuatro postes asociados al muro que, mediante jabalcones curvos [9], sustentan una armadura vista, totalmente renovada en 1992-1995.
En correspondencia con esta armadura, el tejado [10] es a dos aguas con faldón a los pies y en la cabecera tres vertientes.
La iluminación interior procede de cuatro ventanas adinteladas con doble derrame [11] [12], dispuestas dos a cada lado –presbiterio y primer tramo del lado de la epístola y en ambos tramos del evangelio, un norte éste que habitualmente suele ser ciego. Dispone asimismo de una ventana de medio punto a los pies [13] [14] y un hueco apaisado y enrejado junto a la portada de poniente [15], tal vez destinado a orar contemplando el altar, al modo de los humilladeros. Al renovar la cubierta se ha incorporado un lucernario.
El templo cuenta con dos accesos. El de los pies [16] consiste en un arco levemente apuntado al intradós y ya en medio punto al trasdós, de trece dovelas radiales. La rosca va recorrida por un grueso bocel que se faceta en las jambas. Presenta un salmer cajeado [17], y las piezas inferiores de las jambas adquieren un extraño volumen troncocónico [18] que no parece original –el repicado de toda la piedra nos impide contrastar las huellas de talla–; al interior muestra cañón en arco rebajado [19].
A sus lados dos aguabenditeras de pocillo hemiesférico gallonado y placa en medio punto para cruz [20].
El segundo ingreso se ubica en el tramo de los pies, en el lado de la epístola [21]. Es apuntado, de jambas con columnas lisas que, tras superar los salmeres, se prolongan en una arquivolta de grueso bocel, sobre la que voltean una segunda lisa y la chambrana de taqueado sobre un bocelillo [22]. Los citados salmeres son capiteles imposta con decoración vegetal estilizada a la izquierda [23] y ajedrezado, menudo y poco esmerado, a la derecha [24]. El cañón de este acceso, originalmente escarzano, ha sido modificado en mitral [25]. Se trata de una sencilla portada románica, reaprovechada en una refacción integral posterior1VÁZQUEZ, 1909a, pp. 16-19. YBARRA Y BERGÉ, 1958a, pp. 514-517, lam. 1057. BARRIO LOZA, 1979a, pp. 74-75. BARAÑANO LETAMENDIA y GONZÁLEZ DE DURANA ISUSI, 1983a, pp. 67, 135. LÓPEZ DOMECH, 1985a, p. 36. GÓMEZ GÓMEZ, 1996a, p. 126.GARCÍA GUINEA y PÉREZ GONZÁLEZ, 2011a, vol. X, pp. 875-878. BARRIO LOZA, 1989-1991a, vol. 1, p. 429..
A sus flancos se sitúan dos pilas de agua bendita cilíndricas, decoradas con gallones incisos [26] [27], la del lado izquierdo con una mano grabada en su base [28].
El coro consiste en un palco que ocupa algo más de la mitad del tramo de los pies [5] [29]. Es de tipo adintelado, con una carrera de tres piezas enlazadas y sustentada por dos columnas toscanas de piedra [30] y ménsulas en los extremos [31]. Sobre ella las testas de las viguetas se ocultan tras un friso liso entre molduras aboceladas. El antepecho se divide en tres tramos por pilastras cajeadas con lingotes [32], con un cerramiento de tablas machihembradas con trabajo de marquetería que incluye motivos de bocallaves y herraduras. El pasamanos repite las molduras aboceladas. Su acceso es escalonado por el ángulo suroeste, con el primer tramo de piedra y el superior de madera [33]; los varales capitales repiten la sección cuadrada con cajeados para lingotes, rematando en esfera achatada [34], mientras los demás balaustres son de cuadradillo y lisos; el pasamanos es un gran bocel2SANTANA EZKERRA y BARRIO LOZA, 1996a, pp. 167, 233..
Al lado de la epístola se ubica la sacristía [35]: un habitáculo cuadrado con cielo raso comunicado mediante un paso adintelado con el presbiterio [36].
En el hastial de los pies, sobre una imposta lisa, se alza la espadaña [37], de un solo cuerpo con vano de medio punto, frontón triangular e imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el remate.
El pórtico es perimetral, salvo en la zona de la sacristía, que lo interrumpe. Se resuelve a tejavana [38]. Al interior carga sobre ménsulas de cuarto de bocel –siendo las del hastial de los pies las más antiguas– [39]. Al exterior en pies derechos calzados sobre basas de dado, algunos con las aristas matadas, reforzados por jabalcones, sobre murete de mampostería enchapado [40]. Esta cerquilla se abre en tres pasos, a los pies, norte y noreste. El piso es de cemento.
Las primeras informaciones sobre la ermita de Elgezua nos las proporciona la arqueología. Las excavaciones realizadas en 1988 sacaron a la luz una necrópolis fechada entre los siglos VIII y X. Además había una lápida sepulcral, al parecer reutilizada como escalón de una de las portadas, con una inscripción que a fines del XIX resultaba ilegible, pero que a partir de la transcripción realizada por Iturriza un siglo antes se ha interpretado como In d(e)ei n(o)m(i)ne / Issamenus / post suum / obitum in / corpore / ic dormit, y se ha fechado en los siglos X-XI. Quizás a esos mismos siglos corresponda lo que parece un fragmento de estela sepulcral [41] –hoy ubicada en la cabecera del templo–, que Barrio propuso prerrománica3ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, vol. 1, p. 334. BARRIO LOZA, 1979a, p. 75. BARRIO LOZA, 1989-1991a, vol. 1, pp. 428-429. GARCÍA CAMINO, 1991a, pp. 69-72. AZKARATE GARAI-OLAUN, Agustín, y GARCÍA CAMINO, 1996a, pp. 214-215. GARCÍA CAMINO, 2002a, pp. 460-464..
El mismo Iturriza, que señalaba la existencia en el entorno de la ermita de sepulturas y de dos sarcófagos con sus lápidas, proponía que ésta habría sido la primitiva parroquia de Igorre, suponiéndola fundada por los labradores censuarios (vasallos del señor de Bizkaia) en el siglo X –obviamente no contaba con los datos arqueológicos–. Pero, siempre según Iturriza, hacia 1208 Elgezua habría sido reducida a la condición de eremitorio, trasladándose la titularidad parroquial a la Asunción (Santa María)4ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, vol. 1, p. 333..
Lo cierto es que poco después de esa fecha debió de ser reconstruido el templo, ya que la portada románica del sur corresponderá al segundo cuarto del siglo XIII.
A finales de la Edad Media, posiblemente poco después de 1500, se acometieron nuevas obras, entre las que cabe destacar la incorporación de la portada de los pies y, probablemente, la reconstrucción del conjunto del cajón del edificio. A este mismo momento corresponderán parte de los canecillos del hastial de los pies.
El coro sería la siguiente etapa. Su estructura –carrera, pasamanos, varales principales– nos remiten a modelos de bien mediado el XVI, aunque la celosía de arquillos de bocallave sería para entonces un modelo anticuado, propio de casi medio siglo antes. ¿Reutilización de parte de un coro anterior o arcaísmo de los artífices? Nos inclinamos por la segunda opción, aunque con las lógicas reservas. Las columnas y las ménsulas que soportan la carrera serán, sin embargo, del XVIII, lo que nos indica que hubo una intervención posterior.
Por fin en ese siglo XVIII empiezan a aparecer las noticias escritas. En la visita de 1793 se indicaba que, conforme a un auto de 1788, esta ermita, junto con las de San Antolín, Santa Marina y San Miguel, debía ser derribada
“por no ser necesarias, y que heran del patronato de la misma republica, y aplicar sus bienes, monttes, caudales, y despoxos a la fabrica de la yglesia parroquial para ayuda de consttruir el cruzero nuebo que en ella se ejecuto”.
En consecuencia, el visitador ordenaba su demolición debido a “la ninguna necesidad que de ellas hay en dicho pueblo, y la sittuacion en que se hallan y ninguna decencia que tienen”. Pero finalmente esta medida no se llevó a cabo, y la ermita comenzó a llevar libro de cuentas propio a partir de 17955AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventarios y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00..
Salvada de la demolición, el edificio se mantuvo sin transformaciones significativas hasta mediados del siglo XIX, momento en el que, dentro de un sobrio estilo neoclásico, se repusieron las ménsulas del pórtico “excepto algunas del hastial de los pies”, se abrieron los vanos actuales y se añadió la espadaña. Es probable que también entonces se reformara el pórtico.
Pero, como es frecuente en las ermitas, debió de sufrir una etapa de abandono, ya que en 1907 se decidió que, ante la situación indecorosa en que se encontraba y el gran número de fieles devotos que asistían a ella, había que reformarla. Se acometieron reparaciones en las bóvedas (sic) y el campanario (tal vez el añadido del Sagrado Corazón), y se añadió la sacristía, “que no existía antes” y posiblemente las aguabenditeras de los pies6AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1900-1936, sign. 3358/002-00..
Quedaba así conformado el templo tal y como lo vemos hoy, ya que apenas ha cambiado en las intervenciones posteriores (1935, 1979, 1992-1995).
La ermita de Elgezua destaca por diversos motivos. Más allá de su imagen pintoresca, que la ha convertido en una de las más divulgadas del valle de Arratia, resulta especialmente relevante por su antigüedad y por la presencia de numerosos elementos formales que, aun careciendo de una elevada calidad intrínseca, son representativos de las primeras fases de la arquitectura en Bizkaia (posibles restos prerrománicos, accesos románico y gótico, coro, etc.). En este sentido, aunque se trata de una obra humilde en su conjunto, San Cristóbal constituye un ejemplo prototípico de lo que fueron las más antiguas parroquias vizcaínas.
MOBILIARIO
Resultan muy escasas y parciales las noticias acerca del amueblamiento de esta ermita. Todas de fines del siglo XVIII en adelante. A día de hoy se conservan algunas esculturas, que comentaremos más adelante, pero también sabemos que a principios del siglo XX tenía
“tres mesas de pared de peor gusto, sin retablo, la efigie de San Cristobal era una pintura indecorosa, en el centro sobre la mesa existía la imagen de Santa Lucía dentro de una urna de madera de peor gusto, y la efigie que no inspiraba ninguna devoción”.
Ante este panorama, decidieron hacer un “buen retablo para la celebración”, que encargaron al tallista bilbaíno Pascual de Aurrecoechea7AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1900-1936, sign. 3358/002-00.. De aquel mueble neogótico [42] ya no queda rastro, y en la actualidad el presbiterio es fruto de la reforma realizada en 1992-1995.
Escultura
Santa Lucía [43]. Madera policromada. Imagen en pie de la santa, sosteniendo restos de la palma de su martirio con la derecha, dispuesta en horizontal muy artificiosamente. La otra mano está vacía, pero probablemente portaría platillo con los ojos, su atributo más común. Resulta una composición equilibrada, destacando por el volumen de los ropajes, túnica y manto, amplios y algo quebrados, con pliegues duros en varias partes. Su rostro se presenta sereno, idealizado, sin dramatismo, luciendo además carnaciones suaves y pulidas, y melena ondulante y ahuecada. La policromía del resto de la obra es de tintas lisas, salvo por algunos detalles en dorado. Se trata de una talla de muy correcta ejecución, que mantiene el esquema barroco, pero introduciendo un aire algo más académico. Será barroca, pero de avanzado el siglo XVIII. Sabemos que en la visita de 1793 se ordenó retocarla para dejarla “decente” y que en algún momento estuvo vestida, pues en 1799 se le hizo “una bestidura de mitan con sus adherentes”8AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventarios y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00..
San Cristóbal [44]. Madera policromada. Talla del santo con el Niño posado en su hombro. El adulto se presenta en actitud caminante, con cayado en la derecha, mientras la otra mano sujeta al infante. La anatomía de aquel es potente, de proporciones correctas, no excesivamente academicista. De hecho, busca cierto naturalismo. Se cubre con traje corto de modelado suave, sobre el que va el manto que vuela con más donaire y volumen. Su rostro transmite serenidad, pero también ausencia. Y este mismo rasgo se repite en el Niño. Se trata de una figura sentada, que bendice con una mano y sujeta el Orbe con la otra, bastante regio. Predomina la policromía de colores planos, con alguna concesión a detalles en dorado, y carnaciones finas y pulidas. Es una composición cuya intensidad está apaciguada, mostrando más calma y dulzura. Será del mismo taller que la titular de la ermita, de hechura competente en un barroco avanzado del siglo XVIII. En las cuentas de 1799 se anotaron 16 reales y medio por su composición9Ibid. .
Cristo crucificado [45]. Madera policromada. Imagen de Cristo en la cruz, de modelado anatómico correcto, naturalista, con tórax y abdomen bien marcados, y contenido dramatismo. Dirige la cabeza a lo alto, con mesurado gesto de dolor. Se tapa con perizoma de pliegues suaves con nudo lateral, sin agitación excesiva. Obra que recuerda modelos barrocos, pero será ya contemporánea. Siglo XX.
Asunción [46]. Madera policromada. Talla de María en pie, sobre base de nubes y querubines, una composición de volumen fuerte y compacto. La figura de la Virgen resulta más rotunda que esbelta, sin agitaciones, en la que las ropas juegan un papel fundamental. Son amplias, abultadas y de plegado suave, sin quiebros y con una rica policromía a base de motivos vegetales estofados. Junta sus manos a la altura del pecho cogiendo un pañuelo, en actitud piadosa. Su rostro, ovalado, es de expresión calmada, sin exceso de sentimiento optando por la neutralidad. De toda la obra, los ángeles son lo más dinámico, con poses complejas, cuerpos carnosos y rostros mofletudos. Aparecen entre el cúmulo de nubes, por entre el manto de la Virgen y sobre la media luna. Se trata de una obra de los primeros años del siglo XVII, pero aún romanista.
Metalistería
Campana [47]. Bronce. Esquilonada. De perfil alargado, no cuenta con inscripciones ni sellos. Siglo XIX-XX.
Otros elementos
Fragmento de lápida o estela sepulcral [41]. Piedra. Es posible que fuera parte de un elemento funerario, acaso un frontal, ahora incompleto. Tiene remate triangular, con ángulos redondeados, y en el interior encierra lo que parece una figura esquematizada, de trazos muy elementales, junto a otra de menor tamaño a su lado (¿Virgen con el Niño?). Tal vez prerrománico, del siglo VIII-X10BARRIO LOZA, 1979a, p. 75..
MRV - RCL - JMGC
María Romano Vallejo – Raquel Cilla López – Juan Manuel González Cembellín
1. VÁZQUEZ, 1909a, pp. 16-19.
YBARRA Y BERGÉ, 1958a, pp. 514-517, lam. 1057.
BARRIO LOZA, 1979a, pp. 74-75.
BARAÑANO LETAMENDIA y GONZÁLEZ DE DURANA ISUSI, 1983a, pp. 67, 135.
BARAÑANO LETAMENDIA, Kosme María, y GONZÁLEZ DE DURANA ISUSI, Francisco Javier. “Acerca del arte románico en San Agustín de Etxebarria (Elorrio), Sta. María de Galdácano y de Vizcaya en general”. En Kobie (Serie Bellas Artes). Bilbao: Diputación Foral de Vizcaya, 1983, nº1, pp. 65-136. Disponible en https://www.bizkaia.eus/fitxategiak/04/ondarea/Kobie/PDF/4/Kobie_1_Bellas_artes_ACERCA%20DEL%20ARTE%20ROMANICO%20EN%20SAN%20AGUSTIN%20DE%20ETXEBAR.pdf
LÓPEZ DOMECH, 1985a, p. 36.
GÓMEZ GÓMEZ, 1996a, p. 126.
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BARRIO LOZA, 1989-1991a, vol. 1, p. 429.
ANDRÉS MORALES, sf1.
2. SANTANA EZKERRA y BARRIO LOZA, 1996a, pp. 167, 233.
3. ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, vol. 1, p. 334.
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BARRIO LOZA, 1989-1991a, vol. 1, pp. 428-429.
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GARCÍA CAMINO, Iñaki. “Necrópolis de Elgezua (Igorre) / Elgezuako nekropolia (Igorre”. En Arkeoikuska 1999. Arkeologi ikerketa / Investigación arqueológica. Vitoria-Gasteiz: Eusko Jaurlaritza – Hezkuntza, Hizkuntza Politika eta Kultura Saila / Gobierno Vasco de Educación, Política Lingüística y Cultura – Dirección de Patrimonio Cultural, 1991, pp. 69-72. Disponible en https://www.euskadi.eus/publicaciones-patrimonio-cultural/web01-a2kulonz/es/
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