ERMITA DE SAN ANDRÉS
(Jurisdicción de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción)
Arratia
Igorre | Bº Urkizu
Folleto
Barrio Urkizu s/n, 48140
p.andramari.igorre@bizkeliza.org
La ermita de San Andrés presenta una atípica planta en forma de T [3], con una nave dividida hoy en dos tramos más una cabecera prolongada lateralmente a modo de crucero [4][5]. Antiguamente, el testero contaba con un ábside con embocadura en medio punto destinado a acoger un retablo, con lo que la actual cabecera era en realidad un primer tramo ensanchado hacia los lados.
El aparejo de mampostería, va vista tanto al exterior como al interior, aunque aquí aparecen raseadas las bóvedas –en blanco– y los arcos –en ocre–. El material aparece bastante revuelto y con huellas de alteraciones, fruto de las diversas intervenciones que ha conocido el templo a lo largo de su biografía. En el muro de la epístola, cerca del crucero, se sitúa una hornacina recta [6].
La solera es de azulejo [7], habiendo sustituido a las antiguas losas de piedra instaladas en 1793 para remediar el problema del suelo de “tierra movediza”1AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00. .
La cubierta voltea sobre fajones rebajados lisos [4], marmorizados en ocre. Presentan una tosca imposta únicamente en el arco triunfal. El sistema de cubrición se define mediante bóvedas baídas, empleando bóvedas de cañón en los brazos.
El tejado [8] es a dos aguas, que se hace a tres sobre los brazos.
Las ventanas son de medio punto adovelado tanto al exterior como al interior, sin apenas derrame [9] [10]. Dos de ellas se abren en los extremos del crucero, y se defienden con vidrieras geométricas recientes. Una tercera se localiza en el muro sur [11], protegida al exterior por una reja también reciente [12]. Las tres parecen haber sido reformadas: en las del crucero las dovelas podrían ser posteriores a jambas y alféizar; la del sur, que pudo ser un lucero de iluminación de la subida al desaparecido coro, habrá sido ampliada hacia abajo.
A los pies, en lo alto, se sitúa un pequeño óculo [13], de factura bastante tosca.
Se observan asimismo las huellas de al menos otros tres –tal vez cuatro– vanos de iluminación al mediodía, hoy tapiados [14], en parte enterrados bajo las bóvedas.
El templo cuenta con dos accesos, uno a los pies [15] y el otro en el brazo norte [16], comunicado con el pórtico. Ambos son de medio punto y muestran al interior torpes cañones, escarzano el segundo, carpanel el primero –más por incapacidad del artífice que por voluntad artística–. En el muro sur, justo bajo el fajón central se aprecia un tercer paso rudimentario con dintel de madera, hoy cegado [17]. Tal vez fuera la parte interior de una entrada al sur desplazada con motivo de la reforma del siglo XIX a la que más adelante nos referiremos. Dos aguabenditeras hemisféricas labradas en caliza, igual que sus pantallas –una de ellas para cruz– se ubican junto al ingreso oeste [18] [19]. Al lado del del norte la aguabenditera ha sido sustituida por una pequeña pila bautismal [20], y sobre ella se ha dispuesto también placa para cruz.
A los pies se situaba un coro, hoy desaparecido.
Entre el brazo sur y la nave se localiza una reducida sacristía [21], de planta cuadrada y cubierta de cielo raso. Se accede a ella desde el indicado brazo a través de un paso adintelado, recercado de sillería [22], con el habitual túnel escarzano.
Sobre el hastial de Poniente se alza la espadaña de sillería [23], que mediante varios taludes alcanza un remate triangular coronado por una bola. El vano para la campana es de medio punto sobre placa
Uniendo los brazos de la cruz se desarrolla un pórtico [24] con cubierta a tejavana. Ésta descansa hacia la pared en una carrera asentada en los cabezales de la estructura del tejado a dos aguas, y al exterior sobre pies derechos que apoyan en un murete de mampostería. Este cierre perimetral dispone de dos pasos que se corresponden con los accesos al templo [25]. El suelo es de hormigón. Hasta 1927, este espacio albergaba un sepulcro “con su cubierta y esqueleto dentro”2ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, vol. 1, p. 334. YBARRA Y BERGÉ, 1958a, pp. 515-516..
Poco sabemos de la biografía de esta ermita de San Andrés. La referencia al desaparecido sarcófago del pórtico a priori nos hace pensar en la Edad Media, pero no podemos concretar nada. Los arcos de los accesos parecen del XVI o XVII, pero al tratarse de elementos tan sencillos y descontextualizados tampoco nos ayudan.
Hay que esperar hasta 1674 para hallar un dato fidedigno sobre el templo: ese año la ermita estaba arruinándose y se mandaba que se arreglara “hasta dejarla con la seguridad y decencia que corresponde”. Casi un siglo más tarde, en 1764, nuevamente amenazaba ruina, ordenándose su reparación3AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00. LARREA BEOBIDE, 1994a, p. 138..
En 1793 se recordaba que “antiguamente fue ayuda de parroquia y en ella se celebra el santisimo sacramento”, ordenando el visitador que se allanara y enlosara el suelo “por ser de tierra movediza y enterrarse en ella algunas personas”. Por las mismas fechas Iturriza confirmaba esta información: “(fue) parroquia en la antigüedad, donde existe la pila bautismal y se entierran en ella los cadáveres, aunque no hay Sacramento”4AHEB-BEHA, La Asunción de Nuestra Señora – Igorre, Libro de fábrica: cuentas, inventario y visitas, 1734-1835, sign. 3357/006-00. ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, vol. 1, p. 334..
Pese a esta función semiparroquial –misa, enterramientos–, su estado seguía siendo precario. Así se describía en 1818:
“sin torre ni bóveda. Un altar bastante deteriorado y tres imágenes desgraciadas. No tenía sacristía ni púlpito; en cambio contaba con pila bautismal, arrinconada debajo el coro, pero sin uso, pues al efecto iban a la parroquial. Poseía nueve sepulturas, coro de siete pies y medio de anchura, mala escalera para subir a él, cementerio capaz, un confesionario bueno, otro de celosías y un banco”5LABAYRU Y GOICOECHEA, 1895a, vol. VIII, p. 501..
Monseñor Esteban de Zabala planificaba entonces una reforma, pero sólo en 1828 se bendecía el templo, con un coste de 27.280 reales6Ibid. LARREA BEOBIDE, 1993a, p. 138..
Es probable que fuera entonces cuando, reaprovechando parte de la nave, se construyera el crucero con su perdido ábside –cuya huella aún se percibe al exterior– [26]. Las bóvedas serán también de ese momento, obligando a tapiar las ventanas de mediodía–. Y la sacristía, que haría desplazar el acceso al brazo norte. Probablemente también sean de esa fase las aguabenditeras, el óculo, la espadaña y el pórtico, aunque estos dos últimos elementos serían muy intervenidos más tarde.
En 1927, se realizaron nuevas reformas, como el entarimado y el traslado de losas sepulcrales al exterior. Tal vez fuera entonces cuando se alteraron las ventanas. Intervenciones más recientes supusieron la eliminación absidiolo del altar y la adición de un servicio en la sacristía.
En 2009, ante el colapso de la espadaña y la cubierta del pórtico, se procedió a su restauración.
A pesar de ser un edificio modesto, su principal valor reside en su importancia histórica como centro parroquial del barrio de Urkizu.
MOBILIARIO
Apenas contamos con datos sobre el amueblamiento de la ermita. Y en todo caso, son ya del siglo XIX, al hablar de las obras realizadas entre 1818 y 1828. Como hemos visto, entonces se decía que tenía “un altar bastante deteriorado y tres imágenes desgraciadas”, pila bautismal, nueve sepulturas, “un confesionario bueno, otro de celosías y un banco”7LABAYRU Y GOICOECHEA, 1895a, vol. VIII, p. 501.. Escaso ajuar.
Posteriormente, ya en 1927-1929, se volvieron a hacer varias reformas, entre ellas en las imágenes y el altar, además de sacarse al exterior las losas sepulcrales, reutilizándose en el pórtico8LARREA BEOBIDE, 1993a, p. 138..
Escultura
San Andrés [27] (67,5 x 29 x 21,8). Madera policromada. Talla del titular en pie sobre peana prismática, en actitud serena y frontal. Se viste con túnica verde sobre la que va un manto rojo, de amplios pliegues envolventes, con cierto énfasis volumétrico. Aspecto que remite a modelos del barroco. Su rostro de modelado naturalista, es barbado y muestra expresión contenida. Sostiene un libro con una mano, mientras la obra se dirige al frente. A su lado se sitúa el elemento que lo identifica, la cruz en aspa (decussata), instrumento de su martirio. Se trata de una talla de digna calidad cuyo lenguaje formal evoca tipos del barroco, reinterpretados en clave historicista. Fines del siglo XIX.
Orfebrería
Cáliz [28] (23,2 x 14,5 x 14,5). Plata en su color. Se compone de una base circular, que enseguida se alza en perfil acampanado. Se decora profusamente con orla perimetral de vegetales en la parte baja y motivos de hojas, ces y flores en el cuerpo. Le sigue el nudo, aperado invertido, con un repertorio ornamental similar, formando además algunos detalles romboidales. La copa es ligeramente exvasada, con subcopa decorada con ces enfrentadas y hojas. En el interior de la base lleva punzón sin identificar. La pieza responde a un lenguaje historicista de inspiración rococó. Fines del siglo XIX.
Metalistería
Campana [29]. Bronce. Esquilonada. De perfil bastante alargado, carece de inscripción o sellos de fundidor. Posiblemente del siglo XIX.
Otros elementos
Pila bautismal [20]. Piedra. De pequeño formato, dispone de un rudo pie corto y cilíndrico, sobre el que va el vaso propiamente dicho, de perfil recto, liso y boca redondeada. Sin ornato. Acaso del siglo XIX.
MRV - RCL - JMGC
María Romano Vallejo – Raquel Cilla López – Juan Manuel González Cembellín