IGLESIA DE LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA (Santa María)

Arratia

\

Igorre | Bº Elexalde

i

Folleto

Elexalde, 22 (48140)

p.andramari.igorre@bizkeliza.org

EDIFICIO [1] [2]

La iglesia de Santa María de la Asunción se emplaza sobre un muy fuerte desnivel en la entrada norte de Igorre.

Como consecuencia de las diversas intervenciones de que ha sido objeto, esta parroquia presenta una planta un tanto confusa y de difícil interpretación [3]. Adelantemos, para facilitar la comprensión de la descripción, que el tramo de los pies es lo que queda de un edificio tardogótico y el resto es fruto de una reforma del XVIII, todo con intervenciones posteriores.

En lo fundamental es un cuerpo cuadrangular ordenado en tres tramos [4] [5] muy irregulares. Los dos primeros –los del XVIII– se dividen en tres naves, la central aproximadamente el triple de ancha que las laterales, y, además, el primero de estos tramos es notablemente más largo que el segundo –que, además, es algo irregular–. Como veremos, estas naves laterales se generaron al ampliar hacia los pies los brazos del crucero. Por su parte, el tercer tramo, a poniente –el medieval–, es más estrecho y algo más bajo que la nave central. Se corresponde con la parte más antigua de la iglesia que presenta unas características muy particulares y diferentes a las del resto del templo.

A este bloque principal se adosan una cabecera oblonga. Completan el plano la sacristía, al sur, y el pórtico. Por su parte, la torre se encuentra embebida entre un contrafuerte y su husillo de acceso y apenas se manifiesta en planta [6].

El espacio interior es fiel reflejo de su planta. Pese a su irregularidad la imagen general es bastante uniforme, con la nave central y la cabecera casi a la misma altura, aunque las laterales del segundo tramo son algo más bajas. A dicha regularidad ha contribuido notablemente la restauración del edificio en 1992, que incluyó la renovación integral del piso y el enlucido de paredes y techos, dando un aspecto homogéneo a todo el conjunto.

También al exterior presenta una imagen unificada gracias a la cubrición mediante un tejado común de casi todos los espacios y la disposición del pórtico envolviendo el cuerpo de los pies.

Para solventar el desnivel del terreno sobre el que se asienta se ha dispuesto un sólido estereóbato, que en la cabecera se aprecia reforzado por tres escalones leves del aparejo destinados a ensanchar la cimentación del edificio [7].

El aparejo es invisible al interior, con excepción de algunas partes estructurales –pilares, arcos y nervios–, en que aflora la sillería. Pero en el exterior se aprecia una fábrica muy variable, con zonas de mampostería y otras de sillarejo e incluso sillería [8]. El contraste es especialmente llamativo en el cuerpo del siglo XVIII (la cabecera y los dos primeros tramos), donde, sobre una zona baja de mampostería y tras una deja, se usa abundante sillería caliza y ferruginosa, aunque combinada también con mampuesto recuadrado [9]. En el cuerpo de poniente, sin embargo, domina el mampuesto, con mucho canto de río, reservándose una sillería no muy apurada para el contorno de los vanos y los ángulos [10].

El pavimento [11] es en su mayoría de tarima de madera, con perímetro y algunos pasillos de losa de piedra. El presbiterio se eleva con unas gradas también de piedra. Es todo fruto de la restauración de 1992.

Los soportes esquineros del tramo de los pies son pilares de compleja sección con tres columnitas, la central con filetillo, flanqueadas por concavidades [12]. Todo sobre una base prismática con molduras de penetración y arriba capitel faja [13]. Estos elementos se repiten en el arco que da paso al cuerpo principal de la iglesia [14], aunque algo simplificados (falta el filete, las penetraciones se suavizan [15] y los capiteles son de tipo más geométrico [16]). Todo esto, evidentemente, corresponde a aquel templo tardogótico, del que en el exterior, reaprovechados en el murete de la casa cural, aparecen restos de tres capiteles [17] con decoración de palmetas y mano con una bola [18] y una clave de bóveda [19] con rosetas.

Ya en la parte del XVIII las naves se separan por pilares facetados [20] que son de ladrillo enlucido, correspondidos en los muros por pilastras, unas poligonales y otras lisas, con capitelillos toscanos [21], del mismo material, que en los ángulos se convierten en ménsulas de vaso con perinola [22]. Por su parte, la embocadura de la cabecera se define por pilares toscanos cruciformes sin basa, pero sí con capitel [23].

Fuera del templo, dos contrafuertes esquineros [24] aseguran el estrecho volumen de poniente. Con pequeñas dejas molduradas, se elevan casi hasta la cornisa del tejado, donde se ataludan [6]. Los contrafuertes arrancan de un elevado plinto rematado en un talud moldurado que en el del sur se enriquece con un segundo talud más bajo en caveto [25].

En el cuerpo de los pies la cubierta es de crucería simple apuntada [26]. Los nervios arrancan de los capiteles faja descritos y de ménsulas de vaso con cardinas (lado evangelio) [27] y ave y flor [28] (lado epístola). Son de nervios adelgazados por sucesivos rebajes cóncavo-convexos y frente de bocel con filete, sistema que se repite, agudizado, en los formeros y se duplica en el fajón que da paso a las naves [29]. Todos son arcos apuntados. Al centro, clave festoneada con angrelado y figura de San Pedro Papa [30], de medio cuerpo, con llave y libro, que ha perdido su policromía. Otras dos claves de la bóveda tardogótica se conservan sobre uno de los accesos [31] y, como ya se ha indicado, en el murete de la casa cural [19].

Por su parte, las naves laterales presentan bóvedas de lunetos [32]. La calle central lleva crucerías [33], que, en la zona de conjunción con el cuerpo de los pies, se ve penetrada por un luneto [5] que ayuda a solventar la leve diferencia de nivel entre ambos espacios. La cabecera, ligeramente más baja que la nave central, repite los lunetos [34].

El tejado [35] es a cuatro aguas con la cumbrera corrida, con los correspondientes cuerpos transversales para los brazos del crucero al primer tramo, mientras que el segundo tramo –un añadido tardío– se cubre con faldones que extienden el tejado general.

Las ventanas principales son vanos de medio punto abocinado. Se abren en el muro sur del ábside, y dos a cada lado del primer tramo [36], uno de ellos no original, y otro más en cada cara del segundo. Completa el fenestraje del templo un óculo de doble nacela con bocel exterior [37], en el hastial de poniente. Todos estos huecos se cierran en la actualidad con vidrieras recientes [38], diseñadas por el sacerdote y pintor José María Muñoz.

Existió, además, una ventana, geminada, de arcos con boceles sobre basecillas de penetración [39], y dotada al interior de cañón escarzano y moldurados asientos [40]. Estaba en el muro sur del cuerpo de los pies, a la altura del coro, donde hoy pueden verse –tanto al interior como al exterior– sólo sus restos tapiados.

Hay tres accesos. El principal [41], a poniente, es un gran arco levísimamente apuntado al intradós, ya en medio punto al trasdós, con jambas y rosca recorridas por dos bocelillos de bases de penetración [42] y grandes dovelas radiales. Éstas, van protegidas por una chambrana de bocel y filete que se quiebra en casalicio de orejera central para figura (inexistente) sobre peanita, también de bocel y filete [43]. El cañón, escarzano, conserva goznes y tranquera [44]. En una de las jambas aparece tallada una roseta inscrita en un círculo [45].

Los otros dos ingresos son sencillos escarzanos a los pies de las naves laterales. En el del lado norte la rosca está completamente rehecha [46]. Sobre el del sur [47], puede verse una clave de bóveda reaprovechada con una imagen del Agnus Dei [31].

El coro ocupa todo el tramo inferior [48]. Es una estructura holladera sobre vigas de hierro forradas de madera. Es reciente, aunque sustituye a otro lígneo de similares características, pero algo más alto. Se iluminaba mediante la ventana de asiento hoy tapiada [40], al lado de mediodía, y el óculo a los pies [37].

Se llega a él a través de un interesante husillo, labrado con mejor aparejo en la parte inferior que en la superior. Presenta un elegante acceso en medio punto [49] de doble nacela y penetraciones [50], con cañón escarzano. Da paso a una escalera helicoidal de nabo recto y escalones triangulares [51], iluminada mediante aspillera de gran derrame inferior [52]. Desemboca en el coro a través de un nuevo medio punto sencillo [53]. El husillo, sin embargo, continúa, ya que sirve también de subida al campanario.

La torre [6] apoya sobre el contrafuerte del ángulo noroeste y la escalera helicoidal [54]. Como consecuencia de este peculiar asentamiento, su orientación es irregular, con su eje formando un ángulo de unos 45° con respecto al del buque del templo.

El cuerpo de campanas se compone de dos niveles aparejados en sillería arenisca [55]. El inferior es un sencillo prisma liso que sirve para elevar el campanario por encima del nivel del tejado. El superior arranca de una placa lisa y presenta las aristas levemente ochavadas, con los vanos cardinales de medio punto perforados en tableros rebajados con alfeizar a nivel del suelo, moldurado. Una nueva moldura recta da paso a la cúpula, hemiesférica [56], con balaustres estilizados en los ángulos y linterna y remate en cupulín con cruz-veleta. Se ha añadido a la cúpula una esfera de reloj.

Al norte del tramo de los pies existía un osario [57], un sencillo espacio rectangular al que se llegaba desde el sotocoro. Fue desmantelado en la obra de 1991-1992, quedando hoy tan solo su huella.

La sacristía se sitúa en el lado sur. Es una obra moderna sin interés, que se comunica con el templo mediante dos accesos escarzanos [58], uno al ábside y otro al primer tramo. Es, en realidad, parte del piso superior de la casa rectoral.

Envolviendo el cuerpo de poniente, pórtico [59] de murete de sillería con pies derechos para tejavana y piso enlosado. Es reforma del anterior, que se conformaba de igual manera, llevada a cabo a principios de la década de 1990.

En la fachada de los pies existió un pórtico más alto, cuya huella se percibe aún en el muro [10], a la altura del óculo –probablemente fue la razón de que se cegara ese vano–. No sabemos cuando fue desmantelado.

Como en tantos otros casos, Iturriza sitúa la fundación de Santa María en fechas muy lejanas: hacia 1208, cuando sería trasladado el culto desde el apartado templo de Santa Lucía de Elgezua, desde entonces reducida a la condición de ermita. Pero también en este caso la primera referencia sobre la iglesia se retrasa hasta 1383, cuando aparece incluida entre las de patronato real, aunque los Abendaño obtenían de ella ciertos derechos económicos. Un siglo más tarde, hacia 1480, se repetían el dato y la situación1ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, vol. 1, pp. 215, 391. DACOSTA MARTÍNEZ, 1999a, p. 27..

El edificio sería rehecho a principios del siglo XVI. En efecto, el tramo de los pies, que como hemos visto es en todo diferente al resto de la construcción, corresponde a un templo gótico-renacentista que podemos reconstruir de forma bastante exacta gracias a la excavación arqueológica del interior de la iglesia llevada a cabo en 19912RAMÓN CASQUERO, 1991a, pp. 152-154.. Era de una sola nave dividida en tres tramos y dotada de una cabecera ochavada de tres paños. Seguía, por tanto, un modelo muy frecuente en el tardogótico rural vizcaíno, pero con ambiente absidial ochavado, algo menos usual.

De este edificio queda, como se ha indicado, el tramo zaguero entero, sin duda conservado para albergar el coro, y algunos restos menores (un par de claves y los capiteles restos de nervaduras). Todos los elementos (accesos en medio punto o ligeramente apuntados, chambrana del ingreso principal, penetraciones, nervios agudos, claves) nos permiten fechar aquella iglesia hacia 1520.

En 1616 el teniente del corregidor y sus peritos daban una somera descripción de ella: estaba acabada, con paredes fuertes, y totalmente abovedada; plementos y muros estaban enlucidos al interior3AGS, Patronato eclesiástico, leg. 184-200.

En 1660 se ocupaban el cantero Martin de Garai Echevarría, el carpintero Martín de Errecalde y el herrero Francisco Carral de levantar la torre. Pero sólo unos años después había que reconstruirla “por la ruyna que hiço el rayo en el año de sesenta y uno, que fue al otra noche de la Presentacion de Nuestra Señora por el mes de noviembre”. Al término de la nueva obra, en 1663, se gastaron 20 reales en dar una cena “a los canteros y demas personas y peones y carpinteros que asistieron”. Un nuevo rayo afectó al campanario en 1676, pero con consecuencias menos graves4AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica, 1660-1695, sign. 3362/046-00..

También en 1663 se hicieron los muros del pórtico, que en 1665 empedraba Marcos Alonso de Gordón o Bordón “maestre empedrador”5Ibid. .

En 1736 el visitador observa que la iglesia es pequeña para albergar a todos la feligresía “pues muchos de ellos por no caber en la yglesia los oyen desde el cementerio (=pórtico), y fuera de el”, ordenando que se hagan trazas y redacten condiciones para agrandarla, orden que sin embargo tardaría aún mucho tiempo en cumplirse, quizás por falta de medios económicos o por la oposición del patrono, el Marqués de Baldecarzana –con el que hubo que pleitear para lograr que cediera parte de los diezmos–. Mientras tanto, se efectuaron algunas reformas menores: entablamento del coro, instalación de vidrieras, enlucido de iglesia y sacristía (1741) y uno más de los habituales retejos (1747)6AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00; Libro de fábrica: recaudaciones de diezmos y tercias, 1735-1741, sign. 3357/004-00. .

En 1758 el visitador repetía el mandato, concretando que era preciso ensanchar el templo, además de reparar la torre, afectada por un rayo7AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00. . Como vemos, este fenómeno de la naturaleza fue un problema habitual para la torre de Igorre.

Pese a todo, la escritura de la reforma de Santa María se retrasó bastante: las obras debieron empezar en 1786, fecha en que Pedro Francisco de Avendaño se encargaba de comisionar la reedificación y aumento de la nueva iglesia con su nuevo crucero. En 1789 intervenían también los pintores montañeses Francisco y Juan Ruiz de Munar para dorar el nuevo crucero. El coste total del “crucero”, finalizado en 1791, fue de 94.628 reales y 29 maravedís. Para pagar esta obra se contó con la colaboración económica de las ermitas del municipio, algo poco frecuente8Ibid. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de cuentas de la ermita de Santa Lucía, 1795-1811, sign. 3356/003-00; Libro de cuentas de la ermita de San Miguel de la Tortura, 1716-1839, sign. 3357/005-00..

El resultado de esta obra fue una ampliación del edificio tanto en anchura como en longitud, añadiéndose, además, como ya se ha visto, un crucero. El material utilizado fue sillería poco apurada en la parte inferior –es especialmente visible en el zócalo que aterraza el solar– y, por encima, mampostería. La obra es, en general, modesta: las pilastras del interior carecen de capiteles, y no hay cornisa al exterior, lo que denota una gran economía de medios.

Esta misma precariedad sería la que llevó a respetar el tramo de los pies, que mantuvo su bóveda original sirviendo al coro y que incluía elementos cuya sustitución hubiera sido difícil y, sobre todo, costosa (acceso principal, escalera de la torre, la torre misma).

En 1819 se emprendieron las obras de reconstrucción de la torre, arruinada una vez más por otro rayo caído años atrás. El bilbaíno Antonio Echániz trazaba un plano para cuya ejecución calculó un coste de más de 19.000 reales. No debió de estar de acuerdo con estas cifras el patrón, quien a fines de aquel mismo año encargó a Agustín de Humaran la revisión del asunto. En 1819 Humaran hacía su proyecto y redactaba las condiciones, presupuestando la obra en 15.950 reales; poco después eran aprobadas en Calahorra. A principios de 1820 Mauricio de Lexariturri, vecino de Bérriz, a quien se calificaba como «uno de los más afamados y mejores canteros de este país», se llevó el remate de la obra por 10.364 reales. La torre se entregó en 18249AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00; Papeles Varios, 12, doc. 6ª; Petición de Antonio Lopez de Cardiñanos en nombre de Emeterio de Urquiza y Juan Antonio de Estancona, mayordomos de la fábrica de Igorre, para la concesión de licencia para las obras de la iglesia, 1819, sign. 3363/006-00; Solicitud de licencia por Francisco Ramón de Eguia, presbítero y beneficiado de la iglesia parroquial de Igorre, Eustaquio de Ibarrondo y Gregorio de Iruarrizaga al Obispo para recibir algunas cantidades con devolución para atender a la reparación de la torre campanario, 1820, sign. 3362/045-00..

En épocas posteriores sólo se hicieron algunas obras menores (1860-1862), hasta que en 1889 se renovaron las bóvedas de la ampliación diceiochesca10AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00; Correspondencia de José Ramón de Yarritu, presbítero gobernador, Provisor y Vicario General de este obispado de Calahorra y La Calzada, dirigida al Cabildo y mayordomo de Igorre, ante el pedimiento de Tadeo de Yruergas para la reparación de la iglesia parroquial de Igorre, 1860, sign. 3363/004-00; Recibos extendidos a los mayordomos y de estos a segundas personas a cuenta de la fábrica de la parroquia, 1861, sign. 3363/054-00, Carta de compromiso de realizar los trabajos de albañilería, 1889, sign. 3362/058-00; Resumen de las obras de albañilería de la iglesia de Igorre, sign. 3364/030-00..

En 1920 se procedió a la ampliación de la iglesia bajo la dirección del arquitecto Antonio de Araluce, vecino de Getxo11AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00; Correspondencia entre Hilario de Soloeta y el obispo de Vitoria, 1920, sign. 3364/023-00; Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00. . En concreto, se crearon las naves laterales mediante el procedimiento de extender los brazos del crucero hacia el oeste, hacia los pies. Para separar los nuevos tramos se alzaron los pilares y parte de las pilastras, al tiempo que se añadían capitelillos toscanos –de yeso– a las pilastras de la embocadura del ábside, correspondientes a la obra barroca. Durante el tiempo que duraron las obras, el culto se trasladó a la cercana ermita de los Santos Antonios.

Sin embargo, en lugar de hacer los dos tramos iguales, el primero mantuvo la altura del antiguo transepto, mientras el segundo quedaba mucho más bajo. Es posible que esta diferencia de proporciones se deba a la voluntad de crear un espacio amplio y sin estorbos ópticos en la zona central del templo, ya que no existían impedimentos para haber dado las mismas dimensiones a todos los tramos.

Esta transformación es perceptible, además, por el diferente aparejo de los muros; en la zona nueva abunda la sillería caliza, aunque irregularmente distribuida.

En 1991-1992 se realizó la última reforma de la iglesia. En concreto, se entarimó, limpiaron las paredes externa e internamente –donde se enlucieron y pintaron– y retejó, recuperando alguno de los vanos, como el óculo de los pies, cegado hasta entonces. Además, se suprimió la osera, y se renovaron íntegramente el coro y el pórtico.

La iglesia de Santa María es un templo de difícil lectura y, en conjunto, de modesta calidad constructiva. Sin embargo, acoge algunos elementos de cierto interés, como es el tramo de los pies, con el acceso y el husillo muy representativo de la arquitectura religiosa que a principios del siglo XVI se hacía en buena parte de las comunidades vizcaínas.

Pero la reforma de 1787-1793, que aparece realizada con escasos medios y pocas exigencias en el acabado, dio lugar a un peculiar híbrido. La propia torre de 1819-1824, aun siendo bastante mejor, se dispone de forma pintoresca. Y esto se vio muy agravado en 1920, cuando no sólo se alteró la tipología del templo barroco, sino que se introdujo una fórmula insólita.

Con todo, esta confusión ha quedado notablemente paliada con la última reforma, que ha hecho del interior del templo un espacio bastante homogéneo, uniforme, gracias al entarimado de suelos y encalado de paredes. La situación actual, consolidada, es la de un aceptable y agradable edificio, aunque de modesta significación arquitectónica.

MOBILIARIO

La biografía del amueblamiento de la iglesia es jugosa y la documentación arroja bastantes datos.

Entre las noticias más antiguas e interesantes, encontramos la referencia al hallazgo de unas reliquias de la Virgen, con fecha 9 de junio de 1633. El párroco de la iglesia, conocedor de ciertos rumores sobre la existencia de importantes reliquias escondidas en los muros del templo, convocó a un escribano y a un cantero para realizar las pertinentes investigaciones. En consecuencia, en la pared tras el retablo mayor, “en un cabo de dicha capilla a la parte del evangelio”, detrás de unas letras escritas en la tabla de dicho retablo, “pegante al altar mayor detras del rrelicario del santissimo sacramento”, hallaron una cruz marcada en una piedra, y tras levantar dicha piedra y una tabla que había dentro llegaron hasta un vaso de metal y un envoltorio pequeño que, según un papel explicativo, contenían las reliquias de la leche y cabellos de la Virgen María. Vecinos y vecinas daban veracidad al hallazgo con sus testimonios, en los cuales declaraban saber de su existencia por la información transmitida de generación en generación y la presencia de peregrinaciones en tiempos pasados. El sacerdote, prudentemente, devolvió las reliquias al lugar del hallazgo a la espera de poner construir un relicario adecuado. Lamentablemente no sabemos nada más al respecto, y el muro al que se refieren los textos ya no existe, pues fue sustituido en la reforma del siglo XVIII12AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Testimonios sobre el descubrimiento de las reliquias de la Virgen Santísima, 1633, sign. 3363/078-00..

Además de esta curiosidad, a partir del siglo XVII, desde 1660, se suceden las anotaciones en cuentas y visitas relativas a distintos elementos de mobiliario.

En aquel año, se pagó a Esteban de Ytorrondo Beitia por la obra del púlpito; al bordador Gabriel de Butrón por una casulla y aderezos de otra y a otro bordador de nombre Mateo de Gojenola, por una estola y manípulos13AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica, 1660-1695, sign. 3362/046-00..

Parece que el templo contaba con tres altares, pues en 1661 se dice que había dos cálices y que tenía que encargarse un tercero de plata para que hubiera uno en cada altar. Y unos años después, entre 1663 y 1677, siguen con encargos de ornamentos textiles: en 1663 estolas y manípulos, pagados a Mateo de Arriquibar, en 1665 una casulla de damasco “con su franxon de oro”, en 1667 un paño de púlpito negro y un antealtar negro, “por neseçitar la dicha fabrica de anbas piesas por no las haber tenido antes nunca” pagadas al bordador Antonio de Trabudua. A este mismo un año más tarde se le paga por una casulla y un “paño de pulpito de damasco carmessi con su flocadura de seda”. Y en 1677 adquieren una casulla morada y otra blanca14Ibid. .

Obras de otra tipología se registran también en los libros, quizás no tan abundantes como los textiles. Así, en 1665 se pagó al mismo Esteban de Yturrondo que hizo el púlpito, por dos atriles nuevos y una cruz para el altar mayor, quizás obras de madera; en 1677 se compraron unas vinajeras de plata y en 1690 hay un descargo de 440 reales por “pinttar los quatro lienzos del retablo del altar mayor”. Parece que aquel retablo ya existía en 1616, y que estaba “razonable”, con cuatro tablas pintadas, un sagrario nuevo e imágenes de la titular y la Virgen del Rosario. Se citan otros dos muebles: un retablo pequeño y bueno en el lado del evangelio, con bultos enteros, sin dorar; y en la epístola, otro también pequeño, pobre, con bultos pequeños y deslustrados15Ibid. AGS, Patronato eclesiástico, leg. 184-200..

Pasando al siglo XVIII, sigue el menudeo de adquisición de textiles, como las cinco capas, tres casullas con sus estolas y manípulos, y dos dalmáticas, que se compraron en 1739. Aunque mucho más singular fue la llegada en 1734 de unas arañas de plata enviadas desde las Indias por Juan de Ugarte, residente en Veracruz (México)16AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00..

Por otra parte, apenas tenemos noticias de imaginería, aunque a mediados de la centuria, en 1758 hay una observación del visitador que ordenó que “se entierre por yndezentte la ymaxen que estta en el alttar, junto a la puertta de la sacristtia”. Poco después, en 1764 se trajo de Bilbao un “busto de San Juan Evangelista” que costó 344 reales. Entre ese año y 1769 quedan anotados otros descargos, en concepto del aguamanil de la sacristía, “la sobrepila”, “quatro baras de sarxa morada sobre las que dio un deboto para la capa del San Juan y las echuras”, el pago al maestro pintor Juan de Valois, por pintar las dos urnas de San Juan y la Soledad, y el coste de las vidrieras17Ibid..

Y llegó el momento de cumplir con el mandato dado por el visitador ya en 1758 que advertía de la necesidad de ensanchar la iglesia. Se registran varios apuntes sobre obras en el edificio y era hora de cambiar también el retablo, aquel que existía al menos desde comienzos del siglo XVII. Fue en 1774 cuando se pagó a “barios carretteros y caballerias para el acarreo del rettablo para la parroquial”, que se trajo de la iglesia de los Santos Juanes de Bilbao, cuyo coste ascendió a 3.000 reales pagados en 1781. En ese mismo año se encargó a Manuel de Acebo “una efigie de Jesucristo para sobre alttar maior”, que será la que corona el ático del retablo actual. Son años de renovación del templo y nuevo amueblamiento, y de hecho también se adquiere una custodia o relicario de plata, y se componen varios ornamentos. Parece que en la última década del siglo XVIII la obra civil había acabado y se estaba trabajando en pintar y dorar el “nuevo cruzero”, labor ejecutada por los pintores cántabros Francisco y Joaquín Ruiz de Munar.

A comienzos del siglo XIX, los datos que tenemos aluden al pago por la nueva campana, la fundida por Antonio de la Hoya y que sigue en la torre de la iglesia. Se pagó a plazos y deduciendo lo correspondiente por fundir la vieja, lo que, por cierto, se hizo en Ugao-Miraballes18Ibid. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Condiciones por las que se obliga Antonio de la Hoya a fundir la campana de Santa María de Yurre, 1814, sign. 3363/037-00..

Mediado el siglo, se anotan arreglos diversos, como el efectuado por el platero Ramón de Urate en un incensario de plata o los gastos por limpiar las imágenes de Nuestra Señora y otros santos. Se compraron así mismo un terno de damasco negro y un armario para el archivo. Y en 1865 se hizo un pago al Convento de la Esperanza de Bilbao por una “capa pluvial morada nueva, casulla con su correspondientes adherentes, dos estolas y una bolsa para llevar el señor”. Casi en el final del siglo, volvemos a hallar gastos en ornamentos: a “Pedro Ruiz, de Calahorra, […] por un terno de damasco seda, negro compuesto de capa, casulla, dos dalmáticas y paño atril” y a “los señores Picaza Hermanos […] por una casulla encarnada con todos sus accesorios y veinte varas de galón de seda amarilla”19AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00..

Respecto de los elementos de servicio a la liturgia, la platería de calidad no es lo más habitual, optando por soluciones prácticas y más baratas. En 1894 se compró un copón de metal blanco, acaso uno de los que se conservan, también “una copa de cáliz” o dos patenas de plata dorada a la casa Anduiza de Bilbao, que además se ocuparon de adecentar otras piezas existentes, un cáliz y el dorado de dos copas y una patena.

En 1900 y siguientes años, hay descargos por la hechura de algunas imágenes: Pascual Aurrecoechea ejecutó una imagen del Corazón de María para el altar mayor, tal vez pareja del Sagrado Corazón de Jesús que se conserva, y se compró una imagen nueva del Rosario. Se citan los nombres de varios artífices que sobre todo hacen reparaciones, como el escultor Pedro Sorriguieta, que se encargó de arreglar el altar de la Purísima, que se había quemado, y los confesionarios, Isidro Menchaca que arregló el púlpito, pintó dos mesas de los altares colaterales y retocó el altar mayor, José Sciortino que se ocupó de dorar un copón grande de plata (tal vez el copón-custodia que se conserva en el Museo de Arte Sacro), otro copón y un cáliz.

Quedan en el anonimato el arreglo de los “altares del Corazón de Jesús y de San Pedro, peanas para colocar las efigies de San Miguel, Santa Bárbara, San Roque y San Sebastián, con sus pinturas”.

Igualmente aparecen varias compras, como un armario nuevo con su cajonería para la sacristía, 16 cruces para Vía Crucis pagadas a Sorriguieta y una imagen de San Francisco. Aquel año de 1912 cuando se compró este santo, el ajuar se completaba con la donación de María de Goicoechea, que regaló “un estandarte con dorado fino para los terciarios de San Francisco”. Dos años después el presbítero Melchor de Andonegui y Arraibi, natural de Igorre, donaba un cáliz con su estuche, y en 1916 Julia de Zavala donó dos brillantes para la custodia20AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00; Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00..

A partir de un inventario de 1904 podemos reconstruir cómo era el amueblamiento del templo en aquellas fechas. Relatado con detalle, entre un extenso listado señala la existencia de siete altares, con denominación y ubicación de distintas tallas, la presencia del púlpito, varias piezas de platería, entre ellas las arañas, etc21AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00.

Desde los años 20 del siglo XX, de nuevo dan comienzo nuevas obras de ampliación del templo, y las rentas se orientan básicamente a hacer frente a estas prioridades, por lo que “se suspende todo arreglo de ornamentación”. Trasladan el culto a la cercana ermita de los Santos Antonios. Son por tanto, muy puntuales los apuntes acerca del mobiliario. Entre ellos la compra al platero Miguel Marotta de un copón, dos platillos, 16 candeleros y una cruz, en 1925; o, más destacados, la construcción de un nuevo altar dedicado a la Purísima Concepción, con las efigies de San Francisco, San Luis y La Purísima, en 1929, y la realización de otro para la Dolorosa, con San Juan y debajo Cristo “vidente” (sic)22Ibid..

Posteriormente, los mayores cambios han tenido lugar tras el Concilio Vaticano II (1962-1965), cuando los nuevos preceptos en la liturgia dictaron prescindir de numerosos elementos que fueron condenados al olvido –cuando no a su desaparición– o trasladados al Museo de Arte Sacro.

Retablística

 

Retablo mayor [60]. Madera dorada y policromada. Ocupando el testero, se divide en banco, cuerpo y ático. Cuenta con tres calles, aunque las laterales actúan casi como retablos independientes, pues tienen sus propios sagrarios y, hasta los años 70 del siglo XX, mesas de altar.

El banco [61] muestra paneles cajeados, con sagrarios [62] en los laterales de marcos carnosos quebrados en orejas y volutas de foresta con frutos, y se rematan en tambanillo de cartela vegetal con concha.

En el piso los ejes se definen por pilastras cajeadas frenteadas por salomónicas compuestas de cinco espiras [63], que a los lados de la calle central se triplican, adelantándose una de ellas. Todas apoyan sobre ricas ménsulas de hojarasca avolutada con graciosas cabezas de querubines cuyos cabellos se metamorfosean en roleos vegetales [64].

Los entrepaños y enmarques externos, apilastrados, se llenan de ristras de frutos y telas, muy naturalistas y jugosos. Además entre los grupos de columnas del centro se generan espacios para acoger imágenes [65], sobre ménsulas de base redonda decoradas con vegetales y arriba espejo enmarcado en fronda y frutos.

Las casas llevan marco vegetal con hojas enrolladas muy carnosas, rotas en orejera central [66]. Sobre ellas vuelan grandes tarjetas vegetales con concha en las laterales y espejo en la central, todas sobre cabezas de querubines [67].

El entablamento se articula en quiebros rectos, siguiendo la estructura portante. La cornisa vuela bastante y apoya sobre canes de hojas.

En el ático [68] la calle mayor mantiene el sistema del piso, aunque en los laterales se cierra a modo de arbotantes enmarcados por grumos vegetales. En los entrepaños se repite la decoración de hojas, muy plástica, quizás en un intento de crear efectos de perspectiva. El remate de la calle central del ático es una de las más pródigas cartelas vegetales de toda Bizkaia [69].

Respecto de las imágenes, preside el retablo una talla de la Asunción de la Virgen [70] sobre base de nubes con angelitos y cabezas de querubines. Resulta una obra dinámica, de composición ascensional y diagonal, pero sin transmitir movimiento violento sino más bien grácil y elegante. La figura muestra un rostro idealizado, de expresión contenida, con la cabeza elevada y mirada hacia lo alto. Viste ropas amplias, con caída algo dura y manto más volandero. Los angelitos [71] que le acompañan están dispuestos juguetonamente, con cierto naturalismo. En la policromía predominan las tintas planas, con el detalle de puntillas sobrepuestas en el manto de la Virgen. Aún con resabios compositivos de gusto rococó, se acerca ya al neoclasicismo, acaso salida de taller alavés a finales del siglo XVIII.

La calle de la izquierda está ocupada por la talla de San José con el Niño [72], que recuerda compositivamente a la Asunción, en su esquema en diagonal, pero lejos de aquel dinamismo. La figura en pie sostiene al Niño sobre uno de sus brazos, dirigiendo su mirada hacia un lado, pero no hacia Jesús. Su rostro es de facciones angulosas, aunque dulce, sin dramatismo. Se atavía con túnica y manto, de pliegues algo quebrados sobre todo en el manto que cruza por delante. Al igual que en la Virgen titular, la policromía es plana, con toques de estofado en los bordes. Por su parte, el Niño Jesús se presenta desnudo, es de anatomía bastante recia, blanda, mostrando una actitud desenfadada y cercana. La obra será de la misma mano que la titular, de finales del siglo XVIII. Tal vez obra de Manuel de Acebo, escultor cántabro autor del Cristo crucificado del ático23AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00..

Al otro lado, se sitúa la imagen de San Francisco Javier [73]. Se trata de una talla frontal, en pose declamatoria, que muestra agitación, cuyo modelado anatómico queda oculto por las vestiduras. Muestra gesto místico, algo neutro, dirigiendo la mirada entornada hacia el crucifijo que sostiene en alto y que presenta al espectador. El otro brazo queda extendido, añadiendo expresividad. Viste sobrepelliz de plegado menudo, abundante y natural, que cae en vertical lográndose mayor meneo en la parte baja más ondulada. Justamente es en esta parte y los otros bordes donde se añaden algunos motivos estofados de vegetales, sin gran riqueza técnica. Lo más rico de la policromía resulta la estola, a base de grumos y hojas en progresión sinuosa, en tonos verdes y rojizos. Le cuadra bien la misma cronología que el San José, un barroco residual transitando al neoclasicismo, hacia finales del siglo XVIII. Próximo al estilo de Manuel de Acebo.

En este mismo nivel, encontramos en los espacios de los intercolumnios, las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y San Valentín de Berriotxoa [74], de raigambre ecléctica. Contamos con el dato de que en 1907 el historiador y político Aristides de Artiñano, donó la imagen del beato junto con otra de San Roque24AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00..

El ático es para un Cristo crucificado [75], de anatomía equilibrada, en ligera curvatura, con musculatura suave y los brazos casi en horizontal. Y marca la caja torácica con mayor tensión y naturalismo. Ladea la cabeza hacia un lado, con los ojos cerrados, con rictus sereno. Está dotado de un lenguaje contenido y espiritual. Se cubre con perizoma movido, trabajado con sinuosos y amplios pliegues, que vuelan a los lados. Las carnaciones son claras y pulidas, con los efectos sanguinolentos muy contenidos. La obra transita hacia una sensibilidad más calmada. Fue labrado por Manuel de Acebo, escultor cántabro vecino de Bilbao, en 1782, cobrando por su trabajo 824 reales25AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00..

A los lados de esta imagen, se sitúan una pareja de tallas. A la izquierda imagen de un evangelista o apóstol (tradicionalmente identificado con San Pedro) [76], resulta una figura de formas contundentes, volúmenes pesados, que cubre su cuerpo con ropas amplias de pliegues alatonados. Sostiene un libro y con la otra mano levantaría otro atributo, perdido. Su gesto es elocuente, pero contenido. La policromía es de lo más notable, a base de estofados de roleos, ces enfrentadas, grumos, etc. Barroca, segundo tercio del siglo XVII. Al otro lado, en la derecha, parece tratarse de San Pablo [77], a menos que el atributo (espada) sea un añadido posterior. Es una figura frontal en discreto avance, con un brazo sujetando el libro y el otro levantando la espada (o cuchillo?). Muestra gesto enfático, pero controlado. Se viste con túnica y manto cruzado por delante y desplegado por un lado, de pliegues amplios, gruesos, pero más blandos que la anterior pieza. El estofado también difiere del de la obra precedente; mientras los bordes siguen el mismo esquema que la anterior, las partes centrales del manto presentan tallos más amplios. Su rostro resulta menos virtuoso, con expresión inerte. Barroco, hacia 1700.

En la parte alta del ático, al centro va imponente cartela vegetal, y a los lados pareja de ángeles [78] arrodillados con las alas desplegadas, barrocos de hacia 1710.

Además de las piezas escultóricas, el retablo ofrece otras pictóricas. En este nivel del ático, los espacios a modo de arbotantes, se ocupan con sendos lienzos que representan la Fe [79] y la Esperanza [80]. Muestran figuras de raigambre clásico, de rostros idealizados, vestidas con ropas amplias que caen elegantemente. Exhiben los atributos que las identifican (mujer con los ojos vendados con un cáliz, la Fe; y la otra con un ancla en gesto de espera, la Esperanza). La paleta hace uso de tonos cálidos, con transiciones suaves y un modelado sin grandes contrastes. De fondo les acompañan querubines entre nubes. Serán poco más o menos coetáneas a las tallas del primer piso, aunque con mayor carga académica y por tanto más vinculadas al neoclasicismo.

Otra pintura encontramos en la puerta del sagrario de la calle de la derecha, una tabla con la imagen de Santo Domingo de Guzmán [81] (50 x 24). En este caso, la paleta resulta oscura y limitada, con la iluminación muy controlada. Se trata de una figura aislada que emerge delante de un paisaje bajo, levemente contrastado. Se presenta estable, insinuando un discreto movimiento con una de las rodillas, y sosteniendo el crucifijo mientras eleva la otra mano en gesto exhortativo. Las telas resultan simples, atendiendo más al volumen que al detalle. Aun con herencia tenebrista, será barroca de hacia 1710.

Este mueble perteneció a la desaparecida iglesia de los Santos Juanes de Bilbao, ubicada en el lugar donde hoy se alza el antiguo hospital de Atxuri ─actualmente centro de Formación Profesional─. El promotor fue Juan Bautista de Mascarua, general de la Flota y caballero de la Orden de Santiago. La traza corrió a cargo de Martín de Olaizola, vecino de Elorrio, en 1708, quien se encargó también de la escultura menor, «chicotes» y «sirenas» (sic), junto con José de Alcorta, de la misma vecindad. Tuvo un coste de 12.000 reales, desarrollándose entre 1708 y 171026ZORROZUA SANTISTEBAN, 1998a, pp. 248-249..

La casa central estaba destinada a los titulares ─Santos Juanes─ y los restantes bultos eran de los Santos Padres, lo que hace suponer que las otras casas estarían destinadas a pinturas, como parece por sus dimensiones (muy altas y poco profundas), formato extraño para bultos27BAHP-AHPB, Protocolos de Manuel Rentería.- Leg. 3931 (1708-VIII-25)..

En 1784 la parroquia de Igorre lo adquirió por 3.000 reales, aunque unos años antes, en 1774, ya se anota el pago a varios “carretteros y caballerias para el acarreo del rettablo para la parroquial”28AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00.. Sin embargo, hemos de suponer que no debió de ser instalado definitivamente hasta que se terminó la ampliación del templo realizada entre 1786 y 179329Ibid.. Para adecuarlo al marco arquitectónico el retablo debió sufrir diferentes reformas y mutilaciones.

Retablo de Santa Bárbara [82]. Madera policromada. Antes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, es un mueble de una calle, que no conserva banco ni mesa. El nicho se enmarca por columnas compuestas, sobre un fondo de pilastras cajeadas con guirnaldas vegetales en la parte alta. La casa [83] es de medio punto, cóncavo, con el intradós de casetones para rosetas. Por fuera discurre guirnalda de laurea y tarjeta en la clave de cueros con acantos y flores. Le sigue un entablamento [84] con friso de hojas, cornisa de dentículos y por encima ovas, para dar paso al frontón. Éste es triangular completo, con el mismo ornato que el friso y florón en el interior. La policromía es un marmoleado correcto, en tonos ocres, verdes y rojizos, con varios elementos en dorado. Mueble neoclásico, de hacia 1820-183030ZORROZUA SANTISTEBAN, 1998b, p. 139..

La titular es una Santa Bárbara [85], talla de actitud serena, que sostiene la torre, símbolo de su encierro y martirio. Es de composición esbelta, en contraposto, creando ritmo en diagonal. Muestra gesto y ademán medido, con un bello rostro ovalado y limpio. Los cabellos refuerzan este modelado, con masas suaves y calmadas. Las telas son amplias, combinando algunos pliegues algo aristados con otros más naturales, con profundidad. Respecto de la policromía, hace uso de tintas planas en el manto, junto a finos motivos estofados en dorado; mientras que la túnica luce un diseño más pictórico a base de flores y clavelinas naturalistas, ramos sueltos de trazos amplios, imitando las sedas e indianas rococó que se pusieron de moda desde la segunda mitad del siglo XVIII. Barroca, recuerda modelos de Juan de Munar, tercer cuarto del siglo XVIII. De hecho, sabemos que este artífice y su hermano estuvieron trabajando en el templo en 1789.

Retablo de San Pedro [86]. Madera policromada. Mueble idéntico al anterior, con la única salvedad de contar con un espacio acomodado para sagrario en la peana del titular. El sagrario [87] queda definido por marco moldurado bastante plano con motivos en zig zag, que se abre por arriba en orejas no muy destacadas. La puerta propiamente dicha decora su perímetro con enmarque en relieve de alternancia de hojas estilizadas, orientadas hacia el interior, a lo que ayuda el refuerzo en las esquinas. Por el centro es lisa, aunque posiblemente haya perdido el ornato, pues lo habitual es encontrar motivos de tipo eucarístico. Neoclásico, hacia 1820-183031Ibid..

El titular es un San Pedro [88], que se presenta arrodillado, en el momento de su arrepentimiento, junto al gallo en una rama. Dirige su mirada hacia lo alto, en actitud de súplica, a lo que se suma el cruce de las manos. Su rostro refleja tormento, con fuerte carga emocional, y rasgos no muy duchos. Resulta una composición de proporciones torpes, apreciable sobre todo en brazos y manos, o en el trabajo de las telas, que anhelan el movimiento, pero carecen de naturalidad y resultan en parte secas. La policromía es de tonos lisos, con algunos estofados en dorado, casi de lo mejor de la obra. Neoclásico, segundo cuarto del siglo XIX.

Escultura

 

Resto de imagen de Cristo crucificado [89] (74 x 20 x 14,5). Madera en su color. Talla mutilada de lo que fue un Cristo en la cruz, al que le faltan los brazos y la parte baja de las piernas. Presenta un cuerpo compacto, con buen estudio anatómico y musculatura estructurada simple, con modelado algo rígido. Inclina la cabeza lateralmente, mostrando un rostro erosionado, más hierático que expresivo, con masas de cabello compactas poco detalladas. El perizoma es de lo más original, cruzado por el centro y asomando por detrás de una pierna, con pliegues marcados de ritmo repetitivo. Se trata de una talla renacentista de buena composición, ya del segundo tercio del siglo XVI.

Cristo crucificado [90] (48 x 35 x 9,5, con cruz 70,5 x 40,5 x 12). Madera y pasta policromada. Talla de Cristo muerto, clavado en una cruz arbórea con tres clavos. Muestra cuerpo esbelto, sin gran desarrollo muscular, con tórax bien definido y abdomen suave. Deja caer su brazos formando una V bastante abierta, en una composición estable con un leve giro y torsión de las piernas. Inclina hacia un lado la cabeza, con rostro sereno, ojos cerrados y barba y cabellos simplificados. El paño de pureza es generoso, con pliegues blandos y anudado a un lado. La policromía es una carnación uniforme, con algunos toques de sangre muy limitados. Sigue modelos barrocos, pero será del siglo XIX-XX.

Pintura y obra gráfica

 

Bocetos de vidrieras [91] [92] (41 x 70). Acuarela sobre papel. Bocetos de las vidrieras del templo, obra del sacerdote y dibujante José María Muñoz, en 1991. Uno de ellos muestra los diseños para el altar y lado derecho, y el otro los correspondientes al lado izquierdo y el coro. Son diseños de composición geométrica, en base a una trama de casilleros rectangulares de colores suaves en gradación desde rojos a azules u ocres, que incluyen otros detalles figurativos del mundo natural, como pájaros, caracoles, vegetales y árboles, abejas, el sol y la luna, y también una mano. Son los diseños de las actuales vidrieras del templo [38] [93] [94] [95] [96] [97] [98] [99], cuya ejecución corrió a cargo de la extinta empresa bilbaína Vidrieras de Arte.

Orfebrería

 

Cáliz y patena [100]. Plata sobredorada y esmaltes. Tiene pie mixtilíneo, de base lobulada, que cuenta con el cuerpo de gajos que acogen apliques de motivos vegetales de filigrana y medallones alternos esmaltados y polícromos para imágenes de santos. El nudo es achatado con chatones para esmaltes en azul y letras en blanco. En la copa se repite el ornato del pie, con la subcopa recorrida por labores de filigrana aplicada formando zarcillos y encerrando alguna pedrería y medallones ovalados apuntados para figuras esmaltadas. Le acompaña patena a juego, con decoración grabada del Agnus Dei dentro de tondo y leyenda alrededor. Será pieza francesa, neogótica, de hacia 1900.

Caja de crismeras [101] (caja 17,5 x 26 x 25; crismera 14 x 8,5). Madera y plata en su color. Contenedor sencillo de madera, de forma paralelepipédica, con tapa articulada mediante bisagras, y luce una placa metálica con la leyenda ARCIPRESTAZGO / DE / VILLARO. En el interior guarda tres recipientes iguales para contener los Santos Óleos, indicados con las siguientes inscripciones: OLEUM INFIRM. OI, CHRISMA O.C. y OLEUM CATECH +. Se trata de recipientes sin más valía que la utilitaria, de forma cilíndrica lisa, con tapones del mismo formato, carentes de ornato. En la base muestran sellos plateros: de Bilbao y la cifra 68, del platero Antonio Acha (ACHA), del marcador Eusebio Lecea (LECEA) y burilada. 1868.

Metalistería

 

Atril [102] (6,5 x 29,5 x 25,5). Bronce dorado. Pieza de fabricación industrial, cuyo interés radica en ser un diseño de Antoni Gaudí. 1910-1914.

Campana [103]. Bronce. Esquilonada. Decorada con cruz de calvario diamantada. En el hombro lleva la leyenda IHS MARIA IOSEPH AÑO DE 1796. Y en el mediopié la inscripción LOS MAZOS ME IZIERON. Aquel mismo año de 1796 se pagaron 405 reales al campanero Antonio de Palacio “por una campana o esquilón nuevo”, incluido el porte desde la villa de Bilbao32BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, pp. 116-117..

Campana [104]. Bronce. Decorada con cruz de calvario diamantada. Lleva inscripción en el hombro (…) YURRE ORA PRO NOBIS AÑO DE 1814, y en el mediopié DON FRANCISCO RAMON DE EGUIA ANTONIO DE LA HOIA ME HIZO SIEMPRE.

En 1814 encargaron al campanero Antonio de la Hoya, natural de Arnuero (Cantabria), hacer una campana nueva con la deducción de la vieja que estaba quebrada. El coste total ascendía a 4.547 reales y 17 maravedíes33BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, pp. 116-117..

Campana [105]. Bronce. Esquilonada. Decorada con Cruz de calvario, exaltación de la Eucaristía, guirnaldas y festones. En el hombro reza CON MI VOZ ALABO A MI DIOS y más abajo AÑO 1925. Obra de la casa Viuda de Murúa, en Vitoria-Gasteiz34BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, pp. 116-117..

Otros elementos

 

Restos pétreos (4) [17] (41 x 72,5 x 48,5; 41,5 x 91,5 x 50; 41 x 105,5 x 48,5; clave 40,5 x 53,5 x 54). Piedra. Fragmentos labrados en arenisca, dispuestos y reaprovechados en el exterior del templo a modo de murete. Lo forman una clave y tres capiteles. La primera [19] tiene forma discoidal, y muestra decoración excavada a base de red de rosetas lobuladas, dispuestas en torno a un eje central radial, y que originan entre ellas pequeños triángulos; enmarcando la composición, borde perimetral liso. Los capiteles por su parte [106] [107] [108], son de un volumen considerable, y presentan diversos motivos decorativos, con ruedas solares, hojas esquemáticas y también una mano sujetando una bola [18]. Una segunda clave, con un Agnus Dei [31], se ha instalado sobre uno de los accesos laterales. Se trata de vestigios de la iglesia construida hacia 1520.

Pila bautismal [109] (100 x 88). Piedra arenisca. De copa hemiesférica potenciada en la boca en tres esquinas, con cuerpo de gallones convexos y pie cuadrangular acanalado. Será anterior a 1616, fecha en la que se indica la existencia de una pila de piedra labrada bien acabada, cubierta de tabla cerrada con candado. Perviven en ella algunas grapas de hierro, seguramente colocadas tras la orden dada en 1741 y 1753 por el visitador que mandó que se reparara para que la pila no rezumara35AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00..

Aguamanil [110] (100 x 69 x 36). Piedra. Realizado en mármol negro, tiene pila ovalada y jarrón ovoide, todo en hornacina avenerada. Del siglo XIX, neoclásico. Sucede a otro anterior, por el que en 1765 se pagaban 300 reales36Ibid. .

Puertas de la cancela [111]. Madera. Diseñada con retícula de cuarterones que encierran rombos convexos y al centro puntas de diamante, con montante de gubiazos. Sigue modelos barrocos de fines del siglo XVII, pero será al menos un siglo posterior. Parece que aprovecha parte de herrajes antiguos, aunque contamos con un dato del año 1833 cuando el cerrajero Ramón de Buruaga se ocupó, entre otras cosas, de elaborar unas varillas de hierro para la puerta principal y otras. Unos años después, en 1890 Juan Landajuela y Emeterio Berasaluce, carpintero y herrero respectivamente, cobraron por el “arreglo y fortificación de las dos puertas principales”37Ibid. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00..

Puerta de paso a la sacristía [112]. Madera. Hoja única dividida en diseño de cuarterones, en disposición simétrica según eje vertical, de estructura modular repetitiva. La zona superior e inferior se ocupan con sendas parejas de paneles de rombos verticales inscritos, mientras el centro lo llena una composición concéntrica geométrica con otro rombo cuadrangular en medio. Se remata con clavos y tachuelas de hierro, herraje de placas en las bisagras y tirador moderno. Puerta de inspiración histórica, según lenguaje heredado de los siglos XVII y XVIII, pero será de factura decimonónica.

Bancada [113]. Madera. Situada a los pies de la iglesia, la forman dos módulos con asiento central más elevado y tres asientos a cada uno de los lados. El central se acompaña con brazos de silueta sinuosa recortada. El frente y respaldo son cajeados, sin ornato, únicamente adornados por una sencilla forma almohadillada recortada en los asientos bajos, y por remate curvo con cima avolutada en el central, además de cruz grabada en la trasera. Son elementos prácticos, abatibles en los asientos para servir de almacenaje. Fines del siglo XIX.

Kutxa (arca) [114]. Madera. Sencillo contenedor de finalidad utilitaria, practicable mediante tapa articulada con bisagras. No presenta ornato, salvo la limitada gracia del faldón delantero que se delimita levemente en perfil de eses. Cuenta con dos bocallaves, de silueta recortada mixtilínea. Siglo XIX.

Reloj de la torre [115]. Hierro. Maquinaria de dos trenes. Conserva placa con la leyenda: ESTE RELOJ FUE INSTALADO / POR / D. JOSÉ DE OCEJO BURGOS / EN EL AÑO 1911 / SIENDO ALCALDE D. BONIFACIO ECHEVARRIA. La esfera [56] por su parte, situada en la cúpula de la torre, es más moderna y lleva la marca de Portilla Linares38CANDINA AGUIRREGOITIA y CASANOVAS i LLORENS, 1986a, p. 88..

Elementos depositados en el Museo de Arte Sacro

 

San Andrés [116] (82 x 26 x 22). Piedra. Talla de dorso plano del apóstol de pie, en disposición frontal y porte rígido. Lleva un libro abierto en la mano izquierda, mientras con la otra sujeta un extremo de la cruz en aspa, atributo que le caracteriza. Se atavía con túnica amplia de pliegues esquemáticos y engrosados, sobre la que va un manto abierto, en parte recogido sobre el antebrazo izquierdo describiendo un perfil sinuoso. El rostro es inexpresivo, con ojos almendrados, barba geometrizada de pequeños rizos dispuesta simétricamente, como así mismo sucede en la cabellera levemente ondulada. La mano que conserva está trabajada de forma muy elemental, sin detalles. Conserva resto de policromía y parece que la cabeza estuvo seccionada. Obra gótica, de mediados del siglo XIV, popular, procedente de la parroquia pero originalmente de la ermita de San Andrés de Zumelzu.

San Sebastián [117] (98 x 40 x 30). Madera policromada. Talla de buen estudio anatómico, fibrosa y contorsionada, que muestra el momento en que fue asaeteado el santo. Se presenta en pie, con una acusada curvatura a partir del tronco, permaneciendo amarrado mediante cuerdas en muñecas y tobillos. Flexiona ambas piernas, con uno de los pies girados. Por otra parte, los brazos acrecientan la torsión, estando contrapuestos por detrás del cuerpo, uno en alto y el otro detrás de la cintura. Su rostro resulta poco expresivo, de facciones redondeadas, con la mirada algo absorta. Luce cabellera corta, ondulada, dispuesta en simetría, sin exceso de volumen. Se cubre con perizoma corto, de pliegues secos, que se ata con lazada a un lado. Procedente de la parroquia, originalmente perteneció a la ermita de San Miguel de Turture. Tardogótico, hacia 1520-153039MUÑIZ PETRALANDA, 2011a, p. 267..

Piedad [118] (102 x 48 x 36). Madera policromada. Imagen de la Virgen con Cristo muerto en su regazo. En la escena domina la verticalidad, con María casi erguida, y un Cristo de anatomía estilizada y alargada. Los rostros, ovalados, carecen de dramatismo, optando por una expresividad contenida. Las ropas de la Virgen caen en abundantes pliegues, sobre todo lineales en la túnica y más quebrados y rígidos en el manto. El paño de pureza de su Hijo se recoge entre las piernas, originando un plegado de formas casi en paralelo bastante poco naturales. La relación entre Madre e Hijo es más simbólica que natural, en una composición poco envolvente dejando el cuerpo de Cristo escasamente abrazado y casi resbalando de María con rigidez, sin alcanzar el suelo. Tardogótica, hacia 1520-153040Ibid..

Inmaculada Concepción [119] (68 x 26 x 25). Madera policromada. Imagen de discreto tamaño, canon corto, creando una composición triangular que busca la simetría, reforzado por la característica disposición orante de las manos juntas sobre el pecho (hoy perdidas) y por su frontalidad. La cabeza es ovalada, de rasgos correctos, transmitiendo serenidad. Se sustenta sobre un cuello bastante grueso y no está coronada ni cuenta con el usual halo nimbado presente en otras Inmaculadas del estilo. La larga cabellera ondulada que resbala por sus hombros y por delante es uno de los rasgos más característicos de esta iconografía. Oculta su anatomía bajo un sólido ropaje, túnica y manto perfectamente dispuesto en simetría, de pliegues recios y gruesos. Ambos de tintas planas, aunque serán un repinte posterior. De la túnica emergían las manos, que se unirían en gesto de piedad. La imagen descansa sobre una base con varias cabezas de querubines, igualmente inertes en gestualidad. La talla sigue el prototipo de Inmaculada de Gregorio Fernández, pero carece de la finura de aquella y está ejecutada con modestia. Barroco, hacia 1650.

Ecce Homo [120] (73 x 49 x 35). Cartón policromado (papelón), tela y cristal. Imagen hueca en bulto redondo, de Cristo en composición de busto, según la iconografía del Ecce Homo. Jesús está coronado de espinas, maniatado y en actitud de humillación. Cruza los brazos por delante en gesto de dolor y sumisión, con la cabeza inclinada y la mirada elevada, con pathos contenido. Su anatomía busca el naturalismo, pero resulta simplificada, con blandura en los volúmenes, acaso por la propia naturaleza de los materiales con que está realizada. Cuenta con ojos de cristal y cuerda para la corona de espinas que incluye espinas reales, y también cuerda atando las manos, para añadir veracidad. Sigue un modelo castellano, de Gregorio Fernández41ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Es una interpretación económica del referente (escultura ligera), pero de limitada pericia, de interés especialmente por la naturaleza de los materiales, poco convencionales. Barroco, finales del siglo XVII.

Ostensorio [121] (229 x 123 x 80). Madera dorada. Monumental tabernáculo eucarístico, de planta mixtilínea, con base rectangular y brazos en cruz, estando los laterales concebidos como apoyo de los soportes y el central para acoger el sagrario. Esta parte del basamento se decora con frisos cajeados con diverso ornato vegetal. Al frente la puerta del sagrario luce una custodia grabada. En el nivel principal se sitúan cuatro columnas salomónicas decoradas con vides y rematadas en capiteles compuestos, que flanquean al nicho. Éste es en arco de medio punto para ostensorio cilíndrico con doble puerta, el lugar donde exponer al Santísimo. Sobre este nivel va cornisa de ovas, guirnaldas de frutos y, en medio, tarjeta vegetal que contiene venera y cruz. La parte alta del ostensorio se cierra en semicúpula de cinco gajos, decorados con roleos. Formaría parte del retablo mayor del templo. Barroco, hacia 1710.

Láminas de Vía Crucis (8) (37 x 49). Litografías a color. Vía Crucis incompleto, del que se conservan las siguientes escenas, tituladas: Jesús condenado a muerte [122], Jesús impreso su rostro en un paño [123], Jesús consuela a las hijas de Jerusalén [124], Tercera caída de Jesús [125], Jesús despojado de sus vestidos [126], Muerte de Jesús en la Cruz [127], Jesús bajado de la Cruz [128] y Jesús depositado en el sepulcro [129]. Muestra composiciones de gusto académico e historicista, de distribución teatral, con figuras idealizadas de expresión contenida. Se adivinan ecos de moderado romanticismo, incluso de la pintura neoclásica. Se trata de obras seriadas concebidas para comercializarse y exportarse masivamente, desde París. De hecho muestra inscripciones bilingües francés-castellano, lo que da pistas claras de su difusión. Tal como se muestra en las láminas, estuvieron implicados varios autores. Por un lado, Alexandre Leloir, autor del modelo pictórico; Auguste Hermann, litógrafo que trasladó el modelo a la piedra y Jean Turgis, editor e impresor con sedes en París y Nueva York. Obras de hacia 1850-1880. Aunque procedentes de la parroquia de Igorre, en origen pertenecieron a una indeterminada ermita de Berriz.

Cruz procesional [130] (125,5 x 66,5). Plata en su color y sobredorada. Cruz que arranca de cañón cilíndrico, interrumpido por doble nudo hemiesférico achatado, dividido por escocia con decoración de gallones, guirnaldas y querubines, junto a eses y grutesco. Los brazos son rectos con ensanches trilobulados que contienen por el anverso las figuras del Tetramorfos y por el reverso ángeles con Arma Christi, y se rematan en los extremos en flores de lis con perinolas y eses fundidas. El Cristo crucificado se sujeta con tres clavos, es de anatomía fibrosa con perizoma anudado a la izquierda. Mientras por el reverso, este espacio central lo ocupa un medallón con Inmaculada sobre querubín enmarcada por columnas abalaustradas y frontón triangular. La fórmula de la cruz sigue apegada a lo goticista, además del fondo de la cruz con una sucesión de rosetas estampadas, los apliques de los ensanches y la crestería vegetal del contorno. Y permite incorporar el renacimiento en otros elementos ornamentales, como las eses fundidas, la doble macolla semiesférica achatada con gallones, vegetales, querubines, o el propio Cristo. No presenta punzones, pero su similitud con una cruz de Busturia estampada por el platero bilbaíno Pedro Pilla, nos permite vincularla con este taller. Excepcional pieza renacentista, de hacia 155042BARRÓN GARCÍA, 2008a, p. 153. BARRÓN GARCÍA, 2006a. BARRÓN GARCÍA, 2008, p. 108. CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 143, vol. 2, nº010..

Copón-custodia [131] (32 x 18 x 14,5). Plata sobredorada. Tiene pie mixtilíneo, sobre pestaña moldurada y banda calada en medio. El pie combina segmentos semicirculares con otros en pico, y es liso, con un segundo realce más alto, recorrido por nervios con grumitos de hojas que llegan hasta el astil. El cuerpo bajo de este astil es una pieza hexagonal con parejas de ventanales calados, al que le sigue un cuerpo facetado y liso con pequeña fronda fundida en las aristas. El nudo es de castillete, con arquerías apuntadas caladas entre pináculos que culminan en remates torneados. En cada faceta lleva florones fundidos, arriba y abajo. Otro tramo de astil liso da paso a la caja, que es esferoidal achatada, y sin ornato. Únicamente en su ecuador lleva unas molduras y se remata con realce de decoración naturalista, imitando el monte Calvario, de cuyo centro surge un vástago con semiesfera a falta de la cruz de remate habitual.

La obra está marcada en el pie, con el punzón de Vitoria-Gasteiz y el sello del platero, Martín de Pitano (MR/TIN), que la realizaría hacia 1530. Pese a ser pieza alavesa, mantiene las pautas de lo que se estaba realizando también por Bizkaia, cercano a otros de Zamudio y San Agustín de Etxebarria (Elorrio). Es un modelo frecuente en las platerías europeas desde el siglo XIV43CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 154, vol. 2, nº024..

Cáliz [132] (20 x 12 x 8). Plata en su color y sobredorada. Se levanta sobre pie redondo, con tres alturas. La más baja es de perfil ataludado y plana, la segunda con un fuerte estrangulamiento es abocelada y le sigue otra recta rehundida en el centro. La parte baja luce cabezas fundidas de querubines alados con extensiones trilobuladas. El segundo nivel muestra hojas de perfil lobulado, que avanzan hasta la última altura. Y estas mismas se repiten en el gollete, nudo y cuello del astil. Sobre el gollete cilíndrico va una amplia arandela sobre la que apoya un nudo de manzana achatado, que ha perdido alguno de los apliques fundidos. Encima otra pareja de arandelas de menor diámetro, preceden a un cuello bulboso y otro par de molduras. La copa es campaniforme y muy exvasada, con moldura delimitando la subcopa. A juzgar por lo que ocurre en otras piezas semejantes, es posible que la copa también llevara elementos fundidos, a modo de hojas o de ángeles, y no los haya conservado. También es posible que los elementos fundidos acogieran esmaltes. De hecho parece que una de las hojas del gollete presenta un tono verduzco, quizás vestigio del esmalte. A su vez, las superficies estriadas que muestran estos elementos fundidos del cáliz, invitan a pensar que se trabajaron de este modo para facilitar la adherencia de la pasta vítrea. No contamos con marcas ni leyendas que arrojen luz sobre su llegada a Igorre, pero se realizaría hacia el segundo cuarto del siglo XVIII. Por esas fechas, en 1735, Juan de Ugarte envió desde Veracruz (México) unas arañas de plata para la iglesia, aunque este cáliz pudo llegar de Cuzco o Lima44AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00..

Juego de altar (cáliz, vinajeras y salvilla) [133] [134] (cáliz 27,5 x 14 x 7,5; salvilla 2 x 26,5 x 15,5; vinajeras 12 x 7,5). Plata sobredorada. Cáliz de silueta elegante, con pie redondo y un realce troncocónico recubierto en parte por gallones. El astil arranca de un esbelto gollete con decoración de corona de hojas en la base y medio bocel estriado en el remate. Sobre él apoya el nudo, un jarrón muy fino en forma de copa, estriado en su tercio superior con molduras convexas, que da paso a cuello liso. La copa es campaniforme, de perfil recto que se abre ligeramente en la boca y con la subcopa gallonada. En el borde del pie, tiene marcas de Madrid villa/35 y Madrid corte/35 y del platero Antonio Martínez, de la Real Fábrica de Platería (M coronada por Z). 1835.

La salvilla a juego tiene contorno oval, es lisa con el borde realzado y moldurado. Las vinajeras son de pie circular con un resalte en tronco de cono cóncavo y un cuerpo ovoide liso al que se adosan un pico ligeramente inclinado y un asa constituida por doble varilla que dibuja una voluta y se separa antes de fundirse al cuerpo. Las tapas son hemiesféricas gallonadas, rematando en letras que identifican el contenido, conservándose únicamente la correspondiente al agua. En el reverso del platillo, incluye los punzones topográficos de Madrid y corte/32 y la onomástica del artífice Antonio Martínez, Real Fábrica de Platería (M coronada por Z). En las vinajeras, se repiten las mismas marcas en el aro sobre el pie. Contamos con el dato del año 1858 de la donación de Joaquín de Garay Artabe, de Bergara, que dejó en testamento a la iglesia un cáliz, vinajeras con su platillo y campanilla45AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora - Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00.. No podemos descartar que se tratara de este conjunto.

Cáliz [135] (22,5 x 12,5 x 7,1). Plata en su color y sobredorada. Pieza de pie circular con dos resaltes, uno cóncavo y el otro en talud, ambos desprovistos de decoración, como el resto de la pieza. El astil se compone de moldura abocelada, nudo bulboso y cuello cóncavo. La copa es recta, y se abre ligeramente en la boca. Conserva su estuche de madera. Es una pieza sencilla, en el tránsito hacia el neoclasicismo, pero aún deudora del barroco, perceptible especialmente en el formato del nudo. No tiene marcas. Será obra de principios del siglo XIX.

Cáliz [136] (23,5 x 14,5 x 7,5). Plata en su color y sobredorada. Tiene pie de contorno circular levemente ondulado, con tres resaltes, dos en talud y el intermedio cóncavo. El inferior se decora con tres cadenas de hojas de laurea en disposición concéntrica, mientras el superior es gallonado. El astil se compone de nudo en esbelto jarrón, sobre base gallonada y con grueso remate abocelado cubierto de hojas, que da paso a cuello cóncavo. La copa es más bien campaniforme, con la escotadura poco marcada, y la subcopa con hojas alargadas superpuestas. No tiene punzones, pero en el pie, lleva en capitales la leyenda: A D FCO ALO LOS ALUMNOS DE SU CATEDRA AÑO 1867.

Custodia [137] (45,5 x 17 x 24). Plata sobredorada. Obra de silueta elegante, con pie circular de tres cuerpos, el superior elevado en tronco de cono. El astil es bastante esbelto, con nudo de jarrón y remate decorado con hojas lanceoladas buriladas, motivo repetido en la base del cuello. El expositor es circular con doble recerco perlado, entre el que se disponen dos piedras ovales blancas que llevan cuatro pequeños apliques de pedrería brillante. Lo enmarca una ráfaga discontinua de rayos rectos de distinta longitud y se corona por cruz de largo vástago, lisa. En el borde del pie exhibe la marca del platero alavés Francisco Ullivarri (/ ULIVARRI). Neoclásica, segundo cuarto del siglo XIX46MUÑIZ PETRALANDA, 2002a, p. 312..

Relicario de San Antón [138] (20 x 10,2). Plata en su color. Se alza sobre pie circular con resaltes en perfil de medio bocel y ataludado. El astil se inicia con gollete cóncavo y continua en nudo de jarrón de copa bastante abierta, faja lisa y cubierta en talud. El ostensorio, ovalado, apoya sobre un cuello que reproduce un pequeño jarroncito y se enmarca por ráfaga discontinua de rayos rectos rematando en cruz latina sobre zócalo con calavera y tibias cruzadas. En el interior lleva cartelita con la identificación de la reliquia: s. Anton Pat. Carece de punzones. Obra neoclásica, de mediados del siglo XIX.

Manto de Dolorosa [139] (175 x 267). Terciopelo negro e hilo de oro. Prenda de grandes dimensiones destinada a vestir la imagen de una Virgen Dolorosa. Realizado en terciopelo negro está profusamente bordado en oro fino con motivos vegetales dispuestos en una franja perimetralmente y en algunas zonas avanza hacia el interior. Le acompañan algunos detalles de bisutería. Los bordes inferiores del manto están rematados por pasamanería de flecos dorados, mientras que el remate interior por el cuello hacia los pies se adorna con fina puntilla dorada. Sabemos que fue un regalo de Dª Marta de Abasolo e Ipiña, en 1905, y que tuvo un coste de 5.000 pesetas47ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..

MRV - RCL - JMGC

María Romano Vallejo – Raquel Cilla López – Juan Manuel González Cembellín

1. ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, vol. 1, pp. 215, 391.
ITURRIZA Y ZABALA, Juan Ramón de. Historia general de Vizcaya y epítome de Las Encartaciones. Ed. de Ángel Rodríguez Herrero. Bilbao: Librería Arturo, 1967, (manuscrito de 1793-1795), 2 vols.
DACOSTA MARTÍNEZ, 1999a, p. 27.

DACOSTA MARTÍNEZ, Arsenio F. “Patronos y linajes en el Señorío de Bizkaia. Materiales para una cartografía del poder en la baja Edad Media”. En Vasconia. Cuadernos de Historia-Geografía. Donostia-San Sebastián: Eusko Ikaskuntza – Sociedad de Estudios Vascos, 1999, nº29, pp. 21-46. Disponible en https://www.eusko-ikaskuntza.eus/es/publicaciones/vasconia-cuadernos-de-historia-geografia/ar-1393/

2. RAMÓN CASQUERO, 1991a, pp. 152-154.

RAMÓN CASQUERO, Francisco. “Iglesia de Santa María (Igorre) / Santa Maria eliza (Igorre)”. En Arkeoikuska 1991. Arkeologi ikerketa / Investigación arqueológica. Vitoria-Gasteiz: Euskal Kultura Ondarearen Zentrua / Centro de Patrimonio Cultural Vasco, 1991, pp. 152-154. Disponible en https://www.euskadi.eus/publicaciones-patrimonio-cultural/web01-a2kulonz/es/

3. AGS, Patronato eclesiástico, leg. 184-200
4. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica, 1660-1695, sign. 3362/046-00.
5. Ibid.
6. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00; Libro de fábrica: recaudaciones de diezmos y tercias, 1735-1741, sign. 3357/004-00.
7. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00.
8. Ibid. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de cuentas de la ermita de Santa Lucía, 1795-1811, sign. 3356/003-00; Libro de cuentas de la ermita de San Miguel de la Tortura, 1716-1839, sign. 3357/005-00.
9. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00; Papeles Varios, 12, doc. 6ª; Petición de Antonio Lopez de Cardiñanos en nombre de Emeterio de Urquiza y Juan Antonio de Estancona, mayordomos de la fábrica de Igorre, para la concesión de licencia para las obras de la iglesia, 1819, sign. 3363/006-00; Solicitud de licencia por Francisco Ramón de Eguia, presbítero y beneficiado de la iglesia parroquial de Igorre, Eustaquio de Ibarrondo y Gregorio de Iruarrizaga al Obispo para recibir algunas cantidades con devolución para atender a la reparación de la torre campanario, 1820, sign. 3362/045-00.

10. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00; Correspondencia de José Ramón de Yarritu, presbítero gobernador, Provisor y Vicario General de este obispado de Calahorra y La Calzada, dirigida al Cabildo y mayordomo de Igorre, ante el pedimiento de Tadeo de Yruergas para la reparación de la iglesia parroquial de Igorre, 1860, sign. 3363/004-00; Recibos extendidos a los mayordomos y de estos a segundas personas a cuenta de la fábrica de la parroquia, 1861, sign. 3363/054-00, Carta de compromiso de realizar los trabajos de albañilería, 1889, sign. 3362/058-00; Resumen de las obras de albañilería de la iglesia de Igorre, sign. 3364/030-00.

BFAH-AHFB, Régimen Municipal y Urbanismo, 1861, sign. AR00175/006.

AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Carta de compromiso de realizar los trabajos de albañilería, 1889, sign. 3362/058-00; Resumen de las obras de albañilería de la iglesia de Igorre, sign. 3364/030-00.

11. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00; Correspondencia entre Hilario de Soloeta y el obispo de Vitoria, 1920, sign. 3364/023-00; Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00.

12. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Testimonios sobre el descubrimiento de las reliquias de la Virgen Santísima, 1633, sign. 3363/078-00.

13. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica, 1660-1695, sign. 3362/046-00.

14. Ibid.

15. Ibid.
AGS, Patronato eclesiástico, leg. 184-200.
16. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00.
17. Ibid.
18. Ibid.
AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Condiciones por las que se obliga Antonio de la Hoya a fundir la campana de Santa María de Yurre, 1814, sign. 3363/037-00.
19. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00.
20. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00; Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00.
21. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00
22. Ibid.
23. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00.
24. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00.
25. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00.
26. ZORROZUA SANTISTEBAN, 1998a, pp. 248-249.
ZORROZUA SANTISTEBAN, Julen. El retablo barroco en Bizkaia. Bilbao: Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia, 1998.
27. BAHP-AHPB, Protocolos de Manuel Rentería.- Leg. 3931 (1708-VIII-25).
28. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00.
29. Ibid.
30.ZORROZUA SANTISTEBAN, 1998b, p. 139.
ZORROZUA SANTISTEBAN, Julen. El retablo neoclásico en Bizkaia. Bilbao: Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia, 2003.
31. Ibid.
32. BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, pp. 116-117.

BARRIO LOZA, José Ángel (dir.), MOLINUEVO ZABALLA, María, y ROMANO VALLEJO, María. Bizkaiko kanpaiak / Campanas de Bizkaia. Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia – Kultura Sailak / Diputación Foral de Bizkaia – Departamento de Cultura, 2005. (Colección Inventarios, nº12). Disponible en https://www.bizkaia.eus/Kultura/kanpaiak/index.asp?idioma=CA

AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00.
33. BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, pp. 116-117.

BARRIO LOZA, José Ángel (dir.), MOLINUEVO ZABALLA, María, y ROMANO VALLEJO, María. Bizkaiko kanpaiak / Campanas de Bizkaia. Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia – Kultura Sailak / Diputación Foral de Bizkaia – Departamento de Cultura, 2005. (Colección Inventarios, nº12). Disponible en https://www.bizkaia.eus/Kultura/kanpaiak/index.asp?idioma=CA

AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00.

34. BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, pp. 116-117.

BARRIO LOZA, José Ángel (dir.), MOLINUEVO ZABALLA, María, y ROMANO VALLEJO, María. Bizkaiko kanpaiak / Campanas de Bizkaia. Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia – Kultura Sailak / Diputación Foral de Bizkaia – Departamento de Cultura, 2005. (Colección Inventarios, nº12). Disponible en https://www.bizkaia.eus/Kultura/kanpaiak/index.asp?idioma=CA

35. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00.
36. Ibid.
37. Ibid.
AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00.
38. CANDINA AGUIRREGOITIA y CASANOVAS i LLORENS, 1986a, p. 88.

CANDINA AGUIRREGOITIA, Begoña, y CASANOVAS i LLORENS, Teresa (coords.). Relojería pública en Vizcaya. Bilbao: Departamento de Cultura de la Diputación Foral de Vizcaya, 1986. (Colección Inventarios, nº1).

39. MUÑIZ PETRALANDA, 2011a, p. 267.
MUÑIZ PETRALANDA, Jesús. Reflejos de Flandes. La escultura mueble tardogótica en Bizkaia. Bilbao: Museo Diocesano de Arte Sacro, 2011.
40. Ibid.
41. ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.

ZORROZUA SANTISTEBAN, Julen. “Evolución de la escultura barroca vizcaína a través de los fondos del museo Diocesano de Arte Sacro / Eleiz Museoa (Bilbao)”. En Bidebarrieta. Bilbao, 2003, nº12, p. 552. Disponible en https://ojs.ehu.eus › Bidebarrieta › article › view

42. BARRÓN GARCÍA, 2008a, p. 153.
BARRÓN GARCÍA, Aurelio Ángel. “Sobre el marcaje de la plata en Bilbao durante los siglos XV y XVI”. En Letras de Deusto. Bilbao: Universidad de Deusto, 2008, vol. 38, nº 121, pp. 131-166.
BARRÓN GARCÍA, 2006a.
BARRÓN GARCÍA, Aurelio Ángel. “Platería gótica”. En CANDINA AGUIRREGOITIA, Begoña, CILLA LÓPEZ, Raquel, y GONZÁLEZ CEMBELLÍN, Juna Manuel (eds.). Urregileak eta zilargileak. Eloy Garcíaren tailerra / Orfebres y plateros. El taller de Eloy García. Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia – Kultura Saila / Diputación Foral de Bizkaia – Departamento de Cultura, 2006.
BARRÓN GARCÍA, 2008, p. 108.
BARRÓN GARCÍA, Aurelio Ángel. “La platería hispanoflamenca de Bilbao y la obra de Pedro Sáez de Larrea”. En RIVAS CARMONA, Jesús (coord.), Estudios de platería. Murcia: Universidad de Murcia, 2008, nº 8, pp. 91-119.
CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 143, vol. 2, nº010.

CILLA LÓPEZ, Raquel. Investigación y puesta en valor de la platería antigua en Bizkaia. Vitoria-Gasteiz: Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2022, 4 vols. (ColecciónInvestigaciones de Patrimonio Cultural, nº4). Disponible en https://www.euskadi.eus/publicaciones-patrimonio-cultural/web01-a2kulonz/es/

43. CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 154, vol. 2, nº024.

CILLA LÓPEZ, Raquel. Investigación y puesta en valor de la platería antigua en Bizkaia. Vitoria-Gasteiz: Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2022, 4 vols. (ColecciónInvestigaciones de Patrimonio Cultural, nº4). Disponible en https://www.euskadi.eus/publicaciones-patrimonio-cultural/web01-a2kulonz/es/

44. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00.
CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 422, vol. 2, nº459.

CILLA LÓPEZ, Raquel. Investigación y puesta en valor de la platería antigua en Bizkaia. Vitoria-Gasteiz: Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2022, 4 vols. (Colección Investigaciones de Patrimonio Cultural, nº4). Disponible en https://www.euskadi.eus/publicaciones-patrimonio-cultural/web01-a2kulonz/es/

45. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de cuentas e inventarios, 1836-1942, sign. 3358/001-00.
46. MUÑIZ PETRALANDA, 2002a, p. 312.
MUÑIZ PETRALANDA, Jesús. “La orfebrería neoclásica en Bizkaia: una aproximación a los fondos del Museo Diocesano de Bilbao”. En Ondare. Cuadernos de Artes plásticas y monumentales. Donostia: Eusko Ikaskuntza, nº 21 (Arte Neoklasiko eta Erromantikoaren berrikuspena), 2002, pp. 303-315.
47. AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Cuentas y otros datos de lo ocurrido en la parroquia, 1902-1936, sign. 3358/002-00.