ERMITA DE SANTO TOMÁS DE EROSO
(Jurisdicción de la parroquia de San Juan Bautista)
Arratia
Bedia | Bº Eroso-Ugarte
Folleto
Barrio Eroso-Ugarte s/n, 48390
p.sanjuanbateatzailea.bedia@bizkeliza.org
EDIFICIO [1]
Sencilla construcción de planta rectangular [2] con una sola nave rematada en un ábside recto [3]. El edificio se cubre con una techumbre a doble vertiente, cuya cumbrera se dispone de forma perpendicular a la fachada principal [4]. Dispone de un pórtico en el lateral derecho que actualmente se encuentra cerrado. El inmueble se adapta a la irregularidad del terreno mediante un refuerzo en forma de plataforma pétrea en su base [5].
Los muros están aparejados en mampostería visible en algunas zonas del exterior —área de la cabecera y tramo central— [6]. Por el contrario, los paramentos se presentan enfoscados al interior y en el tramo de los pies al exterior [7]. Los ángulos del edificio se refuerzan con el empleo de sillares areniscos [5].
El pavimento se resuelve mediante terrazo de factura reciente, a excepción del espacio ocupado por el retablo, donde se ha instalado una plataforma de madera [8].
La cubierta [9] es de madera y se desarrolla a dos aguas sobre la nave mediante una estructura de dos cerchas con pendolón central. La vertiente sur se prolonga para proteger el volumen del pórtico adosado al muro de la epístola.
El acceso [10] principal se localiza a los pies del templo. Consiste en un sencillo vano de dintel deprimido, posiblemente reaprovechado de una construcción anterior, en el que se observa una cruz tallada en un disco sobre la piedra arenisca [11]. Sobre el ingreso se sitúa una inscripción reciente que conmemora la refacción del edificio: REEDIFICADO / AÑO 1960. Al interior, junto al paso, se ubica una aguabenditera de granito negro en forma de pocillo semiesférico con decoración de cruz de calvario [12] en la placa superior. En el muro de mediodía, a la altura de la cabecera, se abre otra puerta de acceso [13] que comunica con una dependencia creada tras el cierre de la zona posterior del pórtico.
La iluminación interior procede de dos vanos abiertos en el muro norte [14], ambos adintelados y con ligero derrame tanto al exterior como al interior. El edificio cuenta con un tercer hueco de dintel recto dispuesto en la fachada principal sobre el acceso [15].
El inmueble dispone de un coro [16] en el último tramo de la nave. El acceso se efectúa a través de una escalera acodada de dos tramos: el primero de obra con tres escalones y el segundo consistente en una escalera de madera [17]. Presenta solera de madera y se defiende mediante una baranda de barrotes lignarios [18].
El pórtico se sitúa en el lado de mediodía [19], ocupando la totalidad del lateral. Su techumbre descansa sobre cuatro postes de madera con zapatas, habiéndose cerrado recientemente el espacio entre soportes con ladrillo bloque y enlucido en color blanco [20]. El tramo final se encuentra tapiado para habilitar una dependencia extra en la zona de la cabecera. Este espacio cuenta con un banco corrido de factura moderna y solera encementada.
En la cumbrera de la fachada delantera se localiza un pequeño tejadillo que alberga la campana [21].
La actual ermita de Santo Tomás fue reedificada en 1960 en sustitución de un templo anterior que se emplazaba a unos 500 metros de distancia. De la construcción primitiva consta que en 1773 se acometieron obras de importancia, como la reedificación de paramentos, el retejo y el enlosado del pórtico. Según la visita llevada a cabo para inspeccionar los templos en 1793, el edificio sufría filtraciones de agua por los ventanales, lo que afectaba a la conservación de la imagen del titular1SANZ IRAETA, 1996a, p. 188.
Asimismo, en 1837, el Ayuntamiento de Bedia documentó el robo de la campana de esta ermita ante la Diputación Carlista2BFAH-AHEB. AQ01388/444..
MOBILIARIO
Retablística
Retablo [22]. Madera policromada. Mueble de un solo cuerpo y una sola calle, concebido como una estructura arquitectónica de marcada sobriedad. El conjunto se organiza en torno a una gran hornacina en arco de medio punto, enmarcada por pilastras acanaladas y coronada por un entablamento recto sobre el que se dispone un remate triangular partido con acróteras esféricas en los extremos. La composición responde a modelos derivados del lenguaje neoclásico, reinterpretados en clave popular. Toda la estructura aparece decorada mediante pintura de marmoreados en verde, combinados con perfiles y molduras doradas y pardas, recurso muy habitual para ennoblecer visualmente materiales más económicos. El banco y la mesa presentan la misma decoración y una disposición geométrica sencilla. La hornacina central, de fondo azul verdoso, alberga una escultura de un santo con lanza y manuscrito, identificado como el titular, Santo Tomás [23] (92 x 26 x 26), con un acabado polícromo muy uniforme y brillante. La imagen presenta rasgos populares y cierta rigidez frontal, acorde con la modestia del conjunto. Será de finales del siglo XIX o primeras décadas del XX, cercana a la producción industrial devocional. El retablo muestra una clara dependencia de modelos neoclásicos tardíos, visibles en la simetría compositiva, el predominio de líneas rectas, el uso de pilastras acanaladas y la reducción ornamental. Todo apunta a un retablo ecléctico de inspiración neoclásica, realizado entre finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Escultura
San Roque [24] (125,5 x 40,8 x 24). Madera policromada. Imagen del santo como peregrino, identificado por el bordón, la esclavina con veneras, el perro que le acompaña y la llaga descubierta en la pierna, alusión al episodio de la peste. Aparece revestido con hábito corto y capa. La escultura presenta una composición frontal, animada por la ligera torsión del cuerpo y el gesto abierto del brazo derecho. El modelado es popular, sin complejidad anatómica. Los paños se resuelven mediante pliegues amplios y blandos, con superficies lisas y escasa profundidad. El rostro muestra rasgos expresivos sencillos con boca entreabierta y barba corta trabajada con mechones esquemáticos, con halo coronándole, de destellos rectos y ondulantes alternos. La policromía posee un acabado brillante y espeso, fruto de un repinte posterior. El perro aparece tratado de forma ingenua y sintética, algo descoyuntado. Estilísticamente, la obra parece responder a una tradición barroca popular sin refinamiento técnico ni gran dinamismo. Puede ser obra popular, de finales del siglo XVIII.
MRV-RCL
María Romano Vallejo – Raquel Cilla López