ERMITA DE SANTA MARÍA MAGDALENA
(Jurisdicción de la parroquia de San Pedro Apóstol)
Arratia
Dima | Bº Lamindao
Folleto
Barrio Lamindao s/n, 48141
p.kepadeuna.dima@bizkeliza.org
EDIFICIO [1]
Templo de planta rectangular [2], de una sola nave, estrecha y desproporcionadamente larga, producto de una ampliación que afecta al primer tramo y a la cabecera. Adosada a esta se construyó en el siglo XVIII la casa cural [3], desfigurando por completo el aspecto original de la ermita.
Está aparejado con mampostería irregular vista [4], en la que ocasionalmente se mezclan algunos sillares desordenados [5]. En el presbiterio se abre, en el muro de la cabecera, una hornacina en arco de medio punto [6] para albergar la imagen de la Magdalena, y en este mismo espacio, pero en el lado sur, hay una hornacina adintelada [7], cerrada con puerta de madera. Otra más se abre en el primer tramo de la nave [8], también en el muro de mediodía, y define uno de sus laterales con una reaprovechada ventanita gótica labrada con cruz inserta en un disco [9].
No existen más soportes que los propios muros de carga, sobre los que apoya una techumbre contemporánea, parcelada en seis tramos por arcos diafragmáticos de madera, de directriz apuntada [10]. Esta ha venido a sustituir a la bóveda pintada con figuras de santos “bien acabada, clara y graciosa”1SANTANA EZQUERRA, 1996a, pp. 103 y 108. Por el exterior presenta cubierta a dos aguas.
La solera es reciente [11], de entarimado de madera, sobreelevada mediante cuatro escalones de piedra arenisca [12] en la zona de la cabecera. Esta escalinata ha sido cercenada en su tercio sur para albergar la pila bautismal.
El cuerpo de luces lo integran tres vanos adintelados abiertos a norte, sur y oeste [13]. Son ventanas muy menguadas y de disposición arbitraria [14], situadas a bastante altura [15]. También en el coro, en el muro de la epístola [16] se abre un vano de iluminación de similares características al resto de los de la nave.
Hay un acceso orientado al sur [17], con arco de 5 dovelas ligeramente apuntado [18], adintelado por el interior [19], y con batientes de madera que llevan pernios flordelisados [20], uno de ellos fechado en 1685. La otra entrada se sitúa a los pies [21], alineada con el eje longitudinal. Es un arco de medio punto dovelado [22] que al interior se convierte en escarzano [23]. Se flanquea por dos aguabenditeras hemisféricas [24] con perinola inferior y cruz sobre Gólgota en la placa superior [25][26].
El coro alto [27] ocupa prácticamente dos tramos de la bovedilla y se soporta sobre dos vigas durmientes [28]. Está armado en madera [29] y tiene antepecho de varales torneados [30]. Presenta acceso en escalera de dos tramos [31], pétrea en los tres primeros escalones y de madera en los siguientes.
La sacristía original estaba unida a la casa cural, formando un cuerpo adosado a la cabecera y montado sobre el pórtico [32]. La fachada oriental de esta estructura es de entramado de madera [03] con soluciones de ensamblaje propias de la segunda mitad del siglo XVII. Este espacio fue rehabilitado como vivienda. En el presbiterio se abre un vano adintelado que da paso a la actual sacristía [33]. Esta, sobreelevada con respecto a la zona del altar, tiene escalera de acceso con baranda. Es un espacio rectangular [34], con techumbre a un agua, solera de entarimado de madera e iluminación procedente de un vano adintelado.
Sobre el hastial se alza una espadaña de piedra caliza de silueta movida y sinuosa [35]. Es una estructura muy articulada, de dos cuerpos, los superiores para dos y un vano de medio punto respectivamente. Va montada sobre un cuerpo decorado con imposta lisa con fragmentos de aletas en sus extremos, en la que reposa un alto zócalo enriquecido con una gran placa mixtilínea chorreada [36]. Dicho zócalo lleva pináculos piramidales y una cornisa moldurada en recto y cóncavo; sobre ella se alza el primer cuerpo de campanas, con vanos recercados de placa lisa como los capiteles. Entre el primero y el segundo piso media una cornisa talonada con pináculos en sus extremos. El remate cimero es de bola con cruz-veleta de hierro.
El pórtico envuelve y oculta parcialmente todo el volumen del templo [37]. Es una estructura simple que se cubre a tejavana a un agua [38], descansando sobre pies derechos montados en un pretil [39]. Está cerrado en su frente noroccidental [40]. El pavimento del área de los pies está enlosado [41], pero el resto lleva encachado de morrillos ordenado en carrejos del siglo XVII [42] [43].
El templo de la Magdalena de Lamindao es una parroquia tardogótica de reducidas dimensiones, proporcionada con la pequeña barriada rural a la que sirve. Nada importante hay en ella que permita confirmar su hipotética fundación en el siglo XII, recogida por Iturriza2ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, (manuscrito de 1794), p. 326., aunque durante las obras de rehabilitación de la casa cural realizadas en el verano de 1992 se encontró una estela discoidea anepigráfica, probablemente medieval, utilizada como material de relleno.
La parte esencial del templo actual debió de configurarse durante la primera mitad del siglo XVI, aunque sus dimensiones y aspecto interior eran entonces sustancialmente distintos de los de hoy. Además de haber sido alargado hasta casi duplicar su longitud, muchos elementos del templo fueron sustituidos. Así, la cubierta era originalmente una bóveda de tablas pintadas, probablemente muy similar a las de San Lorenzo de Ozerimendi (Zeanuri), San Pedro de Zaloa (Orozko) y Santa María de Goikuria (Orozko), y el coro debió de ser también de madera, pero con antepecho mudéjar de vanos de bocallave y tallas pintadas, como los de San Miguel de Elexabeitia (Artea) y Andramari de Zeberiogana (Zeberio). Al menos así es como se describe en la declaración del Teniente General del Corregidor de agosto de 1616, donde se afirma que el templo está bien cubierto con bóveda de tablas y con diversas pinturas de figuras de santos, y que el coro es también de madera y tablas, bien acabado, y gracioso y pintado3AGS_PEC_LEG_184-200. Pesquisa de 10 de agosto de 1616..
También tuvo en su tiempo una pequeña torre de campanas, seguramente de madera, pero hacia 1760 fue sustituida por una interesante espadaña barroca, proyectada por el mismo tracista que realizó la del convento de Santa Isabel de Areatza. Este es el elemento arquitectónico más valioso de tan manipulada iglesia.
De las obras tardías que contribuyeron a enmascarar y desfigurar su aspecto primitivo hay que resaltar el añadido de la casa cural a fines del siglo XVII y los trabajos de reforma realizados en 1850, consistentes en ciertas obras en la cubierta de la ermita, para la que se adquirieron tres tijeras. Por los planos y las condiciones de la obra se pagaron 90 reales al arquitecto Bengoechea4AHEB/BEHA, Parroquia de San Pedro Apóstol de Dima, Papeles Varios, 1850, sign. 1886/007-00..
Ya en el siglo XX fue objeto de otras reformas como la adición de una balaustrada en el presbiterio a cargo de Carlos de Ausmendi, por la que cobró 150 pesetas en 1927, o diferentes trabajos de albañilería, carpintería y pintura en 19355AHEB/BEHA, Parroquia de San Pedro Apóstol de Dima, Papeles Varios, sign. 1887/000-00, tal como figura en los libros de cuentas de la parroquia de San Pedro Apóstol.
MOBILIARIO
Escultura
Andra Mari [44] (98,5 x 35 x 22). Madera policromada. Imagen sedente de la Virgen con el Niño, de composición frontal, con María entronizada, guardando una general simetría, rota parcialmente por la disposición del Niño sobre la rodilla izquierda. La Virgen sostiene una fruta con una mano, mientras la otra toca a su Hijo. Muestra rostro alargado y oval, de rasgos bastante suavizados, con ojos almendrados y abiertos, cejas finas, nariz recta y boca pequeña, con expresión regia y serena. El cabello aparece recogido y cubierto por un velo que cae a ambos lados, integrándose con el manto. El Niño, sobre la rodilla materna, presenta una escala bien integrada, con una pose igualmente frontal. Levanta una mano en gesto de bendición y sostiene un libro en la otra. Su anatomía es esquemática, con rasgos faciales similares a los de la Virgen, simplificados. El manto de la Virgen cae en pliegues amplios y no muy angulosos, pero en uve. Se advierte cierta voluntad de volumen, especialmente en la caída sobre las piernas. La policromía es relativamente rica, con presencia de dorados, azules verdosos y tonos claros, aunque ha sido retocada con posterioridad y barnizada recientemente. Luce corona de porte importante, pero no pertenece en origen a la talla, posiblemente es del siglo XVII. Desde el punto de vista estilístico, la pieza se sitúa dentro del estilo gótico, a finales del siglo XIV.
Cristo crucificado [45] (124 x 106). Madera policromada. Procede de la desaparecida ermita de Jesús Crucificado. La figura presenta una composición abierta, clavada en la cruz mediante tres clavos (uno en cada mano y uno en los pies superpuestos). El cuerpo describe una ligera curvatura en “S”, perceptible en el desplazamiento de la cadera y la caída de las piernas. La anatomía está bien modelada, con una clara atención al estudio del cuerpo, aunque rígida: se marcan los pectorales, la caja torácica, el abdomen y la musculatura de brazos y piernas, siendo lo más torpe el tratamiento de los pies y las manos. El rostro de Cristo muestra una expresión serena y contenida, con los ojos cerrados, la cabeza inclinada hacia un lado y una barba definida. El cabello cae en mechones ondulados, tratados con cierto detalle. Se tapa con paño de pureza sujeto con un nudo lateral, voluminoso y de pliegues secos. Es obra tardogótica, hacia 1520-15306MUÑIZ PETRALANDA, 2011a, pp. 96-97, 216-217, 251..
San Jerónimo [46] (83 x 30 x 18). Madera policromada. Talla de factura ruda, que presenta al santo en su vertiente de erudito y Padre de la Iglesia, acompañado por el león, su atributo más característico. La figura se dispone en posición erguida y ligeramente adelantada. La composición es bastante compacta, con una silueta cerrada integrando al león en la base, generando una lectura ascendente. Se toca con capelo cardenalicio y viste ropas largas de amplios pliegues, que caen con cierta pesadez y en parte algo quebrados. El rostro resulta serio, con expresión contenida y reflexiva. Lleva un libro abierto en la mano, alusivo a su labor como traductor de la Biblia (la Vulgata). A sus pies el león aparece en actitud dinámica, alzándose hacia el santo. Está resuelto de forma esquemática, con falta de naturalismo. La policromía general es oscura y con acabado brillante, sin duda fruto de un policromado posterior. Será obra de un renacimiento incipiente, de calidad modesta, hacia el primer tercio del siglo XVI.
Cristo crucificado [47] (82 x 21 x 17). Madera policromada. Talla de Cristo clavado a la cruz con tres clavos, de anatomía adelgazada, aunque fibrosa. La cabeza cae hacia un lado, con los ojos entornados y la boca entreabierta, en una expresión de sufrimiento sereno más que dramático. El modelado anatómico es naturalista marcando pectorales, costillas y abdomen, sin exageración. Lleva paño de pureza anudado en un lateral, formando pliegues blandos, algo voluminosos, que caen con cierta lógica natural. La cruz es sencilla, de sección cilíndrica y tipología arbórea, con una cartela superior para el INRI, de perfil curvado. Ésta se sujeta por la parte inferior a un promontorio con calavera y tibias cruzadas, iconografía del Gólgota. Los rasgos de la obra nos llevan al siglo XVI, avanzado, cercano a soluciones del romanismo.
San José con el Niño [48] (88 x 42,5 x 25). Madera policromada. Conjunto escultórico que muestra a San José como figura principal, de mayor escala, dispuesto en pie y con una actitud serena, mientras guía al Niño, que se coloca elevado sobre una pequeña peana lateral. San José aparece caracterizado como un hombre maduro, con barba poblada y cabellera ondulada. Viste túnica ceñida a la cintura y un amplio manto que cae en vertical, organizando el volumen de la figura. El Niño, por su parte, adopta una postura más dinámica, con un ligero giro corporal y una actitud más viva. La relación entre ambos se articula mediante un contacto físico directo, que refuerza la dimensión afectiva. Los paños exhiben pliegues de cierta rigidez, con aristas marcadas y un carácter duro, casi “metálico”. Estas telas se organizan en planos definidos, con una caída vertical ordenada, lo que evidencia una voluntad de estructuración formal más que de fluidez naturalista. Por otra parte, la figura del Niño introduce un componente de movimiento más acusado, con una actitud más “volandera” en su manto. Ambas tallas lucen una rica policromía, a pincel, que queda muy enmascarada por el barnizado general. La factura de las tallas apunta a un clasicismo asentado del siglo XVII, hacia el segundo tercio.
María Magdalena [49] (82 x 30 x 23). Madera policromada. Imagen de la santa en pie, en actitud estática y con cierta elevación espiritual, marcada por la inclinación de la cabeza hacia arriba, en gesto de contemplación o éxtasis contenido. La figura presenta un cuerpo alargado, envuelto en una larga túnica ceñida con cuerda, que cae pesada en vertical hasta los pies descalzos, con escasa fragmentación. El modelado es suave y continuo, sin definición anatómica bajo el ropaje. Su rostro es ovalado, de facciones idealizadas, con ojos elevados y expresión recogida. Y el cabello, largo y trabajado en grandes ondas, introduce cierto ritmo plástico en una composición por lo demás bastante contenida. Sostiene con una mano la cruz, mientras la otra lleva una calavera. El resultado es una obra de factura simplificada, que sigue modelos iconográficos y fórmulas del siglo XVII, aunque esta es neoclásica del siglo XIX.
Metalistería
Cruz procesional [50] (89 x 36). Bronce. Cruz que arranca de cañón cónico liso, al que le sigue un nudo arquitectónico poligonal, que incluye cuatro flancos donde acoge medallones para bustos de los evangelistas insertos en marcos ovalados. Esta pieza remata en perinolas y en cúpula semiesférica escamada que da paso a un motivo vegetal con perfil de lira del que parte el vástago mayor de la cruz. La cruz es latina, de brazos rectos, remarcados perimetralmente por moldura lisa. Los brazos rematan en apliques a modo de abanico en perfil lobulado. Al centro lleva potencias de rayos rectos, y encima va un ángel con la cartela del INRI. El Cristo crucificado es de tres clavos, la cabeza inclinada y paño de pureza cruzado. Se trata de una producción seriada, estilo isabelino, del siglo XIX avanzado.
Incensario [51] (24 x 8 x 13). Metal blanco. Tiene base redonda troncocónica con decoración de vegetales, sobre la que va la casca de perfil bulboso y motivos del repertorio barroco dispuestos en simetría. El humero muestra el mismo perfil, con orificios abiertos definidos por motivos de ces y hojas, de contorno orgánico, por donde sale el humo perfumado. Sobre este cuerpo, remata una linterna calada con vanos estilizados de recuerdo gótico y cupulín troncocónico con toro. Cuenta con sencilla cadena y manípulo. Obra de producción seriada, de gusto neobarroco. Siglo XIX-XX.
Naveta [52] (16,5 x 15 x 7,5). Metal blanco. Elemento a juego con el incensario anterior, de perfil dinámico. Nace de una base circular, convexa y con decoración acanalada en sentido radial. El vástago es torneado de perfil troncocónico liso, con un gollete superior de silueta cóncavo convexa. El recipiente propiamente dicho adopta forma barquiforme, ensanchado en los extremos y de perfil ondulante. Se cierra con tapa articulada, dividida en dos valvas que se abren lateralmente. En el eje central se dispone un pequeño remate en forma de Espíritu Santo, que hace las veces de asidero. En cuanto al aspecto decorativo, el cuerpo cuenta con medallones para rosetas, rodeados de roleos y hojas; y la tapa lleva relieves de veneras a cada lado. La pieza encaja dentro de un lenguaje neobarroco, en consonancia con el incensario, dentro de una producción semiindustrial. Siglo XIX-XX.
Candeleros (3) [53] [54] (23,7 x 14,8 y 24 x 13,2). Latón. Pareja de piezas de pie alto [53], abombado y liso, con fuste abalaustrado, nudo de jarrón estilizado y mechero tubular anillado. El otro candelero [54] es un elemento suelto, con pie redondo troncocónico que lleva platillo cóncavo encima del que parte el fuste abalaustrado interrumpido por toros muy desarrollados y arriba el mechero tubular. Mediados del siglo XIX.
Medallón de indulgencias [55] (19,2). Bronce. Disco conmemorativo del jubileo dedicado al Corazón de Cristo, del año 1900. El Papa León XIII ordenó realizar en 1901 este medallón para enviarlo a las iglesias. Fue diseñado por Edoardo Collamarini (1864-1928) y bendecido por el Papa. La transcripción del texto del medallón dentro de la cruz y en los cuatro cuadrantes, dice: “Jesus Christus Deus homo vivit regant imperat MCMI” (Jesucristo, Dios y hombre, vive, reina e impera, 1901). En la orla exterior, empezando por abajo se lee: “Osculantibus crucem hanc in ecclesiam positam et recitantibus Pater indulgentia 100 dierum semel in die” (100 días de indulgencia, una vez al día para aquellos que besen esta cruz ubicada en esta iglesia y recen un Padre Nuestro).
Campana [56]. Bronce. Esquilonada. Del fundidor industrial Esteban Echebaster, Vitoria-Gasteiz. Lleva decoración de cruz de calvario diamantada y en el hombro la inscripción SANTA MARIA ORA PRO NOBIS AÑO 18877BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, p. 86..
Campana [57]. Bronce. Esquilonada. Del fundidor industrial Esteban Echebaster, Vitoria-Gasteiz. Se decora con cortinones y exaltación de la Eucaristía, y en el hombro el texto NUESTRA SEÑORA DE LAMINDANO ROGAD POR NOSOTROS AÑO 19008ibid..
Campana [58]. Bronce. Esquilonada. Seguramente del siglo XX9ibid..
Otros elementos
Pila bautismal [59] (92 x 86). Piedra. Pieza con basamento macizo redondo, con perfil troncocónico invertido de bordes redondeados, al que le sigue un cuello corto cilíndrico y anillado. La copa es semiesférica, amplia y profunda, con un borde grueso en toro, que refuerza la sensación de robustez. En su zona media lleva una leve molduración a modo de sencilla banda doble, imitando flejes, que marca la transición hacia la parte inferior de la copa. La silueta que se genera resulta equilibrada y compacta, austera y rotunda. Recuerda modelos del siglo XVI, pero será obra del XIX.
Ventana-celosía [60] (41 x 47). Piedra. Elemento monolítico reaprovechado en la fábrica del templo, para emplearse en una de las paredes del lado de la Epístola a modo de archivo. Lleva calados los cuadrantes de un círculo inciso hasta formar una silueta cruciforme. El círculo lleva potencias de cuatro pomas grabadas y en el árbol de la cruz hay incisiones a modo de tridente. Esta pieza está directamente emparentada con las ventanas absidales de San Antonio de Barañano y San Antonio de Argiñao, en Zeberio, ambas consideradas del siglo XI.
Sagrario [61] (101 x 44,5 x 32). Madera policromada. Sagrario exento de tipología arquitectónica, concebido como una pequeña estructura monumentalizada que remite, a escala reducida, a un templete o edículo clásico. Consta de una caja de planta rectangular, con frontal articulado con puerta, ésta organizada en arco de medio punto dentro del cuál aparece una custodia en relieve. Flanqueando la puerta aparecen dos columnas adosadas, de fuste liso, con basa y capitel simplificados. Sobre este cuerpo, va un entablamento moldurado y encima remate en forma de cúpula semiesférica gallonada, inspirada en modelos clásicos, con cruz de extremos trebolados y potencias. Todo muestra un acabado marmoreado en marrones y beige, de calidad mediocre. Será pieza de finales del siglo XIX o primeros años del XX, en clave ecléctica.
Elementos custodiados en el depósito diocesano (orfebrería)
Custodia [62] (31,3 x 13 x 10,8). Plata en su color y sobredorada. Pieza elegante y funcional, sin concesión al ornato. Consta de pie redondo en realce convexo y otro plano para recibir al gollete con el que arranca el astil. Parte éste de un gollete cilíndrico con toro en la parte superior y cuello estrecho donde asienta el nudo, de perfil ovoide, cortado por una moldura en el tercio superior, deudor aún de lo manierista. Otro elemento abalaustrado le sigue y encima se encuentra el único elemento decorativo de la pieza, que es la cabeza de angelito alado que hace de asiento al sol. El formato de este expositor es plano, de rayos rectos y ondulantes alternos y cortos, con cruz de remate de sección romboidal de brazos rectos con perinolas. Este sol resulta algo desproporcionado, por pequeño, con respecto al resto de la pieza. La custodia está punzonada por el reverso del pie, con marca en forma de escudete, que incluye las letras M / AVR o IVA / NR, coronadas, pero muy poco legible y que no hemos identificado. Barroco, primer cuarto del siglo XVII10CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 251, vol. 2, nº 163..
Cáliz [63] (24,7 x 14,1 x 8,2). Plata en su color y sobredorada. Tiene pie circular, de amplio desarrollo y perfil escalonado, formado por una sucesión de molduras convexas y planas concéntricas. Carece de ornamentación aplicada, confiando su efecto estético al juego de volúmenes y perfiles moldurados. Del centro del pie arranca el astil, configurado mediante un primer cuerpo cilíndrico moldurado que da paso a un estrechamiento central. En la zona media se dispone el nudo, de perfil ovoide, articulado mediante finas molduras anulares. Su configuración recuerda todavía modelos manieristas derivados de la platería renacentista tardía, donde la claridad estructural y la pureza geométrica prevalecen sobre la decoración. Sobre el nudo se desarrolla un segundo tramo de astil, moldurado y de perfil abalaustrado, que enlaza con la subcopa. Ésta presenta perfil acampanado invertido, lisa y exenta de decoración. La copa, de proporciones equilibradas, adopta forma troncocónica ligeramente abierta, con el característico perfil acampanado propio de numerosos cálices de tradición postridentina. Su interior aparece sobredorado mientras que el exterior permanece liso. El conjunto destaca por la armonía de sus proporciones y por una austeridad ornamental que lo aproxima a determinados modelos de platería litúrgica de transición entre el Renacimiento final y los inicios del Barroco. A juego con la custodia precedente, del primer cuarto del siglo XVII.
Copón [64] (24,5 x 12,2 x 11,8). Plata en su color y sobredorada. Vaso de pie redondo y perfil convexo, con la parte inferior a modo de amplio toro con decoración burilada de guirnalda de zarcillos o roleos muy finos. El astil es abalaustrado, torneado y aperado, sin ornato. Y sobre él va el contenedor, de silueta hemiesférica y tapa abombada que remata en cruz de brazos rectos con Cristo de Burgos. En el pie, lleva punzón de la ciudad de Vitoria-Gasteiz, y del platero Guillermo Ullivarri (G / ULIVARRI) y del contraste Apolinar del Campo, incompleta (MPO). De mediados del siglo XIX.
Crismeras [65] (11,5 x 4,2 cada recipiente). Plata en su color. Interesante juego de crismeras, poco habitual por su configuración tipológica, de tres recipientes unidos por un soporte común. Los contenedores son pequeños vasos cilíndrico-ovoides independientes, de pie circular y estrecho cuello con tapa ajustada, cada una de ellas rematada por una O, crucecita y otra parcialmente perdida (seguramente una C, alusiva al Chrisma). Presentan superficies lisas, sin ornato. La pieza que las une, es una escuadra de perfil recto, práctica y funcional, que añade máxima sobriedad. El conjunto exhibe volúmenes simples, de proporciones equilibradas, pensado como una pieza de servicio con economía decorativa. Será un trabajo protoneoclásico, de hacia 1800.
Gargantilla [66] (14,5 x 19). Filigrana de plata en su color. Se trata de una joya de uso civil, que llegaría al templo gracias a alguna piadosa donación u ofrenda. Es una gargantilla rígida de formato semicircular, estructura en varias partes. Por un lado, el aro donde se suceden en hilera los elementos foliáceos, hojas realizadas con finos hilos enrollados con motivos internos de espiral y retícula. Estas hojas se articulan ligeramente entre sí, generando flexibilidad. En el centro se añade un motivo en forma de lazo, igualmente afiligranado, flanqueado por sendos detalles de rosetas. Es el eje compositivo. Colgando de estos tres elementos centrales, parten pendientes verticales compuestos de nuevo por hojas articuladas, el central más largo, y todos decrecientes en longitud. Es una obra de joyería tradicional, que recupera modelos populares con lenguaje naturalista, próxima al modernismo de comienzos del siglo XX.
Elementos depositados en el Museo de Arte Sacro
San Pedro? [67] (76 x 32 x 16). Madera policromada. Interesante talla que representa a un apóstol con libro, y larga barba, bastante mutilado, que podría corresponder a San Pedro, aunque el atributo no es concluyente. Se muestra la figura de pie, con un contraposto bastante marcado, orientando el rostro hacia su derecha y adelantando la pierna izquierda. Viste larga túnica de plegado regular sujeta con un ceñidor anudado bajo la que asoman ambos pies y por encima va el manto que cuelga desde el hombro izquierdo cruzando sobre el pecho para envolver el brazo derecho y volver a atravesarse a la altura de los muslos, éste con un plegado algo más duro y consistente. En la mano izquierda sujeta un libro cerrado. El cabello es acaracolado y deja la oreja completamente al descubierto, según es habitual en las tallas romanistas. Hacia 1570-1580.
Virgen del Rosario [68] (80 x 28 x 24). Madera policromada. Imagen exenta y maciza de la Virgen del Rosario que seguramente tuvo un uso procesional. María se muestra de pie, con la rodilla izquierda adelantada, sosteniendo al Niño Jesús con su brazo izquierdo y sujetando un rosario con la mano derecha, algo descoyuntada, y con el brazo flexionado con rigidez. Viste túnica rozagante de color rojo, bajo la que asoman dos zapatos de punta roma, un velo blanco que cruza sobre el pecho y manto azul, terciado de derecha a izquierda, prendas que comparten un plegado grueso y duro, con paños lanosos de cierta consistencia que comienzan a quebrarse. El rostro adopta una posición frontal, levemente inclinado a su izquierda, de expresión ausente, enmarcado por una cabellera larga y ondulada que deja las orejas totalmente al descubierto. Jesús se presenta sedente, totalmente desnudo, portando el orbe del mundo en la mano izquierda y aproximando la derecha al rosario que lleva su Madre. Su anatomía es un tanto torpe, maciza aunque no muy voluminosa y la expresión es distante, envolviendo el rostro en cabello encrespado. Porta corona muy maltrecha, posterior. Pieza de factura romanista, de principios del siglo XVII.
María Magdalena y San Jerónimo penitente [69] (140 x 156). Óleo sobre lienzo. Pintura de formato apaisado que muestra a la izquierda la imagen de San Jerónimo penitente, representado como un anciano de larga barba y enjuta anatomía que se encuentra sentado y ocupado en escribir con una pluma sobre un papel apoyado en un pupitre. Viste únicamente un manto rojo que no cubre su torso. Ante él sobre el suelo, se encuentra el capelo cardenalicio junto a un libro y una calavera, y tras la figura, asoma el león, que según la leyenda le acompañó en su retiro eremítico, tras haberle retirado el santo una espina de su pata. Comparte el espacio de una gruta con María Magdalena, que ocupa el lado derecho del cuadro, arrodillada sobre una esterilla con las manos unidas en actitud de oración ante un Crucifijo que cuelga del muro de la cueva y junto al que se encuentra una disciplina. Aparece caracterizada como una joven con el cabello suelto y ataviada con un manto azulado que deja sus hombros a la vista. Dos amplias aberturas dispuestas tras las dos figuras permiten ver un paisaje boscoso con el horizonte muy bajo. La policromía es austera, predominando los tonos fríos. Barroco, tercer tercio del siglo XVII.
Cristo de Burgos [70] (160 x 113). Óleo sobre lienzo. Tela de formato vertical que muestra la imagen del Cristo crucificado de Burgos que recibe culto en la catedral de dicha ciudad. Conforme a su iconografía clásica, se trata de un Cristo sujeto a la cruz mediante tres clavos, superponiendo el pie derecho sobre el izquierdo y con los brazos en posición prácticamente horizontal -disposición más exagerada en la talla original, que en cualquier caso tiene la particularidad de ser articulada- con la cabeza muy inclinada hacia su costado derecho y largo faldellín que llega incluso por debajo de sus rodillas. Junto a sus pies, se aprecian dos círculos y un óvalo blanco que reproducen los huevos de avestruz que le ofreció un comerciante como presente según refiere la tradición. La luz incide sobre la imagen desde lo alto, contrastando con un fondo muy oscuro. Enmarcan la imagen unas cortinas rojas y ondulantes dispuestas a los lados. Está pintado siguiendo el conocido modelo de Mateo Cerezo, en la segunda mitad del siglo XVII. Sabemos que en 1935 Jesús Larrea cobró 165 pesetas “por restauración de un lienzo pintado representando el Santo Cristo de Burgos”11AHEB/BEHA, Parroquia de San Pedro Apóstol de Dima, Papeles Varios, sign. 1887/000-00., aunque recortó notablemente las dimensiones de la tela (antes medía 200 x 180).
Campanilla [71] (11 x 7). Bronce. Pequeña campana de perfil ligeramente cóncavo que se abre en amplia boca circular donde lleva una inscripción: ME FECIT IOHANNES A FINE A(NN)O 1553. La falda exhibe decoración vegetal que alterna con cabezas de querubines alados de los que, en algún caso, penden guirnaldas con animales alados, un ciervo y un mono músico. El mango es abalaustrado y se recubre con hojas de acanto, rematando en pomito moldurado decreciente. Pieza flamenca de fundición, obra de Jan van den Eyden, en Malinas o Amberes el año 1553.
MRV - RCL
María Romano Vallejo – Raquel Cilla López
1. SANTANA EZQUERRA, 1996a, pp. 103 y 108
2. ITURRIZA Y ZABALA, 1967a, (manuscrito de 1794), p. 326.
6. MUÑIZ PETRALANDA, 2011a, pp. 96-97, 216-217, 251.
7. BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, p. 86.
BARRIO LOZA, José Ángel (dir.), MOLINUEVO ZABALLA, María, y ROMANO VALLEJO, María. Bizkaiko kanpaiak / Campanas de Bizkaia. Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia – Kultura Sailak / Diputación Foral de Bizkaia – Departamento de Cultura, 2005. (Colección Inventarios, nº12). Disponible en https://www.bizkaia.eus/Kultura/kanpaiak/index.asp?idioma=CA
10. CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 251, vol. 2, nº 163.
CILLA LÓPEZ, Raquel. Investigación y puesta en valor de la platería antigua en Bizkaia. Vitoria-Gasteiz: Eusko Jaurlaritzaren Argitalpen Zerbitzu Nagusia, 2022, 4 vols. (Kultura Ondarearen Ikerketak bilduma, nº4). Disponible en https://www.euskadi.eus/publicaciones-patrimonio-cultural/web01-a2kulonz/es/