IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ APÓSTOL
Arratia
Areatza | Bº Casco urbano
Folleto
Askatasun kalea,15 (48143)
p.sanbartolomedeuna.areatza@bizkeliza.org
EDIFICIO [1]
La iglesia de San Bartolomé Apóstol de Areatza [2] se emplaza en un extremo del casco urbano, como suele ser habitual en las villas vizcaínas, y en un terreno con marcado desnivel al que adapta su planta.
Es un templo de planta cruciforme [3], con una sola nave de cuatro tramos, el primero de ellos ampliado hacia los lados mediante dos capillas que generan un transepto, y presbiterio.
Los tramos son de proporción 1:2 aproximadamente, siendo ligeramente más largo el tercero. La cabecera [4] pierde anchura y altura con respecto a la nave, y también las capillas [5] son más bajas, pero el conjunto resulta bien proporcionado.
A este buque se le adosa la torre en el ángulo noroeste –invadiendo parte del último tramo–, dos estancias –sacristía y almacén– en los ángulos entre ábside y brazos, y el pórtico cerrando el resto del perímetro, de tal suerte que todo queda embutido en un espacio rectangular.
El volumen exterior del edificio refleja claramente esta distribución, con su alzado en cruz (aunque matizado por los salientes contrafuertes y sobrealzado de la parte de los pies del pórtico).
El espacio interior [4] [6] es aún más limpio y diáfano, efecto resaltado por la altura del edificio.
El aparejo aparece al interior oculto por el enlucido, pero externamente se distinguen con facilidad dos tipos de obra [7].
La que ocupa todo el perímetro del cuerpo principal del edificio, hasta más de dos tercios de altura, es de sillares calizos [8], adelgazándose ligeramente el muro en su parte alta tras superar una deja perimetral. Estos paramentos se corresponden con la parte más antigua del templo.
Por su parte, el peralte de los muros hasta alcanzar la cornisa, así como los estribos, la cabecera y las capillas laterales del crucero [1] son de mampostería de distintos tamaños y calidades, y en ocasiones reaprovechan algunos sillares calizos antiguos, mientras que los sillares de sus esquinazos son areniscos. También en esta parte la pared se adelgaza a cierta altura, aunque sólo en el hastial de los pies. La cornisa [9], de perfil cóncavo-convexo, es uniforme para todo el templo, aunque falta en la cabecera y capillas [10], algo más bajas que la nave.
En esta zona alta llaman la atención los dos refuerzos cilíndricos de mampostería que se han añadido en los ángulos exteriores del primer tramo de la nave [11] [12]. Simulan dos husillos de mala calidad y desconocida utilidad, aunque desde la sobrebóveda nada se aprecia.
El fuste de la torre [13] repite la sillería caliza. El campanario [14], por su parte, es de sillería arenisca tostada.
El pavimento [15] es de tarima de madera, aunque en el primer tramo y el presbiterio [16] se combina con el granito negro que también se emplea para las cuatro gradas sobre las que se elevan.
Los soportes internos del edificio son pilastras [17] cruciformes toscanas, con sus plintos y basas [18] y con los capiteles [19] muy moldurados. En la cara sur una moldura de placa une estos capiteles, marcando la base de las ventanas.
Al exterior se corresponden con tres pares de estribos [20] de sorprendente salida, tal vez debido a que la irregularidad del terreno aconsejara reforzar los soportes. Se aparejan en mampuesto, aunque generosamente reforzados con sillares en las aristas. Los contrafuertes se adelgazan notoriamente a dos tercios de su altura –coincidiendo con el cambio de aparejo– [21], pero casi alcanzan la cornisa, rematándose en talud. En ambos laterales el primero de ellos [22] se encuentra embebido en el brazo del crucero.
Los machones van perforados por arcos de medio punto sobre placas capitel [23] que permiten el tránsito libre por el pórtico. Estos arcos-atajos resultan una singularidad dentro de la arquitectura religiosa vizcaína.
Hay un estribo más, diagonal y sin perforaciones, adosado a la esquina sudoccidental [24] y decorado con bisel esquifado [25].
Sobre las pilastras de la nave arriba citadas voltean los fajones [26] semicirculares lisos que generan las bóvedas [27]. La crucería nervadura es igual en los cuatros tramos del templo, de crucería con terceletes [28], cada una con cinco claves que, a pesar de disponer de los correspondientes orificios para anclar postizos, están todas ellas talladas. Las centrales [29] con motivos vegetales –filas de hojas dispuestas en forma radial, que en el tramo de los pies cambia a cuatro cruces inscritas en rombos [30]. El resto se decoran a modo de tondos con botón central [31], algunos enriquecidos con hojas y sogueados [32]. Las nervaduras [33] son de sección aguda, lograda por sucesivos rebajes rectos.
Estos nervios caen a las pilastras excepto en el primer tramo hacia la cabecera, donde descansan en ménsulas de vaso con perinola inferior [34], elementos del siglo XVI. Probablemente se repetirá la ménsula a los pies al lado sur, pero queda oculta tras el órgano; al norte el chaflán que forma la subida a la torre ha eliminado el soporte, además de ocupar el espacio de una parte de la bóveda [35].
A la capilla mayor se accede bajo un arco triunfal de medio punto [36]. La rosca apea sobre pilastras de frente rebajado y capiteles moldurados en recto [37], de forma más sencilla que los de la nave, que se extienden a modo de imposta por toda la cabecera y el testero de la nave.
En su clave luce escudo [38] que parece labrado en madera, y que en su campo ovalado acoge un corazón llameante traspasado por espada y flecha, rematando en cueros retorcidos de los que salen guirnaldas y arriba cabecita de ángel. Debajo una inscripción: “REEDIFICADO 1870”.
Tanto este ambiente [39] como los brazos del crucero [40] se techan con bóvedas tabicadas de lunetos.
La cubierta de la nave es un tejado [41] a cuatro aguas con la cumbrera corrida.
Por su parte los brazos se cubren a una vertiente, y a tres la cabecera.
En la sobrebóveda se aprecia el reaprovechamiento de piezas antiguas tales como vigas de madera, en una de las cuales figura la inscripción AÑO / 1756 y a su lado 2007 [42], y tirantes metálicos [43] instalados en las sucesivas reformas de que ha sido objeto el templo a lo largo de su historia.
La luz penetra en la nave por amplias ventanas [44] abiertas en cada uno de los tramos por el flanco meridional. Perforan el muro con derrame y dintel escarzano, si bien éste, que también se hace escarzano al exterior [45], es fruto de una reforma tardía, del XIX.
Por su parte, en la capilla mayor [39] y en el crucero las ventanas se disponen simétricamente, tanto a norte como a sur –adintelada hacia afuera en el brazo norte–. Existe también un gran óculo circular [46] que perfora el muro de los pies, obra de 1890 con vidriera ejecutada por Vidrieras de Arte en 1989, empresa que también se encargó de los vidrios de las otras ventanas de la nave en 1996 [47].
Asimismo, hay dos vanos menores de distinta factura: uno adintelado, al sur, para el coro, que se defiende con reja renacentista de jaula [48], abierto, según la documentación, en 15721BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas 1549-1575, sign. AREATZA 0130/002. , y que actualmente se halla oculto al interior tras una de las paredes del órgano. Es posible que fuera una ventana de asientos, modelo muy habitual en nuestros coros. Y otro hueco se abre, al oeste, en medio punto, para la capilla bautismal [49], de factura contemporánea, encajada en un ángulo del sotocoro.
Hubo otro vano, conopial geminado, que bien pudo ser una primitiva ventana de asientos para el coro, predecesora de la indicada más arriba. Hoy sólo queda de ella el dintel [50], reaprovechado en la portada principal, a los pies, con una inscripción que reza:
“(Est)a obra se fizo el / (añ)o de m(il) y d (=quinientos) y treze / (a)nos IHS”.
El acceso más antiguo [51] se ubica en el lado de la epístola, al principio del tercer tramo. Es un arco, que, a juzgar por el trazado de sus largas dovelas en abanico, probablemente estuvo levemente apuntado al intradós y en medio punto en el trasdós, aunque fue retallado posteriormente para adintelarlo. Tallado a base de golpes finos diagonales, presenta su arista achaflanada. El túnel sigue el habitual sistema de derrame y arco escarzano.
En la clave [52] lleva como adorno una cruz flordelisada y tres círculos solares –muy perdido el inferior–, que acompañan a un tosco y deteriorado epígrafe. Ybarra leyó en él:
“Arciprestazgo e(ra) mil CCC / XXXXIIII años fecit / E(clesia) P(arroquial) Alfo(nso) F(e)r(nánde)z Blasquiez”2YBARRA Y BERGÉ, 1958, pp. 536-537..
Santana Ezkerra propuso retrasar la data hasta 14943SANTANA EZKERRA, 1989a, p. 25.. Creemos sin embargo que la fecha escrita es 1444, pese a que la longitud del radio de las dovelas y el redondeamiento del extradós hacen pensar en una cronología más tardía. El resto del texto resulta difícil de descifrar. Proponemos, con muchas reservas:
“(¿Arci?)Paetago (?) mill CCCC / XXXXIIII anos feçit / pa llabe de la puer/ta”.
Donde llave debiera interpretarse como sinónimo de clave.
Flanqueando este paso dos aguabenditeras [53] de granito negro. Son semiovoides con perinola en la parte baja y placa para cruz bajo arquillo de medio punto. Junto a ellas, y grabados en las jambas, hay sendos discos con cruces.
En el brazo sur del crucero existe otro ingreso [54]. Es en realidad el aprovechamiento del arco-atajo del contrafuerte absorbido por la construcción de la capilla de ese lado, en la que se abrió esta comunicación con el pórtico. Así, el arco de medio punto fue adintelado, con túnel en derrame y arco escarzano al interior [55]. El espacio que quedaba entre el nuevo paso y la antigua rosca del atajo estaría raseado, pero en algún momento se ha querido hacer un “tímpano” con una capa de cemento.
Otro acceso de similares características se abre en el brazo norte [56]. Como el anterior, era el arco-atajo de un contrafuerte, y en este caso se ha mantenido el arco de medio punto [57], que servía en otro tiempo para pasar desde el brazo a la desaparecida capilla de la Dolorosa.
La portada principal [58] se abre en el hastial de poniente. Configurada a modo de arco de triunfo, es un elemento de escultura monumental que detallaremos más adelante.
Como hemos adelantado, en esta portada se reaprovecha el dintel de una ventana geminada conopial –asoman debajo los ápices de los arcos–, con el texto datado en 1513 [50].
El paso se encuentra flanqueado por dos aguabenditeras [59] de mármol negro con copa hemisférica con perinolas en la parte baja y frente para cruz. Son similares a las de la entrada lateral, aunque más elaboradas.
El coro alto [60] situado a los pies, ocupa el último tramo y toda la anchura de la nave. Se genera sobre un gran arco carpanel cajeado al frente que apea sobre pilastras [61] toscanas cruciformes, que en realidad son la parte inferior de las correspondientes pilastras generales del templo. Lleva friso [62] con triglifos y medallones lisos.
Se defiende con un antepecho de hierro forjado de cinco tramos, con barrotería [63] de dobles nudos de huso y arandelas, excepto los balaustres capitales [64], que son de doble mazorca de maíz.
Tiene acceso por escalera [65] claustral de tramos añadida en el siglo XIX.
En el ángulo sudoeste del sotocoro, está acotada la capilla de bautismo [66], comunicada con la nave mediante arcos de medio punto y cubierta con bóveda de aristas, que en los ángulos de los pies apea en unas ménsulas de vaso [67] que parecen reaprovechadas, del siglo XVI. En medio de una de sus paredes asoma un capitel ecléctico [68], resto de alguna intervención decimonónica.
Frente a esta estancia, al noroeste de la nave, el espacio se ve invadido por la torre, que forma un chaflán [69] que se alza abarcando toda la altura del templo.
Dispuestos simétricamente a ambos lados de la cabecera se encuentran la sacristía [70] y un almacén [71]. Se accede a ellos a través de pasos [72] adintelados con túnel escarzano en derrame [73] abiertos en los lados de la cabecera y en los brazos del crucero, estos a un nivel más alto que aquellos, lo que ha obligado a crear un sistema de escaleras dentro de ambas estancias [74]. Se iluminan con vanos adintelados [75] muy diferentes a los del resto del templo y se cubren con cielo raso.
Debajo de parte de estas estancias, aprovechando el desnivel del terreno, se habilitó un semisótano que se utiliza como almacén y para acoger la maquinaria de la calefacción.
En el ángulo noroeste se adosa la torre [76]. Es peculiar por su planta que, en lugar de ser un cuadrilátero, a consecuencia de su invasión del espacio del templo uno de sus lados, el sur, va adquiriendo formas quebradas para adaptarse al cuadrado [77]. Así, por debajo de la cubierta genera el chaflán indicado, visible desde el interior del templo, y por encima trata sin éxito de recomponer la planta cuadrada mediante quiebros.
Pese a ello el elemento es un volumen esbelto, aunque un tanto desproporcionado, que se configura como un fuste alto y fuerte, aparejado en sillería hasta más arriba del tejado del templo [14]. Esta parte se ilumina abriéndose a través de varias aspilleras y ventanillos, uno con sus aristas exteriores abuzonada, y vanos adintelados –uno de ellos tapiado– de apurada talla dotados de cañón de cuerpo entero y escarzano [78].
Sobre este mástil se superpone el campanario [14], labrado en arenisca en contraste con la sillería caliza del fuste. Arranca de molduras lisas, y lleva huecos cardinales en medio punto con el reborde abocelado, enmarcados por pilastras cajeadas [79], salvo en el este, donde carece de decoración [80]. Una cornisa de listeles y moldura volada da paso al remate. Éste arranca de un banco corrido [79] con los frentes rebajados para acoger un tondo, y en los ángulos plintos, también cajeados, para unos pináculos geométricamente flordelisados. Encima se corona con un irregular chapitel moderno [81] con pendientes pronunciadas y tejado de escamas de pizarra. Remata en linterna [82] a base de arquillos de medio punto con pirámide bulbosa para cruz.
Se accede a la torre por una puerta [83] de dintel sinuoso, en doble arco escarzano, abierto bajo el coro. Al interior conserva un voluminoso quicio cilíndrico moldurado en cóncavo en su boca [84].
Se asciende seguidamente por una escalera helicoidal [85], con elegante pasamanos pétreo [86], que gira en torno a un hueco [87] por donde pendían las pesas del reloj (aunque no sería ésta su finalidad inicial, ya que torre y escalera fueron construidas mucho antes de la instalación de un reloj). Dicho eje es cilíndrico en la base, pero cambia a la sección hexagonal a partir del primer tercio de su altura, salvando el tránsito de un formato a otro mediante molduras en los ángulos [88]. En la parte alta el husillo pasa a ser cuadrangular mediante un complejo sistema de arcos lisos y abocelados [89].
El pórtico [90] es una estructura a tejavana simple que se extiende de brazo a brazo pasando por los pies.
Se protege con un antepecho [91] de considerable altura en casi todo su recorrido [92], que se abre frente a los accesos sur y oeste, y parece haber tenido otra abertura al norte, hoy cegada. Lleva banco corrido a sur y a oeste.
Sobre el poyo se alzan catorce pies derechos [93], casi todos ellos decorados con anillas a modo de basa [94] y capitel y con sus aristas en chaflán para cabezas de clavos en los extremos [95]. Rematan en zapatas [96] avolutadas en cuyos laterales se tallan unos sencillos roleos y algunos motivos geométricos; la del ángulo suroeste luce una palmeta entre volutas a modo de mascarón [97]. También algunos de los tirantes tendidos entre estos pies derechos presentan chaflanes y cabezas de clavo [98].
La estructura de viguetas, tirantes a la pared y cerchas es reciente, así como algún pie derecho y zapata.
Aún se perciben las huellas de un atrio precedente [99] (vierteaguas, canes de sustentación, etc.), más bajo que el actual, que se correspondería con la primitiva obra aparejada en sillería caliza. Y hubo otro, intermedio (se aprecian rozas en los muros y contrafuertes), de cronología desconocida.
El tramo de pórtico alineado con la entrada occidental [100] tiene cubierta a doble vertiente, con piñón, soportado por pilares y tirantes de hormigón. Es resultado de una intervención contemporánea (aunque se aprecia la huella de otra estructura similar más antigua).
El pavimento está enlosado [101].
En 1338 la carta puebla de Areatza (nacida como Villa de Haro, Villaro) especificaba que se trataba de una fundación en yermo, lo que en principio hace pensar en un lugar despoblado y por tanto sin una parroquia previa. Pero es cierto que el mismo texto menciona a San Bartolomé como punto de referencia a la hora de fijar los límites de la nueva puebla. Esto nos lleva a suponer que el templo existía, aunque probablemente no con la categoría de iglesia parroquial, sino tal vez como una ermita en un lugar poco poblado.
En este mismo sentido, no es creíble la lectura del epígrafe de la clave de la portada sur realizada por Ybarra, datándolo en 13064YBARRA Y BERGÉ, 1958, pp. 536-537.. Más clara nos parece la fecha de 1444, en la que tendría lugar una intervención de entidad, digna de ser recordada con el texto.
En cualquier caso, el edificio sería íntegramente rehecho en torno a 1500. El sillar reutilizado en la fachada de los pies nos da la fecha de 1513, que debe referirse al momento en el que se cerró el cajón de muros del edificio, reaprovechando la puerta lateral. Es de lamentar que el desmoche realizado posteriormente para asentar el peralte de mampostería con motivo del abovedamiento haya hecho desaparecer testimonios de datación como las ventanas.
Para esa fecha de 1513 la iglesia ya podría ser utilizada, aunque no debía ser otra cosa que un amplio espacio rectangular cubierto por una armadura simple de madera.
Nada nos cuenta la documentación escrita hasta 1547, cuando parece que se produce una importante reactivación de las obras a fin de consolidar –si no rehacer– aquel templo. En este año se llegaron a pagar 29.245 maravedíes en salarios a los “quinientos e treinta e nuebe canteros (serán jornales) que trabajaron en la obra de la dicha iglesia”, además de otros 4.170 maravedíes a un anónimo “maese cantero” –¿el director de la obra? – por 139 días de trabajo.
Entre 1555 y 1569 se continuaron realizando obras en el templo, tal como puede deducirse de los diferentes pagos que se realizaron a canteros y carpinteros durante estos años.
Ya desde febrero de 1555 Pedro de Uría se comprometía a transportar en su carro de bueyes 450 sillares, extraídos por el cantero Martín de Goiri de la cantera de Iturriotz (Dima, a unos 3 km). Y los importantes gastos por estos conceptos se repetirían en años posteriores.
La lista de canteros que pasaron por la fábrica es larga: San Juan y Pedro de Zabala, Martín de Arriaga, Miguel de Bengoa, Martín de Goiri, Martín de Guesala, Juan de Goitisolo, Martin Olarriaga, Martín de Upoaran, Martín de Biona, Santiago Naverán, Juan de Ipas, Juan de La Tejera, Pedro de Arandoy…
Uno de ellos, Domingo de Iturrieta, “maese cantero”, cobró sumas muy importantes, lo que nos lleva a suponer que era el responsable de la obra, aunque aparecerá también ocupándose de tareas concretas. Vecino de Kortezubi, era Iturrieta maestro muy experto, con obra en lugares como Amorebieta-Etxano, Vitoria-Gasteiz, Laguardia (Álava), Foncea (La Rioja) o Pancorbo (Burgos)5BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas 1549-1575, sign. AREATZA 0130/002..
Tampoco faltaron los carpinteros: Pedro y Andrés de Eguilleor, Martín de Orue, Juan de Aguirre, Fortún de Yurrebaso, Pedro y Domingo de Arteaga, Juan de Urrazu, Juan de Uribitarte, Juan de Arriquibar, Juan de Larrazábal, Martín de Echebarri, Juan Pérez de Gorrio, Pedro y Domingo de Garay, Pedro de Yturrioz, Pedro de Munichaga…
En los años sesenta se complementaría la construcción. En 1563 se acopiaba madera “para la capilla de la iglesia”, quizás pensando en abovedar una cabecera más tarde modificada. En ese momento se dispondrían las ménsulas en los ángulos al este de la nave, aunque las actuales nervaduras son posteriores como veremos.
En ese mismo año 1563 se encargaban los bultos de la portada oeste, si bien parece que la parte arquitectónica se retrasó aún una década, realizándose entre 1573 y 1576.
Las obras continuaban a buen ritmo. En 1564 se hacía la puerta de la sacristía, lo que indica que ésta ya existía.
Y en 1566 el maestro carpintero Pedro de Eguilleor y su numeroso equipo levantaban un coro.
Aquel mismo año se recrecían con maderas las paredes de la torre, quizás para colocar las campanas –en 1549 se mencionaban 2 campanas grandes y 3 pequeñas–. Participaron en los trabajos de nuevo el carpintero Eguilleor y el cantero Martín de Upoaran. Pero en 1570 un “maese cantero” hacía “la traça del canpanario”, que ejecutaría Domingo de Iturrieta (tal vez él mismo fuera el tracista, pero la documentación es poco clara al respecto). Las obras de este campanario aún continuarían algún tiempo, dando problemas: en 1571 Martín de Goiri fue llamado para “aberiguar la obra y herro” en el mismo. Ese año se colocaron las campanas, y otra más –la campana esquilón bendecida– en 1572, pero siguieron los trabajos hasta que en 1574 se colocó un chapitel.
En 1568 los carpinteros Pedro y Domingo de Arteaga habían hecho obras en el “çimiterio” (pórtico), aunque en 1581 sería rehecho según traza del maestro carpintero Juan Pérez de Gorrio.
Y en 1572 se renovó la ventana de coro, la hoy escondida tras el órgano. Con anterioridad probablemente estaba ahí la que lucía el dintel conopial geminado reutilizado en la portada principal6BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas 1549-1575, sign. AREATZA 0130/002..
En lo fundamental ya estaba construida la parte de la iglesia que hoy vemos aparejada en sillería caliza. Pese a los precedentes medievales, culminados en 1513 según reza el dintel reaprovechado, hemos de interpretarlo como un templo renacentista, realzado en el tercer cuarto del siglo XVI.
Estaban ya el buque –sin cabecera o con una más reducida que la actual, y sin capillas-brazos– y el fuste de la torre, y sobre éste habría un cuerpo de campanas hoy desaparecido, lo mismo que la sacristía y el pórtico, renovados en varias ocasiones.
Es probable que la traza de todo ello fuera de Domingo de Iturrieta, quien en cualquier caso parece haber dirigido las obras y proyectado la torre.
Durante el XVII no parece haber habido grandes obras, aunque fueron frecuentes las de mantenimiento, algunas de entidad: en 1614 “reparar la capilla mayor y el tejado que estava en peligro de caerse y en otras cosas forçosas”; en 1620 mejoras en el pórtico, incluidas “las calçadas” (solado) realizadas por los empedradores Ochoa y Martín de Gorordo; en 1682 se modifica el coro para instalar el órgano…
La única intervención de importancia de esta centuria parece haber sido el nuevo campanario, de hacia 1630 a juzgar por su sobrio aspecto clasicista, aunque sería intervenido en el siglo XIX7BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, sign. AREATZA 0005/001/006; Libro de cuentas 1608-1630, sign. AREATZA 0131/003; Libro de cuentas 1665-1726, sign. AREATZA 0132/001..
Pero fue el XVIII el que conllevó cambios importantes en el templo.
En 1721 se renovaba la encajonadura, las tumbas dentro de la iglesia, aportando el vecindario la tabla precisa para 60 sepulturas.
Pero, mucho más importante, en el mismo año el maestro cantero Domingo de Basail cobraba “por el tanteo que hizo para la execuzion de la obra de la canteria de dicho presbiterio”. Es decir, se modificaría la cabecera –posiblemente ampliándola–.
Al año siguiente se decidía que “se haga la torre del campanario de dicha iglesia”, en sustitución de la anterior. En 1723 las obras estaban avanzadas8BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas 1665-1726, sign. AREATZA 0132/001..
Aquel templo iba completándose, pero aún quedaba un asunto sin resolver: el abovedamiento. Éste se puso en marcha en 1733, con motivo de que
“la pared de su yglesia, acia la parte de el ebangelio (norte)… se hallaba desplomada y avierta amenazando ruina, como tambien el cielo y el tejado de ella a pique de caerse todo con extrema nezesidad de reparo y tambien la sachristia”,
por lo que llamaron a los maestros canteros Juan de Herdoiza y Francisco de Amirola para que estudiaran la situación. Ambos avisaron de la necesidad de hacer la traza para su seguridad y realizar el abovedamiento de la iglesia.
Las obras se retrasaron al año siguiente, cuando el concejo –como patrono– para poder sufragarlas pidió a censo (préstamo) 35.750 reales a las monjas del vecino convento de Santa Isabel.
Así, en 1734, según las trazas ejecutadas por el hermano carmelita de Markina fray Marcos de Santa Teresa, se adjudicó la obra al maestro cantero Domingo de Palacios, de Barakaldo, y a Andrés de Omaechavarria, maestro carpintero de Begoña, los cuales se obligan a hacerla en la cantidad de 60.100 reales (Palacios al parecer también se ocupó de parte de la obra de la torre).
Pero en 1736 estos artífices dejaron de pagar a sus oficiales y peones, por lo que fueron despedidos y sustituidos por el maestro cantero Carlos de Villanueva, el maestro carpintero Joseph de Añibarro y el maestro albañil Joseph de Anitua. En 1737 Herdoiza, que había supervisado las obras, las reconocía y daba su visto bueno.
Durante los trabajos se peraltaron los muros perimetrales –después de rebajarlos “hastta hallar firmeza”–, se adosaron los estribos y pilastras interiores y se trazaron las crucerías tabicadas que hoy existen, maestreando los soportes por dentro y por fuera. Entre arcos, paramentos, estribos, cornisas y demás se emplearon más de 450 carretas de piedra.
En 1743, el arquitecto azpeitiarra Ignacio de Ibero, quien había trabajado en el santuario de Loiola en 1733 y en ese el mismo año de 1743 se encontraba llevando a cabo la iglesia de San Nicolás de Bari en Bilbao, fue llamado para reconocer una grieta abierta “en las bóvedas y pared testera del altar mayor”. Concluyó Ibero que el templo era seguro y que simplemente necesitaba obras menores para su conservación.
También la sacristía debía de resultar inadecuada, porque en 1757 Juan Antonio de Elguero “vino a dar la idea de la sacristia de orden de aiunttamiento”. Pero sólo en 1767 se decidió hacer una nueva, encargándose su traza al maestro arquitecto Juan de Iturburu, que cobró por ello 180 reales. Los rematantes fueron Blas y Asencio de Añibarro, vecinos de Zeanuri, quienes la terminaban dos años más tarde y recibían 4.485 reales. Pero tal no se corresponde con las dependencias actuales, más modernas9BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1727-1766, sign. AREATZA 0153/001..
En 1781 Francisco de Echanove, maestro de obras vecino de Mañaria, redactaba un nuevo informe sobre la situación de la iglesia, apreciando la existencia de varias grietas y desplomes en las paredes. En su opinión no comprometían la seguridad del templo y podían ser subsanadas con revoques de mortero y yeso. Pero sí le pareció pertinente demoler el coro, ya que su arco “se halla separado por ambos extremos” y “por la gravedad de su peso se halla bajado en su mediacion en cinco y medio onzas”. Proponía hacer uno nuevo [102],
“dandole de arranque al salmer dos pies mas abaxo que al presente tiene sobre sus pilastras, con ttres pies de reliebe formando sobre ellas el arco de buelta de cordel con la dobeleria que oy tiene, poniendole la coornisa y demas adornos con que exsiste y de este modo quedaria dicho arco lucido perfecto”10BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, sign. AREATZA 0006/002/003..
Mediado el siglo XIX el Diccionario… de Madoz destacaba esta obra:
“(es) notable un arco para sostener el coro, de mucho mérito, según los inteligentes, pues presenta 40 pies de ancho, y desde el arranque á la clave solamente 8”11MADOZ E IBÁÑEZ, 1854, vol. XVI, p. 272..
En 1854, se proponía una nueva la reforma de la torre. Las trazas corrieron a cargo del arquitecto vitoriano Martín de Saracibar, quien entre las actuaciones a realizar estipulaba que
“se quitaran las campanas y el reloj y que se deshiciera el campanario viejo para luego volverlo a levantar de acuerdo con las órdenes precisas y dibujos que daba para el efecto”.
Es decir, que el actual cuerpo de campanas es una obra clasicista de hacia 1630 desmontada y remontada en 1854.
La obra se adjudicó a Pedro de Astondoa, vecino de Artea, por la cantidad de 15.656 reales12BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1845-1863, sign. AREATZA 0161/001..
La vieja iglesia de una nave, dotada de un presbiterio, pero sin transepto, se había ido quedando pequeña para las necesidades de su feligresía y de otros muchos habitantes de los pueblos vecinos que acudían a Areatza a oír misa atraídos “por la suntuosidad del rito”. Quien así lo señalaba era el propio párroco de San Bartolomé, el cual, en 1867, logró reunir los fondos imprescindibles para acometer un gran proyecto de reformas: “aumento del Presbiterio, dos Capillas, Sacristia y trasteria”. El ayuntamiento se ocupó de gestionar las obras, encargando su diseño al arquitecto Atanasio de Anduiza. Los contratistas encargados de materializarlas fueron Lucas de Zubía y Esteban de Gorostiza, con un coste total de 68.228 reales.
La obra supuso ampliar el presbiterio existente y alzar ex novo las capillas laterales del crucero, la nueva sacristía –ésta sustituyendo a otra anterior– y el trastero de los flancos de la cabecera.
En el curso de la misma campaña de obras se instaló un reloj público en la torre13BFAH-AHFB, Administración de Bizkaia, Régimen municipal y urbanismo, sign. AR00174/017..
Se reinauguraría el templo el 30 de octubre de 1870, quedando para memoria de la obra el escudo de la clave del arco toral con la inscripción “REEDIFICADO 1870”.
Hubo, como es lógico, obras menores, como la apertura del óculo de los pies en 1891 o la reforma en 1898 del tramo occidental del pórtico, firmado por el arquitecto neomedievalista José María Basterra, al que se deberán también la capilla bautismal y la desaparecida capilla de la Dolorosa, adosada al brazo norte. También de Basterra es el plan que añadió un chapitel [81] de gusto afrancesado al remate de la torre de campanas, en 190514AHEB-BEHA, Parroquia de San Bartolomé, Areatza. Papeles varios, 14 de septiembre de 1898..
Durante alguna de estas obras decimonónicas serían instaladas las aguabenditeras de los accesos.
Después, obras de mantenimiento de diversa índole, pero que en nada afectaron al edificio en sí.
La última reforma importante se llevó a cabo entre 2005 y 2009, cuando entre otras cosas se procedió a realizar trabajos de consolidación, engrapado de los arcos y reparación de la superficie de las bóvedas, según proyecto del Servicio de Patrimonio de la Diputación Foral de Bizkaia15ACOB-KBGA, Proyecto de restauración del templo, 2005-2007, sign. D2-0672/002; Restauración del templo, 2008, sign. D2-0672/001; Convenio entre el Ayuntamiento de Areatza y la Parroquia de San Bartolomé Apóstol para la ejecución de las obras de restauración de la citada parroquia, 2010, sign. D2-0671/008..
El resultado de este proceso constructivo es un templo modesto, por debajo de las aspiraciones habituales en las principales villas vizcaínas. Pero las reformas del XVIII, con los aparatosos contrafuertes y los soportes interiores y sus bóvedas, le dotaron de una notable dignidad, reforzándose la imagen del edificio con las ampliaciones del XIX.
MOBILIARIO
La biografía del amueblamiento de esta iglesia ha conocido momentos importantes en la renovación de sus elementos, cuyo registro arranca en el año 1547. Muchas obras se han conservado, aún con alteraciones como los retablos, pero de otras tantas solo conocemos el dato documental.
La primera referencia de interés que encontramos alusiva a las piezas mueble data de 1549, cuando con motivo de una visita se elabora un pequeño inventario señalando la existencia de una custodia de plata, una copa para llevar el Santísimo Sacramento, tres cálices de plata, uno de ellos dorado y una cruz de plata. Y también se anotan varios objetos de metalistería, entre ellos 6 candeleros, una cruz y un incensario, dos campanas grandes, tres pequeñas y un reloj. A mediados de siglo, año de 1555, aparece trabajando para el templo el diestro platero bilbaíno Pedro Pilla, que cobró por hacer un incensario de plata; de nuevo lo vemos en 1566, si bien, el encargo es de mayor entidad e infrecuente, pues se trata de la hechura de un cáliz de oro. Su relación con este templo se mantiene dos años después, cuando se le paga a un escribano por un poder dado contra Pedro Pilla, sobre unas crismeras, y poco después se anota el pago por las mismas16BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1549-1575, sign. AREATZA 0130/002..
Respecto de la imaginería, continuando en el siglo XVI, sabemos que en 1595 el pintor Juan Ochoa de Madariaga cobró “para en parte de pago de una imagen de nuestra señora del rrosario que hizo para la iglesia parroquial”17FAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1593-1608, sign. AREATZA 0131/002.. Pasando al XVII, en 1661, gastaron 322 reales “por un bulto de un [justo] para la noche de juebes santo” y 1.936 reales en una lámpara de plata, con un coste total de 4.686 reales, en parte procedentes de limosnas de los vecinos18BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1630-1665, sign. AREATZA 0131/004..
Por otra parte, parece que en la iglesia había un altar dedicado a Santa María, llamada de Toledo, debajo del coro junto a la pila de bautismo, y en 1664 se dice que el crucifijo que tiene está indecente y se mandó encarnarlo y ponerlo con “onestidad y decencia”19BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1634-1665, sign. AREATZA 0136/002.. Otra de las imágenes que se citan es la talla del titular del templo, que se ordena renovar en 167820BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1665-1726, sign. AREATZA 0132/001..
Llegando al siglo XVIII, en 1716 se acordó hacer “el paso del Dezendimiento de nuestro señor Jesuchristo de la Cruz para ponerle en la yglesia parroquial de dicha villa en su altar y capilla”21BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1710-1746, sign. AREATZA 0137/001.. Por tanto, nos habla de la existencia de un altar con aquella advocación. Por aquellos años, 1721, encontramos otras anotaciones a encargos y pagos en diverso mobiliario. Juan de Añibarro se ocupó de “por poner el pulpito y su escalera”; Mathias de Mendoza, ensamblador, hizo diez bancos para la iglesia y los andamios utilizados para pintar la caja del órgano (que por entonces se estaba ejecutando), y también el sagrario y marco del frontal del altar de la Magdalena, además de dorar ese colateral. En las mismas fechas, se colocaron los bultos de la Magdalena y Santa Águeda en sus nichos22BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1665-1726, sign. AREATZA 0132/001.. En 1723 Martín de Elizalde recibió 185 reales por un paso de Semana Santa, y el platero Matías de Villar 1.117 reales y medio “por las echuras de los tres calizes, copon y relicario”23Ibid..
Los años subsiguientes lo que más abundan son los gastos en obras, pagos a canteros, oficiales, carpinteros… con motivo de las reformas y mejoras que se estaban llevando a cabo. Cuando por fin se reconoce la obra, empiezan a menudear otros gastos derivados del amueblamiento. Así pues, en 1737 Juan de Aldecoa hace una reja para el coro, Pedro de la Pedrosa doró el guardavoz, púlpito y reja del presbiterio; en 1743 Tomás de Landa, maestro vidriero de Bilbao, cobró “por la composicion de las quatro vidrieras de la yglesia”24BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1727-1766, sign. AREATZA 0153/001., y un año después adquieren diez cuadros a los hijos de Joseph Hurtado de Amezaga25BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1710-1746, sign. AREATZA 0137/001.. Referencias a obras de pintura vuelven a registrarse en 1763, cuando Juan Ventura de Valois cobró por la pintura en el antealtar de Nuestra Señora del Rosario y el Cristo del cementerio, y dos años más tarde, se ocupó de hacer el monumento nuevo, que costó 1.737 reales y 27 maravedíes26BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1727-1766, sign. AREATZA 0153/001.. También hay gastos relacionados con objetos de orfebrería o metalistería, como la cruz nueva pagada a Juan de Basave en 1762, o la composición en 1767 de una lámpara, dos arañas y un incensario, ejecutada por el platero durangués Andrés de la Fuente27BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1747-1777, sign. AREATZA 0156/001..
En el último cuarto del siglo XVIII, en 1781, el pintor Antonio Rico realizó un pabellón pintado, que debía situarse en el altar mayor “quitando los cuadros que en el hay y poniendo en medio de dicho altar las armas de esta villa y los tres cuadros mayores se pasen y pongan en los tres paños, en cada uno uno”28BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1767-1798, sign. AREATZA 0154/001.. En los años finales del siglo XVIII, se anotan así mismo varios arreglos en piezas de platería y en las vidrieras.
Con el siglo XIX continúan algunas obras en los muros de la iglesia, el pórtico, sacristía, etc y son escasos los gastos para su adorno, que se concentran sobre todo hacia 1888, cuando se realiza la reforma en el retablo mayor. Se intervienen entonces el púlpito con su guardavoz, los asientos del presbiterio y la sacristía, las vidrieras, la pila bautismal, se traslada la escalera del coro, se arreglan, doran y pintan cinco mesas de altares, se compran diversos objetos de metal (candeleros, campanillas, atriles, etc). Dos años después, llegó la imagen del Sagrado Corazón, fruto de un regalo, para la que se piensa construir una capilla29AHEB-BEHA, Parroquia de San Bartolomé, Areatza, Cuentas, inventarios, visitas y remate de primicias, 1758-1900, sign. 3334/001-00.. Y se anota que el coste total de alhajas y obras en los últimos tres años, ascendía a 100.716 reales, aún pendientes de completar el pago.
Las últimas obras en el templo corresponden a 1989 y 2005-2009, centradas sobre todo en la cubierta, presbiterio, pórtico… con muy poca afectación en lo que respecta al contenido mueble.
Retablística
Retablo mayor [103]. Madera dorada y policromada. Se alza ocupando todo el testero prácticamente hasta alcanzar la bóveda. Se estructura en un solo plano, con importante desarrollo vertical, ordenado en banco, tres pisos y ático, dividido por tres calles y dos entrecalles.
La arquitectura es de columnas compuestas estriadas de órdenes superpuestos: jónico y corintio, el tercio inferior de los fustes va decorado con niños, telas y frutos [104]. Estos soportes descansan sobre pilastras que afectan al nivel del banco. Las pilastras de los extremos se metamorfosean en su tramo inferior en atlantes infantiles que apean en ménsulas avolutadas frenteadas por hojas de acanto [105].
Los entablamentos son de diferente tipo. El más bajo con friso de roleos y cornisa de dentellones, que se quiebra siguiendo la planta de los soportes [106]. Esta misma cornisa se curva al centro creando un arco rebajado que acoge la casa del titular. El segundo entablamento es de triglifos y metopas, éstas de rosetas [107], mientras que el tercero luce arquitrabe de tres listeles y friso liso [108].
Las casas del piso inferior y las de las calles laterales se cubren con arcos de medio punto enriquecidos con eolípiles de gajos y cartelas de cuero [109]. En la calle mayor la casa del ático, ocupada por el Calvario, se enmarca entre estípites antropomorfos: uno de varón barbado y otro de joven lampiño [110]. Esta misma casa se corona con un frontón triangular en el que se aparece la paloma del Espíritu Santo. Los estípites enlazan con las calles laterales mediante un juego de arbotantes con eses de acanto [111].
Los enmarques laterales de la mazonería se presentan del siguiente modo: en el nivel del banco tres registros de netos con cuarterones [112], y en los dos pisos superiores soluciones de aletones enrollados, que resultan más plásticos y ricos de decoración en el nivel inferior que en el superior [113].
Este retablo es una estructura de casillero propia del manierismo final y raíz postridentina. Sin embargo, parte de la mazonería ha sido modificada, incluso rehecha o hecha nueva, resultando evidentes los cambios en el primer piso y en los remates de las calles laterales. Esta intervención, de hacia 1888, para adecuar el retablo al nuevo emplazamiento, no sólo alteró la decoración, sino que llegó a modificar el diseño general del mueble, al sustituir los paneles de las calles laterales del piso bajo por hornacinas para esculturas de bulto redondo.
Pasando al análisis de cada nivel del retablo, la predela está dividida en dos registros de relieves policromados [114]. En el interior aparecen los paneles de Jesús entre los Doctores de la Ley [115] (66 x 83), Huida a Egipto [116] (65 x 59), Visitación [117] (65 x 59) y Adoración de los Pastores [118] (53 x 77). Los paneles se alternan con figuras de tenantes entre los que aparecen San Miguel [119] (40 x 30 x 26) y San Juan Bautista [120] (38 x 20 x 10). En el segundo registro del banco las tablas son de la Presentación en el Templo [121] (42 x 83), Circuncisión [122] (38 x 57), Anunciación [123] (39 x 57) y Adoración de los Magos [124] (38,5 x 79), alternados con pequeñas imágenes en relieve del Apóstol Santiago [125] (38 x 20), San Simón [126] (38 x 20), la Caridad [127] (38 x 19), San Pablo [128] (38 x 19), San Andrés [129] (38 x 20), la Justicia, [130] (39 x 20), San Juan [131] (40 x 19), San Judas [132] (38 x 20) y la Templanza [133] (38 x 20). En los netos de este nivel aparecen también seis figurillas en bulto redondo, representando a los Padres de la Iglesia las situadas en los extremos [134] [135] [136] [137] (32 x 16,5 x 11) y a las Santas Águeda [138] (32 x 13 x 9) y Lucía [139] (33 x 12 x 8) las del centro.
Las imágenes que ocupan el primer piso no son coetáneas a la arquitectura del retablo. En las calles laterales encontramos a San José con el Niño [140] y a San Juan Bautista [141], piezas barrocas de mediados del siglo XVIII, aunque no de la misma mano. El primero muestra movimiento suave, con gesto natural y sereno, pero afectivo con el Niño. Las telas caen en pliegues amplios y blandos, con policromía lisa y algún motivo en dorado. San Juan resulta una figura algo más expresivo, con el cuerpo en leve torsión, y la vestimenta más dinámica, aunque mantiene un rictus severo. Su anatomía es naturalista, bien torneada, orientando su mirada hacia un lado donde se sitúa el Cordero sobre un promontorio. Por su parte, la Inmaculada Concepción [142] que ocupa la casa central, y los ángeles Gabriel [143] y Rafael [144] de las entrecalles son piezas más recientes. En las cuentas de 1888 se menciona que la efigie de la Concepción fue un regalo y que se adquirieron dos angelones para los costados30AHEB-BEHA, Parroquia de San Bartolomé, Areatza, Cuentas, inventarios, visitas y remate de primicias, 1758-1900, sign. 3334/001-00..
En el segundo piso las calles laterales exhiben paneles en relieve del Prendimiento [145] y posterior Desollamiento de San Bartolomé [146] y, sobre ellos, en los medio puntos que hay sobre las casas aparecen los Santos Cosme y Damián [147] y San Lorenzo [148], respectivamente. Las escenas resultan narrativas, de composición bastante afectada y teatral, sobre todo en el Desollamiento, donde el ritmo es más agitado. Las figuras presentan anatomías simplificadas, de canon algo corto, con rostros bastante parcos en expresividad. Los colores aplicados, planos y sin refinamiento pictórico, resaltan sobre el fondo dorado. Las figuras que ocupan los espacios en medio punto por arriba, se muestran en formato de torso, y cada uno con los atributos que los identifican.
En las entrecalles se emplazan bultos de San Pedro [149] y San Pablo [150], ambos en marcado contraposto, y que refuerzan el carácter doctrinal del retablo. Son tallas de naturalismo moderado, bien proporcionadas y con trabajo esmerado en los rostros y cabellos. Se presentan en actitud tranquila, carentes de tensión. Como así mismo sucede en las telas que manifiestan ritmos calmados, con plegado blando sin resultar abultado. Cada imagen porta libro y los elementos que los identifican, llaves y espada, respectivamente. El nicho central lo ocupa el titular, San Bartolomé apóstol [151], imagen que recuerda a la homónima de Ugao-Miraballes, también romanista. Sabemos que en 1578 se pagaron 21 ducados al pintor Juan Ochoa de Madariaga “por la pintura e doradura del bulto de señor san Bartolome”31BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1576-1590, sign. AREATZA 0131/001. y en 1678 se volvió a intervenir32BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1665-1726, sign. AREATZA 0132/001..
En el estrecho friso que separa los pisos segundo y tercero aparecen en forzada disposición yacente las figuras de cuatro Virtudes: Caridad y Fortaleza [152], Fe y Esperanza [153].
Alcanzando el tercer nivel los relieves son de San Francisco recibiendo los Estigmas [154] y Santiago Matamoros [155], mientras que en las entrecalles aparecen las tallas de una Santa con libro [156] y Santa Catalina de Alejandría [157]. Las escenas son de composición sencilla, poca profundidad y limitada perspectiva. Resultan de lectura directa, con figuras algo rígidas y rostro esquematizados, aunque con gesto expresivo. En ambas se capta la acción, más acusada en el Santiago. Las tallas, por su parte, son figuras erguidas, de caracteres idealizados, apenas dramáticos, y movimiento muy contenido. Mantiene una pose estética, con marcada verticalidad, vistiendo amplios ropajes, de plegado suave y abultado. Se identifica a Catalina por portar la espada y aprisionar bajo los pies a Majencio. La otra permanece en el anonimato al sostener únicamente un libro. En el hueco central reside la Asunción [158] coronada, en bulto redondo. De esquema frontal, mantiene las manos en gesto de oración, pero sin frontalidad ni rigidez, mientras gira su cabeza hacia el otro lado y flexiona las rodillas. Su gesto es introspectivo. La coronan varios angelitos desnudos, de proporciones y rasgos algo torpes, en movimiento, y los más calmos están a los pies bajo el manto.
En el ático, el nicho es para el tradicional Calvario [159] de tres figuras, todos del mismo estilo. Presentan gestos de dolor contenido, sobrios y sin patetismo. Las poses de la Virgen y San Juan son expresivas y llevan vestimentas abundantes y lanosas. El Cristo muestra potente anatomía, cubierta por perizoma detallado de pliegues blandos. Rematando todo ello, paloma del Espíritu Santo [160], en vuelo y rodeada de haz de rayos rectos de distinta largura.
Aunque eficaces, en general la imaginería del retablo muestra limitada pericia, empeorando a medida que se asciende a los pisos superiores del mueble. Además de la torpe talla, la policromía no se corresponde con la época de las figuras, las cuales, aún en su tosquedad, se alinean bien con los cánones del manierismo final.
Al retablo le acompaña al frente un tabernáculo [161], elemento independiente, de planta cruciforme con estructura de pilastras compuestas y cubierta de cúpula reforzada con placas y eolípiles sobre columnillas. Cobija un manifestador cilíndrico. El contenedor propiamente de sagrario [162] es también de diseño arquitectónico, con una puerta que lleva en relieve al Cordero Místico y se enmarca entre columnas compuestas y aletones avolutados. En el libro de juntas de 1786 se habla de un nuevo altar con el adorno para sagrario y custodia, y tabernáculo “para mejor adorno, lucimiento y despejo de su presbiterio”33BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1767-1798, sign. AREATZA 0154/001.. Un siglo después, en 1888, de nuevo se habla de la colocación del tabernáculo y sagrario34AHEB-BEHA, Parroquia de San Bartolomé, Areatza, Cuentas, inventarios, visitas y remate de primicias, 1758-1900, sign. 3334/001-00..
Delante de este conjunto, cuelga Cristo crucificado [163], de anatomía adelgazada, modelado suave. Muestra gesto sereno, espiritualizado, lejos de dramatismo. El paño de pureza es sencillo, con pliegues naturales. Es obra ajena al retablo, ya del siglo XIX.
Los mismos planteamientos formales mantiene la mesa de altar [164]. Es un mueble de madera jaspeada en verde, de frente recto enmarcado entre volutas de acanto que luce en el centro una guirnalda con el cuchillo propio de San Bartolomé. Se trata de una obra del neoclasicismo avanzado, que sería colocada cuando se reformó la iglesia y el retablo.
La factura del retablo se documenta desde 1577, pero ya en 1574 se señalaba la necesidad de hacer un retablo para el presbiterio, solicitando a los vecinos ayuda económica con lo que estimaran oportuno, pues la iglesia carecía de bienes y rentas suficientes para abordar dicha empresa. Sin embargo, aún quedaba por pagar parte de la obra de la portada, por lo que lo recaudado se destinó a solventar varios pagos de ella, por cierto, obra de Guillermo del Puerto35BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1549-1575, sign. AREATZA 0130/002.. Habrá que esperar un tiempo. Para el año 1577 ya se anota que “el ymaginario que hazia el dicho rretablo abia echo gran parte y estava quexoso que las personas que asi abian mandado no le querian pagar y se queria ausentar”. Un año después se cita el nombre del entallador, de nuevo Guillermo del Puerto, el mismo que hizo la portada, al que se le paga “en quenta y parte de pago de la obra que tiene començada a hazer y no se sabia lo que tenia rreçibido”36BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1563-1580, sign. AREATZA 0136/001.. Los pagos continúan en los siguientes años, y para el año 1585 Guillermo y Bartolomé del Puerto, vecinos de Ugao-Miraballes, trabajaban en acabarlo37BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1576-1590, sign. AREATZA 0131/001.. Posteriormente el retablo conoció algunas reformas y mejoras. En 1680 Nicolás de Oxinaga, maestro dorador, doró el sagrario y parte del retablo y se ofreció “a dorar los quatro bultos que estan a las partes coraterales de la ymaxen de San Bartolome y nuestra señora de la Conçeçion del dicho retablo”38BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1665-1709, sign. AREATZA 0136/003.. Ya en el siglo XVIII, año 1708, se acuerda que se vuelva a dorar el mueble. Y al año siguiente, se pagaron al maestro dorador Tomás Garcés (?) de la Cámara “sesentta reales de vellon de grazia por lo bien que a executtado el dorar el rrettablo”39BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1665-1709, sign. AREATZA 0136/003.. En 1736, tras varias obras importantes en el templo, se volvió a colocar el retablo mayor (y los dos colaterales); ocupación que le llevó 11 días al maestro escultor Pedro de Uribarri40BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1710-1746, sign. AREATZA 0137/001.. En 1886 se propusieron varios arreglos de importancia, entre ellos “dar más elevación al retablo del altar mayor formando un cuerpo más” y dos años después, se anotaba además que se habían pintado todas las efigies antiguas del altar mayor y los otros altares41AHEB-BEHA, Parroquia de San Bartolomé, Areatza, Cuentas, inventarios, visitas y remate de primicias, 1758-1900, sign. 3334/001-00..
Retablo de las Ánimas del Purgatorio [165]. Madera dorada y policromada. Situado en la cabecera, en la embocadura de la capilla mayor. Se define en una calle y ático, compuesto en un solo plano que avanza flanqueado por estípites adornados con ristras de frutos [166].
En la casa el marco es de pilastras enriquecidas con cintas, granadas y peras. Sin embargo, el ático [167] es más rico en su decoración, con un enmarque dotado de volutas de hojarasca y la casa con orla de fronda dispuesta simétricamente en una composición muy plástica. El remate es de arco rebajado [168], cargado con un gran espejo liso envuelto en un espectacular marco de hojarasca. Marcando la soldadura entre piso y ático hay una voluminosa tarjeta vegetal [169].
Delante, en la parte baja, va la mesa [170], a juego con la del altar mayor y la del otro colateral. De frente plano, cuenta con dos paneles rectangulares que enmarcan un tondo al centro con calavera y tibias. Todo marmoreado en tonos ocre, rojizo y verde, perimetrado con moldura de hojas carnosas en dorado. En los flancos van pilastras avolutadas, también doradas.
En cuanto a la imaginería, el protagonista es el relieve de las Ánimas del Purgatorio (166 x 132) [171] muestra a la Virgen atendiendo los ruegos de Santo Domingo y San Francisco, mientras en el plano inferior arden las almas en el Purgatorio. Es una composición muy difundida, ejecutada con notable calidad, que remite a la purificación de las almas y la salvación. En 1890 se señala que “se esta construyendo actualmente un trabajo en relieve que representa alguna escena del purgatorio42AHEB-BEHA, Parroquia de San Bartolomé, Areatza, Cuentas, inventarios, visitas y remate de primicias, 1758-1900, sign. 3334/001-00..
En el ático se ha reaprovechado una caja relicario del siglo XVIII que luce en su frente un relieve de un busto relicario femenino [172]. Al parecer contiene las cenizas de los mártires de Arjona, según reza la inscripción “Santos de Arxana” y en el pecho aparece el escudo del cardenal Cisneros junto a otro texto43ZORROZUA SANTISTEBAN, 1998a, p. 320. YBARRA Y BERGÉ, 1958, vol 1, p. 538.. Las reliquias se localizan en cuatro depósitos, dos situados en los laterales, ovales, y otros dos en la parte superior e inferior, cuadrangulares y éstos vacíos.
El retablo responde a un barroco propio de las primeras décadas del siglo XVIII. De hecho, la documentación apunta la fecha de 1724 cuando se acuerda hacer los retablos colaterales y que para “su traza se havisse maestro arquitecto para ello que se halla en la villa de Helorrio y para el remate de los dichos colaterales se fixen edictos assi en la villa de Bilvao como en la villa de Bergara, ciudad de Vittoria y ottras partes que se hallaren maestros”. Al año siguiente, anotan el pago de 761 reales “al escultor de Elorrio, yncluyendose en ellos el propio que se le hizo, el gasto que hizieron asi su criado como los demas maestros escultores, y los tres doblones de prometidos que se dieron el dia del remate de los colatterales”44BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de actas, 1710-1746, sign. AREATZA 0137/001.. En 1736 se coloraron ambos retablos, ocupación del maestro escultor Pedro de Uribarri45Ibid.. Y el mismo se encargó en 1740 de hacer el marco del relicario del altar de las ánimas46BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Libro de cuentas, 1727-1766, sign. AREATZA 0153/001.. Al retablo se le hicieron algunos cambios en 186348ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Retablo del Santo Cristo [173]. Madera dorada y policromada. Mueble idéntico al anterior, situado en la embocadura de la capilla mayor, en el lado de la Epístola. En este caso presidiendo la casa un Cristo Crucificado [174], mientras en el ático hay lámina con el «Noli Me Tangere» [175]. La imagen de Cristo es lo más meritorio. Muestra a Jesús muerto en la cruz, de cuerpo esbelto, musculatura suave y definida, buscando el naturalismo sin estridencias. Su rostro está en paz, espiritualizando el sufrimiento. Se ciñe paño de pureza de pliegues naturales anudado a un lado. El ático lo ocupa una cromolitografía a color que representa el momento de encuentro entre Jesús y María Magdalena, denominado Noli me tangere (No me toques), en referencia a las palabras que Jesús dirigió a la Magdalena cuando intentó tocarlo tras resucitar. Es obra de producción seriada, seguramente de taller francés o alemán, de las que alcanzaron gran popularidad a fines del siglo XIX y siglo XX. Al frente del mueble, acompaña la mesa de altar [176], que sigue el modelo de la del otro colateral, en este caso con el medallón central adornado con cruz y dos palmas de martirio.
La factura de este retablo fue pareja a la del otro colateral de las Ánimas, comenzando su construcción en 172448ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552., siendo colocado en 173649ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Retablo del Sagrado Corazón [177]. Madera policromada y dorada. Situado en el brazo del crucero. En origen hacía juego con el otro que queda al otro lado, aunque este primero ha sufrido algunas modificaciones para dar cabida a la imagen titular que hoy lo preside.
Está compuesto de banco, cuerpo y ático, con tres calles definidas por columnas salomónicas emparradas [178]. La casa del ático se enmarca entre pilastras cargadas de frutos [179]. Las columnas estructurales vuelan sobre ménsulas de hojarasca, con decoración de cabecitas y conchas, y frentean a pilastras con hojas carnosas [180].
Las casas lucen marcos de orejeta formados por vegetales jugosos y se adornan con tambanillos de grumos de hojarasca [181]. Sobre la calle mayor aparece una gran cartela de fronda [182]. La mazonería superior lleva arbotantes con roleos y florones muy plásticos, y se remata con una gran tarjeta volada, constituida por un espejo con cordón y guarnición de hojarasca [183].
El retablo ostenta un sagrario [184] con marco de orejetas y aletones, y en el banco luce una bella decoración de roleos que se metamorfosean en dragones [185].
Respecto de las imágenes, exhibe una talla de la Magdalena [186], bulto de anatomía algo torpe, ataviada con pesadas vestimentas, y que porta calavera y crucifijo. Adelanta ligeramente el cuerpo, mientras mantiene la mirada elevada, algo mística. Su rostro transmite recogimiento y actitud contemplativa. La cabellera, larga y ondulada, cae en mechones ondulados cuidadosamente tallados que aportan dinamismo y elegancia. Esta talla sería la titular original hasta su cambio por el Sagrado Corazón actual. Al otro lado, se sitúa Santa Águeda [187], envuelta en túnica de paños adelgazados, más movidos que la imagen anterior. Luce porte elegante en ligero avance, con gesto de expresión apacible y neutro. El cabello es largo y ondulado, similar al de la Magdalena, pero menos abundante. Su túnica es de amplios pliegues, ricamente policromada, sobre la que vuela agitado el manto que imita tejidos lujosos, cargados de flores y color. Porta plato con los pechos, su atributo. Ambas imágenes son coetáneas a la factura del retablo, y fueron colocadas en 172150ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. En la hornacina central, preside un Sagrado Corazón de Jesús [188], de raigambre ecléctica, que fue regalo de dos devotas en 1892, Josefa de Sopelana y su hermana, vecinas de Bilbao51ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Ocupando el nicho del ático, están los Santos Antonios, San Antonio Abad y San Antonio de Padua [189], tallas reaprovechadas de factura popular, quizás de finales del siglo XVII, que muestran rasgos desproporcionados y escasa expresividad.
El retablo es un mueble propio del barroco naturalista52ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552., genuino, que debió de construirse hacia 1708, cuando se ordena que se hiciera el colateral, en origen dedicado a la Magdalena, que parece se terminó dos años después. Contratándose para ello a los escultores que habían hecho el retablo de la iglesia de Zeanuri53ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Retablo de la Virgen del Rosario [190]. Madera dorada. Situado en el brazo del crucero. Hacía juego con el otro que queda en frente. La mazonería es prácticamente idéntica al anterior, modificada levemente en aquel, y también la policromía es distinta, optando por el dorado en este del Rosario. Los soportes [191] y motivos decorativos [192], repiten igualmente los esquemas del otro mueble.
Preside el retablo una imagen de gusto ecléctico de la Virgen del Rosario [193], colocada en 186754ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Flanqueando a esta imagen, a un lado se sitúa San Roque [194], que muestra un buen estudio anatómico, vestido con vistosas telas decoradas con motivos estofados. Nos señala su herida en la pierna, con movimiento contenido, mientras la otra mano sostiene el bordón con la calabaza. A su lado el perro que le lleva el pan, pero el santo se muestra ausente mirando al frente.
Al otro lado, se sitúa San José [195], portando su vara y serrucho. Es una talla más estática, de rictus ensimismado, con generosa cabellera. Lo más rico es la policromía de las telas, cuajada de motivos estofados y otros pincelados, a base de flores, ces, grumos…
En el ático hay una talla de San Sebastián [196], que muestra al joven mártir semidesnudo, de anatomía esbelta aunque no muy definida. Mantiene pose frontal, pero los brazos aportan cierto dinamismo, disponiéndose uno bajo por detrás y el otro atado al tronco en lo alto. Se cubre con perizoma a modo de calzón, corto y ajustado. Su rostro no se recrea en el sufrimiento, y tampoco las heridas del cuerpo transmiten crudeza. Es pieza tardogótica de hacia 1520-153055ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
La construcción del retablo se ordenó en 1704, para lo que el ayuntamiento mandó que “se echase un quartillo de real en cantara a a los vinos que se pesaren en el peso quintalero de dicha villa y su cobranza sea y aia de ser a quenta de los maiordomos que son o fueren de la cofradia de la Madre de Dios del Rosario”56ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Parece así mismo, que hacia 1707 un vecino de Areatza donó una nogaleda a la cofradía del Rosario para que rehiciera su antiguo retablo57ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Posteriormente, en 1708 se acometió su dorado por 200 ducados58ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Por otra parte, en el banco hay una inscripción pintada [197] que dice AÑO DE 1723, sin que contemos con soporte documental para este dato.
Escultura monumental
Portada principal [198]. Abierta en el hastial de Poniente, está configurada a modo de arco de triunfo, con dos pisos y ático, tres calles y un amplio paso central en medio punto. Es un diseño de tipo retablístico, con estructura arquitectónica de toscanas que se alzan sobre un alto zócalo liso [199]. Los fustes son acanalados, con la mitad inferior rellena de cañas, y las calles laterales llevan doseletes avenerados con figuras de querubines encima [200]. El arco de acceso [201] luce las jambas y el extradós e intradós de la rosca cajeados con decoraciones alternas de rosetas y espejos, además del relieve de una cabeza barbada en la clave. Las enjutas del arco se adornan con finos relieves de zarzillos y sendos tondos de varones barbados [202].
El primer nivel queda separado del segundo por una sencilla cornisa sobre dentículos que forman arquillos [203]. Este segundo piso [204] se divide en cinco encasamientos de silueta adintelada con molduración y ángulos redondeados, que llevan el intradós decorado con pareja de rosetas.
Una cornisa moldurada enlaza con el tercer piso [205]. Aquí aparecen dos casas laterales de formato similar a las del piso anterior, que flanquean a una hornacina central cobijada por amplio frontón recto, partido.
La portada está habitada por algunas imágenes de piedra en bulto redondo. Son figuras muy poco expresivas, de canon contrahecho y desproporcionado, que visten túnicas de paños amplios y agitados, algo artificiosamente. En el piso bajo aparecen las imágenes de San Pedro [206], muy compacto con las llaves, y San Juan Bautista [207], sentado y torpe en su hechura; mientras que en las entrecalles del piso intermedio se sitúan San Pablo [208], en marcado contraposto con la espada y una Andra Mari [209], de volúmenes abultados y formas poco depuradas. En la casa central de este último nivel aparece una paloma explayada sobre una gran copa gallonada [210], que a su vez se apoya sobre un sillar con la inscripción: (Est)a obra se fizo el / (añ)o de m(il) y d (=quinientos) y treze / (a)nos IHS. Este sillar lleva rebajado el perfil de arcos conopiales en la parte inferior, por lo que pudo haber constituido el dintel de una desaparecida ventana, anterior a la portada. En el ático las casas laterales albergan sendas lajas con las Tablas de la Ley [211] y la central una pieza similar con una cruz tallada en relieve [212]. Sobre ésta e interrumpiendo el vértice del frontón, se adelanta el Padre Eterno [213] con la esfera terrestre impartiendo su bendición.
Respecto a la construcción de esta portada, en las cuentas de la iglesia encontramos varias referencias a traída de piedra e importantes pagos a canteros desde 1547, como los 29.245 maravedíes pagados a “quinientos e treinta e nuebe canteros que trabajaron en la obra de la dicha yglesia” o los 450 sillares de piedra que se trajeron a la iglesia en 155559ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Así mismo, la nómina de canteros resulta significativa: San Juan de Çabala, Martín de Arriaga, Miguel de Bengoa, Martín de Goiri, Martín de Guesala, Martín de Upoaran, Martin Olarriaga, Martín de Biona, Pedro de Çabala y Juan de Ypas. Sin embargo, lo más probable es que esas referencias se relacionen con las obras generales en el templo, pues no se alude a la portada. Hemos de esperar a 1563 cuando se anota un descargo de 4.800 maravedíes a Juan de Goitisolo y Martín de Guesala por sacar 200 brazos de piedra destinados, en este caso sí, a la portalada de la iglesia60ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Es entonces también cuando Rodrigo de Osollo cobró por la realización de las imágenes de San Pedro, San Pablo y Dios Padre. Unos años después, en 1567 el entallador Guillermo del Puerto se comprometió a hacer las puertas de “la parte delantera de la iglesia según estaban hechas las puertas de la iglesia de San Antón de Bilbao”, trabajo que continuaba en 157361ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Las obras de la portada seguían un año después, cuando estuvieron “los maestros carpinteros Juan Pérez y Martín de Echavarri para “dar la traza de la portalada y horden de quando se avian de spençar”62ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Trabajan en ella también Pedro de Arteaga y su hijo Domingo, Pedro de Garay, Juan de Uriviarte y Pedro de Yturrioz. En marzo de 1575 se señala en junta que “la portalada de la dicha yglesia estaba sin acabar de fazer e para ello abia nesçesidad de maderos por tanto acordaron que el madero que fuere nesçesario para la dicha obra se corte en lo mejor parado de todos los terminos de la dicha villa”. Por fin, al año siguiente, 1576, se dice que “hera nesçesario que se çerrase e acavase por anbas partes”, así que acuerdan poner carpinteros y obreros para terminar dicha obra63ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Escultura
Sagrario [214] (36 x 35 x 30). Madera policromada. Contenedor cúbico encuadrado al frente entre pilastras toscanas acanaladas. Tiene una puertita (23 x 20) con un relieve del Salvador, de notable anatomía y vestimentas lanosas. Es una pieza renacentista, coetánea del retablo mayor. Hacia 1580.
San Antonio de Padua con el Niño [215] (165 x 69 x 44,5). Madera policromada. Procede del convento de Santa Isabel. Talla de actitud naturalista, con gesto afectivo y sereno. Viste hábito franciscano, de paños ordenados, con una policromía de estofados con zarcillos. Su rostro es de rasgos finos, ligeramente chinescos. Junto con una imagen de Santa Isabel, se incorporó al convento en 1743, a beneficio de limosna de las religiosas particulares.
San Francisco de Asís [216] (168 x 77 x 44,5). Madera policromada. Procede del convento de Santa Isabel. Representa el momento en el que el santo en éxtasis recibe los estigmas. Muestra una expresión intensa, con la mirada elevada. La actitud es dinámica, con los brazos abiertos mostrando las llagas hacia el fiel. El hábito repite el mismo ornato estofado que en el San Antonio. Obra de calidad, que sigue modelos castellanos, del tercer cuarto del siglo XVIII.
Cristo crucificado [217] (50 x 38 x 8,5, con cruz 91 x 48). Madera policromada. Cristo de anatomía estilizada, dispuesto sobre cruz arbórea, simulando un tronco natural. La figura se presenta ya muerta, con ojos cerrados, cabeza inclinada y el cuerpo sin tensión. Muestra modelado naturalista, contenido, con las costillas insinuadas y musculatura poco marcada. Se cubre con paño de pureza corto recogido a un lado, de pliegues blandos, algo volandero. Barroco, primer cuarto del siglo XVIII.
Santo Sepulcro [218] (105 x 223 x 106). Metal y madera policromada. Urna metálica de estilo ecléctico, levantada sobre patas a modo de garras y cerrada con tapa de perfil piramidal. Cobija en su interior la talla de un Cristo muerto [219] de siniestra expresión, con cuerpo bien modelado y cubierto con perizoma de paños excavados, afilados. Será obra barroca, de la segunda mitad del siglo XVIII, en urna del XIX avanzado.
Pintura y obra gráfica
Cristo crucificado [220] (167 x 123). Óleo sobre lienzo. Escena de Cristo en el monte Calvario, con la ciudad de Jerusalén de fondo. Alrededor de Él, una orla de ángeles aparece portando los símbolos de la pasión y sobre el fondo se destacan las siluetas de la lanza y la esponja de vinagre.
Resulta una composición con eje central marcado, y similar simetría en la disposición de los grupos de ángeles que revolotean dinámicamente. Muestran un dibujo y anatomías algo torpes, siendo el Cristo algo más esmerado, con cuerpo torneado, buscando naturalismo, imitando modelos de raíz miguelangelesca, Carracci o Giulio Bonasone. La paleta es reducida, predominando los tonos oscuros, reservando la luz para las carnaciones de Jesús y los querubines. Se combina en la obra el recurso al claroscuro con la búsqueda de movimiento, pero aún de expresión contenida. Se enmarca con listel negro liso, con algunos detalles en dorado, contemporáneo a la pintura. Barroco, finales del siglo XVII.
Aparición de la Virgen a Santo Domingo [221]. Óleo sobre lienzo. La pintura muestra a Santo Domingo arrodillado en actitud de oración, en la parte inferior de la composición. Su cuerpo se inclina ligeramente mientras su mirada se gira hacia lo alto, indicando la recepción de una visión sobrenatural. En la zona superior se abre el ámbito celestial, donde aparece la Virgen María con el Niño, rodeada de ángeles y querubines entre nubes. Los ángeles aportan dinamismo y establecen un vínculo visual entre el cielo y la tierra, guiando la mirada desde el santo hasta la aparición divina. La composición se organiza en diagonal ascendente, y conecta a Santo Domingo con la Virgen, subrayando la comunicación entre ambos planos. El contraste lumínico intensifica esta relación: la zona inferior es más oscura, mientras que la superior aparece iluminada, como espacio divino que es. Abajo a la derecha, una cartela ovalada entre cueros explica el episodio, aludiendo a la intervención celestial, en la que San Pedro y San Pablo, la Virgen y Cristo validan la misión del protagonista (devoción al rosario y fundación de la orden dominica), culminada por la intervención de los ángeles. Con ciertas reservas, parece que reza lo siguiente: Pedro y Pablo / ilustran su desvelo / Maria accente le / formo lucido. / Christo premia y / Aprueba lo enten / dido, los Angeles ponen (¿) pronto / el velo. Le acompaña marco negro con moldura interior de grumos y hojas en los ángulos, parcialmente dorados. Barroco, finales del siglo XVII o comienzos del XVIII.
San José con el Niño [222] (189 x 133). Óleo sobre lienzo. La obra representa a San José sosteniendo en brazos al Niño Jesús en una escena de carácter íntimo y devocional. El santo aparece de pie, ligeramente inclinado hacia el Niño, estableciendo una relación afectiva y protectora. Su rostro, de expresión serena y recogida, se dirige hacia el Niño, enfatizando el vínculo emocional entre ambos. El Niño Jesús, parcialmente envuelto en un paño, adopta una postura relajada, apoyado sobre el brazo del santo. La disposición de los cuerpos crea una composición equilibrada y vertical. En la parte superior derecha descienden unos querubines entre nubes, portando flores. A la derecha del santo aparece un libro abierto sobre un atril, elemento asociado a la meditación o la lectura de las Escrituras. El fondo es oscuro y poco definido, lo que permite destacar las figuras principales mediante un uso moderado del claroscuro, con luz envolvente. La gama cromática se basa en tonos tierra, con carnaciones cálidas, y pincelada de mayor definición en las figuras. Lleva marco negro con moldura interior de grumos y hojas en los ángulos, parcialmente dorados, idéntico al de la Aparición de la Virgen a Santo Domingo. La composición encuentra similitudes con modelos murillescos y del sevillano Francisco Meneses Osorio. Barroco, finales del siglo XVII o comienzos del XVIII.
Santa Teresa de Jesús [223]. Óleo sobre lienzo. La obra representa a la santa de Ávila sentada ante un escritorio. Aparece de medio cuerpo, ligeramente girada, con la mirada elevada en un momento de inspiración. Sostiene una pluma con la que escribe sobre un libro abierto, alusivo a su producción literaria y espiritual. Viste el hábito carmelita, con toca blanca y velo oscuro, que enmarca su rostro iluminado suavemente. La expresión es serena y concentrada, reflejando el estado de contemplación. En la parte superior aparecen ángeles entre nubes, que sugieren la inspiración divina de su obra. La luz incide sobre su rostro y manos, destacando el acto de escribir. El fondo oscuro evita distracciones y refuerza la concentración en Santa Teresa. La composición está inspirada en alguno de los grabados sobre su vida que circularon y se difundieron ampliamente en el siglo XVII, como la Vita Beatae Virginis Teresiae a Iesu (1613) o la Vita effigiata di S. Teresa (1655). El cuadro lleva marco de hojarasca con veneras muy plásticas en los ángulos. Barroco, de hacia 1700.
Circuncisión de Jesús [224] (60 x 52). Óleo sobre lienzo. Escena de gusto tenebrista, formada por distintos personajes alrededor de la figura principal que es el Niño Jesús, sostenido por un personaje masculino, un sacerdote, detrás de Él. A la izquierda, de perfil, participando de la escena con cercanía emocional, se sitúa la Virgen María, de gesto sereno y actitud expectante, con rasgos claramente clásicos e italianizantes. A este grupo principal se suman otras figuras, formando una composición cerrada y envolvente, que se orientan hacia el Niño. La paleta es sombría, de tonos tenues, destacando los rostros y el cuerpo de Jesús, mientras el fondo se oscurece, favoreciendo el efecto de intimidad que requiere la acción. Anatomías, telas, rostros y gestos están inspirados en modelos italianos, más concretamente copiando la célebre obra manierista que plasmó Il Parmigianino hacia 1523. Nuestra obra reinterpreta en clave barroca el tema, con igual esquema compositivo, pero simplificando el modelo, con algo más de naturalismo y uso del claroscuro. Pintura de bastante calidad, barroca, último tercio del siglo XVII.
La Virgen María, Santo Domingo de Guzmán y San Francisco con las Ánimas del Purgatorio [225] (124 x 124). Óleo sobre lienzo. La pintura representa a la Virgen María con el Niño Jesús en la parte superior, flanqueada por Santo Domingo de Guzmán y San Francisco que interceden por las almas del purgatorio, dispuestas en la parte inferior. Las figuras en llamas de esta zona representan a las almas (ánimas) del purgatorio, esperando la salvación y la intercesión de los santos. Se produce una clara diferenciación en dos registros, marcando el contraste entre el ámbito celestial y el infernal. El eje principal lo constituye María con su Hijo, entronizados sobre nubes, mientras los santos de rodillas y sobre nubes, abren y elevan los brazos en actitud de súplica. La zona del purgatorio transmite mayor expresividad, más tensión, con figuras entre el fuego, algunas con poses violentas. La paleta cromática es por tanto bien diferente, con una luz más suave y dorada arriba, y rojiza y oscura en la zona baja. Es un trabajo de calidad mediana, que parece ha sido cortado y reenmarcado. Firmado abajo a la derecha «Icao, C (…)», que no hemos identificado. Barroco, primer tercio siglo XVIII.
Orfebrería
Copón [226] (31 x 12 x 11). Plata en su color y sobredorada. Vaso de pie redondo, con toro decorado con orla de acantos, astil en jarrón neoclásico y caja cilíndrica, muy recta, con tapa de perfil campaniforme rematada en cruz de brazos rectos, lisos. Pieza práctica, sin pretensiones, de producción local. En el pie, lleva marcas del platero durangués José Manuel de Usaola (USAOLA), activo desde el segundo cuarto del siglo XIX.
Hostiario [227]. Plata sobredorada. Pequeño contenedor de formato redondo, liso, con tapa hemiesférica que es donde lleva la decoración. Con fino burilado exhibe la imagen del Agnus Dei recostado, con el lábaro de la Resurrección y sobre el Libro de los Siete Sellos entre nubes. En estos medallones se inscriben las letras R C P C E O M, acrónimo devocional relativo al Cordero de Dios y la Eucaristía (Regnat Christus, Pascit, Custodit, Ecclesiam Omnem Mundi). Seguramente, obra de finales del siglo XVIII o ya del XIX.
Vinajeras y salvilla [228] (14,7 x 5,5 x 8,5 y 1 x 29 x 18). Plata sobredorada, esmalte y cristal. Juego de salvilla y vinajeras, de gusto ecléctico y medievalista. La salvilla tiene perfil mixtilíneo, con formas conopiales y curvas, que decora su borde con labores de filigrana de finos zarcillos, esferitas y flores. Además, intercala cuatro medallones de esmalte polícromo y figurado, con los símbolos de los Evangelistas, el Tetramorfos. El interior de la bandejita está levemente hundido y es liso, salvo por un motivo central delicadamente grabado con una roseta. Las vinajeras por su parte, combinan la plata sobredorada, el cristal y los esmaltes. Tienen pie redondo y lobulado, con facetas que alternan motivos vegetales grabados con medallones tetralobulados con esmaltes. El contenedor es de cristal, adornado y sujeto con fajas caladas con florecillas (abajo) y una especie de lises (arriba). Estas piezas son las que hacen de unión con el asa y la tapa. La empuñadura combina zarcillos, cadeneta punteada y remate en grumo o piña. La tapa por otro lado, es una chapa plana de perfil lobulado, con motivos de hojas repujados y pomito de remate (perdido en una de ellas). No hemos visto punzones, pero encaja bien con la producción francesa (o también catalana), de fines del siglo XIX o principios del XX.
Metalistería
Cruz procesional [229]. Latón y metal plateado. Pieza que arranca en astil tubular que adquiere perfil abultado decorado con largas hojas, luego da paso al nudo hemiesférico con hojas repujadas en la parte inferior, y sobre ello cinta con encasamientos para medallones con rostros de perfil y florones alternos. Le sigue un cuerpo cóncavo gallonado, en parte en curvo, que sirve de base a la cruz propiamente dicha. Es de brazos rectos y lisos, habiendo perdidos los remates de los brazos, que quizás fueran como el que aún se conserva en la parte baja, con silueta de lira decorada con hojas de acanto en simetría. Por el anverso mantiene la cartela de INRI, pero ha perdido al Cristo, y por el reverso lleva la figura de la Inmaculada Concepción, en gesto de recogimiento. Del centro de la cruz nacen cuatro potencias de rayos rectos de distinta largura, algunos mutilados. Tardoneoclásica, segunda mitad del siglo XIX.
Candelero [230]. Metal plateado. Pieza de perfil cóncavo convexo, que arranca de una base triangular sobre patitas en garra, decorando las facetas con palmas estilizadas y perímetro moldurado en liso. Le sigue un cuerpo con gollete de ovas y perfil piramidal, con otro similar y más pequeño encima. Luego va un vástago alargado en cóncavo con hojas de acanto inscritas y otro ensanchamiento a modo de gollete con circulitos encadenados. El mechero es gallonado, nace de una base achatada, para desplegarse en otra mayor con gallones excavados en cuyo centro descansa el elemento tubular para la vela. Mantiene un perfil propio del último rococó, recordando el estilo Regencia-Luis XIV, pero ciertos detalles decorativos nos llevan al siglo XIX, incluso avanzado.
Relicario de San Bartolomé [231] (19 x 10 x 8). Metal plateado. Pieza rococó muy popular, con pie redondo abultado y liso, reservando la decoración para astil y expositor, a base de rocallas y corona repujada por el anverso, y con el símbolo del Uno y Trino entre nubes y ráfaga, por el reverso. Son labores muy torpes, sin finura. Según rezan las cartelitas del interior del expositor, guarda reliquias ex ossibus de San Bartolomé apóstol, San Juan Bautista, Santo Tomás apóstol (?) y San Juan de la Cruz (?). Principios del siglo XIX.
Relicario de San Luis Gonzaga [232] (25 x 11 x 6,8). Metal plateado. Pieza de fabricación seriada, de gran popularidad. Tiene base circular, decorada con hojitas en dos tamaños distintos, astil tubular moldurado y liso, y expositor de silueta arquitectónica con motivos neogóticos, pináculos laterales, frontón triangular y expositor oval al centro, para reliquia de San Luis Gonzaga. Lleva marcas de «G.R.O.S.» y de ciudad de Bilbao. Historicista, hacia 1900.
Medallón de indulgencias [233]. Bronce. Placa conmemorativa del jubileo dedicado al Corazón de Cristo, del año 1900. El Papa León XIII ordenó realizar en 1901 este medallón para enviarlo a las iglesias. Fue diseñado por Edoardo Collamarini (1864-1928) y bendecida por el Papa. La transcripción del texto del medallón dentro de la cruz y en los cuatro cuadrantes, dice: “Jesus Christus Deus homo vivit regant imperat MCMI” (Jesucristo, Dios y hombre, vive, reina e impera, 1901). En la orla exterior, empezando por abajo se lee: “Osculantibus crucem hanc in ecclesiam positam et recitantibus Pater indulgentia 100 dierum semel in die” (100 días de indulgencia, una vez al día para aquellos que besen esta cruz ubicada en esta iglesia y recen un Padre Nuestro).
Caja fuerte [234] (45 x 56 x 43). Hierro. Contenedor prismático destinado al depósito de dinero, documentos u objetos valiosos. Dispone de tapa plana articulada mediante bisagras, con ranura de ingreso y cerradura central dentro de medallón, con placa giratoria de protección. La forman paneles lisos en verde, reforzados por barras metálicas en negro formando cuarterones. No cuenta con decoración, salvo por una cenefa grabada en el borde de la tapa con retícula de aspas, muy popular. Siglo XIX.
Antepecho del coro [235]. Hierro. Baranda de cinco tramos, con varales muy esbeltos de nudo aperado con anillas, siendo los balaustres capitales más gruesos, y de doble espiga de maíz enfrentada. Tiene pasamanos de chapa metálica. Siglo XVIII.
Campanilla [236] (18 x 9,5). Bronce. Lisa. De perfil esquilonado, cuerpo liso, con doble línea en la boca y otra en los hombros. Cuenta con mango de metal de silueta abalaustrada y pomito. Este tipo de piezas solían hacerlas sonar los monaguillos para anunciar el tránsito del sacerdote cuando iba a dar el viático o a recoger limosnas. Siglo XIX.
Campana [237]. Bronce. Romana. Mayor, con la inscripción en el hombro LAUDATE DOMINUM YM CIMBALIS BENE SONANTIBUS AÑO 1684. Decorada con Cruz diamantada. Año 168464ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Campana [238]. Bronce. Romana. Mayor, firmada en el hombro IHS MARIA IOSEPH SANCTE BARTHOLOME ORA PRO NOBIS HORTIZ ME FECIT AÑO 1722 (VILLArO). Se decora con Cruz de calvario diamantada, cruz griega y Andra Mari. Estuvo en el campanario, luego pasó a un almacén municipal y ahora está a pie de calle. Año 172265ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Campana [239]. Bronce. Esquilonada. En el hombro lleva el rótulo NTRA SRA DE LA SOLEDAD 1760. Está decorada con Cruz de calvario diamantada. Año 176066ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Campana [240]. Bronce. Esquilonada. En el hombro se lee IHS SAN BARTOLOME RUEGA POR NOSOTROS, en el medio COSTEADA POR LOS FONDOS COMUNES DE ESTA VILLA DE VILLARO AÑO 1860, y en el mediopié REFUNDIDA AÑO 1992. Está decorada con vegetales y cruz de calvario diamantada. Años 1860-199267ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Campana [241]. Bronce. Esquilonada. De formato pequeño, en el hombro reza DEDICADA A SANTA BARBARA AÑO 1925. La ornamentación es a base de cortinones, exaltación de la Eucaristía e imagen de Santa Bárbara. Año 192568ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Otros elementos
Sillería [242]. Madera. Dos segmentos de tres plazas cada uno, con respaldo fragmentado en cuadrantes lisos, y remate en perfil cóncavo convexo, con jarroncitos gallonados intermedios. Digna obra de ebanistería de fines del siglo XIX.
Puertas de entrada [243]. Madera y hierro. Carpintería de doble hoja, con estructura de cuarterones en disposición de retícula regular, con sobrepuerta integrada en el arco. En las cuentas de 1567 se incluye escritura de obligación en la que el entallador Guillermo del Puerto se compromete a hacer las puertas en la parte delantera de la iglesia, según estaban hechas las puertas de la iglesia de San Antón de Bilbao. Un año después estaban trabajando los entalladores Pedro y Domingo de Arteaga y Juan de Uribitarte, y hay varios pagos por la madera. También se anota el descargo de 100 reales al cerrajero Juan de Arana por las “goarniciones y estacas” de las puertas. En 1572 se terminan de asentar y colocar finalmente las puertas69ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Puerta de subida a la torre [244]. Madera y hierro. Puerta de una hoja, conformada por tablas verticales ensambladas, sin molduraciones ni otro ornato. Se refuerza mediante travesaños horizontales de hierro, terminados en lises y sujetas por clavos. La bisagra es corredera, de barra larga, lisa; y el sistema de cierre un mecanismo simple de cerradura embutida con cerrojo horizontal de hierro. Cuenta con rústico tirador en forma de pera. Popular, podría ser obra del siglo XVI o XVII.
Vidrieras (4) [245] [246] [247] [248]. Cuenta con óculo en el muro occidental abierto en 189170ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552., donde hay una vidriera de estilo neorrenacentista, ejecutada por Vidrieras de Arte (Bilbao) en 198971ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Hay otras dos vidrieras dedicadas al Sagrado Corazón de María y Sagrado Corazón de Jesús en el crucero y otra más con el Bautismo de Cristo, en la capilla bautismal, firmada por PAV. 1887.
Sabemos que en 1941 se encargaron unas vidrieras a la empresa Cristalería Tejeiro72ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552., aunque la primera noticia de vidrieras en el templo es de 1743, cuando se pagaron 200 reales a Tomás de Landa, maestro vidriero de Bilbao, “por la composicion de las quatro vidrieras de la yglesia”73ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Reloj de pared [249]. Madera ebonizada, madreperla y otros materiales. Reloj ojo de buey, de perfil sinuoso decorado con motivos en taracea de roleos y cartelas, característico del estilo Segundo Imperio, Napoleón III. Posiblemente francés, del tercer cuarto del siglo XIX.
Pila bautismal [250] (107 x 83). Piedra. Realizada en mármol blanco, arranca de una base ochavada, sobre la que va el fuste prismático y excavado en paneles de perfil moldurado. Sobre ello se apoya la copa, semiesférica, con la parte inferior gallonada y la superior con grueso bocel en la boca. En la junta del año 1886 se propuso arreglar el baptisterio con una pila de mármol, fecha que le encaja bien a esta pieza74ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Elementos de interés etnográfico
Rosarios (6) [251]. Varios materiales. Cuatro de azabache, dos de ellos maltrechos, y otros de cuentas en cerámica azul y blanca. Siglo XIX-XX.
Matraca [252] (3,5 x 35 x 9,5). Madera y cuero. Formada por dos tablas de madera maciza, una de ellas móvil a modo de lengüeta batiente para hacerla sonar. Se unen a la parte fija mediante una pieza de cuero claveteada. El mando es ergonómico, bulboso. Siglo XX.
Elementos custodiados en el depósito diocesano (orfebrería)
Cáliz [253] (25,6 x 14,5 x 8). Plata sobredorada. Elegante pieza de pie redondo liso, muy relevado al centro, con dos toros decorados con tornapuntas muy definidos, repujados y cincelados. En el toro pequeño lleva decoración de acantos. Astil muy esbelto, con gran protagonismo de un nudo en jarrón con base de acantos y toro de gallones inscritos en cadeneta geométrica. La copa es lisa con la boca muy levemente exvasada. No se le aprecian marcas, pero es pieza barroca, que debió de labrarse hacia 164075ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552.. Tiene a juego estuche de cuero.
Cáliz [254] (25 x 14 x 8). Plata en su color, con el interior dorado. Vaso de pie liso, con borde ingletado, astil de jarrón neoclásico gallonado en la base con acantos torsos por arriba, y copa lisa. Lleva marcas en el borde de los plateros vitorianos Gerónimo Ullivarri (G. ULLIBARRI) y de Apolinar del Campo (CAMPO), además del escudo de la ciudad de Vitoria. De principios del siglo XIX.
Halo de la Dolorosa [255] (38 x 38). Plata en su color. Media luna de rayos rectos rematados en estrellitas, alternados con otros flameantes. En el espacio interno del anverso lleva carnosos roleos vegetales finamente burilados en simetría, dispuestos sobre fondo picado, mientras que en el reverso hay inscripción de donación en capitales, que dice: DIOLA POR SV DEVOZION EL DOR. LEGVIZAMON / AÑO DE 1661. Barroca, no presenta marcaje76ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Elementos depositados en el Museo de Arte Sacro
Adán [256] (118 x 30 x 19). Madera en su color. Imagen con el dorso parcialmente vaciado de Adán en pie, con la rodilla derecha levemente flexionada. Se presenta desnudo con una hoja cubriendo su sexo. Su cabeza, de cabello ondulado que deja al descubierto las orejas, se gira hacia la derecha. El tratamiento anatómico es relativamente esbelto. Tiene muy dañados los brazos. Siglo XVI. En la visita de 1758 se ordena que a “los bultos de Adan y Eba que esttan el alttar maior se visttan o se les ponga unas bandas para su dezenzia». En las cuentas de ese año ya se anotan los gastos por la adquisición de varios ornamentos para los vestidos de estas imágenes. Y años más tarde, en 1781 según se recoge en el libro de actas, estas imágenes son trasladadas del retablo mayor a la sacristía vieja. Sabemos además que un año después un particular se queda con una de ellas a cambio de la donación de una pelliz77ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
San Gregorio [257] (62 x 23 x 15,5). Madera policromada. Figura de pie en ligero contraposto, con suave movimiento y de proporciones alargadas. Su rostro es de modelado blando, con expresión melancólica. Se ciñe tiara papal y viste con túnica y manto simplificados, de plegado algo artificioso. Ha perdido una mano, pero con la otra sostiene maqueta de iglesia, alusivo a su condición de Padre de la Iglesia. Renacimiento, hacia 1550.
Santa Bárbara [258] (60,5 x 20 x 14). Madera policromada. Talla de la santa en pie, que sigue el modelo de la anterior. Muestra un leve contraposto, con una ligera flexión, se muestra en actitud introspectiva y gesto sereno. Aunque en general resulta más fina y naturalista que San Gregorio. Viste túnica y manto que cruza por delante, generando pliegues blandos y abultados. Ha perdido una mano, y la otra sujeta una torre, su atributo habitual. Renacimiento, hacia 1550.
San Roque [259] (112 x 36 x 33). Madera en su color. Escultura maciza del santo en pie, asistido por un niño a los pies y al otro lado el perrito con el mendrugo de pan. La composición es frontal, pero presenta movimiento, con la pierna adelantada, donde tiene la herida. En su rostro barbado, predomina la contención, con rasgos maduros y modelado algo esquemático. Se cubre con paños gruesos en el manto, y más planos en la túnica. Sostiene un libro con la izquierda, mientras la otra se orienta hacia el infante. Renacimiento, romanismo, finales del siglo XVI.
Cristo resucitado [260] (94 x 37 x 28). Madera policromada. Imagen de carácter procesional, de gran dinamismo. Cristo aparece semidesnudo, cubierto únicamente por un paño de pureza dorado y parcialmente envuelto por un manto rojo con cenefas doradas que se dispone en amplios pliegues flotantes, muy dinámicos. Su rostro presenta barba corta y cabello ondulado dispuesto en mechones, con la mirada dirigida hacia lo alto, en expresión triunfante. La policromía combina encarnaciones pulidas con ricos tonos en los paños. El modelo se inspira en la imagen realizada por Miguel Ángel para la iglesia romana de Santa María Sopra Minerva. Barroco, hacia 174078ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Hostiario [261] (9,5 x 6). Plata sobredorada. Caja cilíndrica de perfil bajo, cerrada con tapa torneada abultada, organizada en dos niveles con remate abalaustrado, que llevaría cruz (perdida). El friso exhibe inscripción burilada en caracteres góticos, sobre fondo rayado: MANUS TUAS DOMINE CONICUDO ET PUMU, del Salmo 30. En la tapa también hay una inscripción en letra gótica de carácter eucarístico, que dice EGO SUM VITIS VOS PALMITES, de Juan 15:5. Y por encima corre cenefa burilada de hojas dentadas y arquillos trilobulados. La apertura y cierra de la caja resulta inusual, pues consiste en dos pestañas que al girar la tapa permiten abrir o cerrar. Por el reverso hay marca frustra «(…)TA(…)D», que se ha relacionado con el platero Sebastián de Castañeda, hacia 158079ZORROZUA SANTISTEBAN, 2003a, p. 552..
Capas pluviales (2) [262] (284 x 140), dalmáticas (2) [263] (117 x 86), casulla (2) [264] (119 x 69), paño de hombros, collarín, estola, manípulo y cubrecáliz. Conjunto realizado con tejido labrado espolinado, en seda de color salmón y marfil. Está cuajado de flores, hojas y tallos en desarrollo vertical y ondulante, junto a algunos jarrones, todo ello confeccionado con sedas e hilos de colores. Posiblemente son telas de taller valenciano, como Garín o su entorno, del siglo XVIII-XIX.
Casulla, [265] (113 x 68) y tapa de corporales. Confeccionada en tejido de espolín de seda verde, con decoración vegetal distribuida en ramilletes, flores y hojas alargadas curvilíneas, en hilos de oro y sedas de colores. Composición muy dinámica que nos lleva al naturalismo ornamental de las producciones valencianas, con influencia francesa (Lyon). Siglo XVIII-XIX. Pero habrá sido recompuesta con posterioridad.
Capa pluvial [266] (139 x 285), dalmática [267] (108,5 x 73), casulla [268] (105 x 65), collarín, tapa de corporales y cubrecáliz (terno angélico). Prendas de confección industrial, en telar Jacquard, con un rico tejido brocado y dorado en lampás denominado angélique, por el motivo iconográfico que plasma, siguiendo inspiración neogótica. El diseño forma grupos de tres ángeles que portan filacterias o instrumentos musicales, y entre estos grupos hay estrellas, IHS y nubes, éstas en plateado, creando un bello contraste lumínico. Guarda estrecha relación con tejidos “à personnages” de casas lionesas. Principios del siglo XX.
Capa pluvial [269] (140 x 250), dalmáticas (2) [270] (125 x 110), casulla [271] (107 x 64), collarines (2), cubrecáliz, tapa de corporales y paño de hombros. Conjunto realizado en seda brocada carmesí con hilo metálico dorado. La decoración se estructura en galones, con grandes ramilletes florales, espigas y racimos. Producción industrial. Hacia 1900.
Dalmáticas (2) [272] (125 x 110), casulla [273] (106 x 65), estola, manípulo, collarín y cubrecáliz. Confeccionado en seda brocada de color morado, recorren su superficie grandes ramos florales simétricos, tipo peonías, en hilos dorados. Producción industrial. Hacia 1900.
Palio [274] (273,5 x 236). Seda. Tejido de seda color marfil, bordado en todo el perímetro con zarcillos ondulantes cargados de hojas, rosas y lirios, junto a otros elementos de carácter sagrado (pelícano, Agnus Dei, arca, Tetragrámaton). Mientras, la parte central se reserva para orla vegetal del mismo tipo que encierra paloma del Espíritu Santo entre ráfaga. Mediados del siglo XX.
Paño de hombros [275] (61 x 244,5). Seda, hilos de seda y metálicos. Sobre base de color marfil, se desarrollan labores bordadas y aplicadas formando motivos eucarísticos: tallos con espigas, hojas y vides, y en el centro tondo de nubes con cruz y elementos de la Pasión. Siglo XX.
Estandarte del Apostolado de la Oración [276] (134 x 86). Confeccionado en raso color marfil, por el anverso muestra Sagrado Corazón de Jesús dentro de óvalo, y alrededor labores bordadas en hilos de oro, con zarcillos, hojas y jarrones, en simetría. Rematando todo ello pareja de ángeles sujetando corona sobre el óvalo. Por el reverso, óvalo con Sagrado Corazón entre ráfaga y el texto APOSTOLADO DE LA ORACIÓN VILLARO. Siglo XIX-XX.
Estandarte de la Inmaculada Concepción [277] (145 x 89). Realizado en raso color marfil, la protagonista es una imagen de la Inmaculada Concepción bordada sobre nubes y media luna. A su alrededor roleos, guirnaldas vegetales, columnillas, flores… bordadas en hilos de seda de colores y en dorado. Por detrás, lleva un sencillo óvalo con aplique de pasamanería que encierra anagrama mariano, y por fuera va el texto pintado ARCIPRESTAZGO VILLARO. Siglo XIX-XX.
Estandarte de San Francisco [278] (131 x 80,5). Sobre un fondo de seda color marfil, se superpone una lámina de papel con la escena pintada de San Francisco bendiciendo a un fraile. A su alrededor, labores bordadas de zarcillos con flores y hojitas. Por el reverso, volvemos a encontrar decoración similar, y en el centro el texto V.O.T. DE SAN FRANCISCO. / DE / VILLARO. Siglo XIX-XX.
Estandarte de las Hijas de María [279] (92 x 118,5). Confeccionado en seda color marfil, exhibe tondo con imagen de medio cuerpo de la Inmaculada Concepción, bordada, de factura torpe, sobre su anagrama. Por fuera corre la leyenda bordada en dorado CONGREGACION DE HIJAS DE MARIA / VILLARO / PARROQUIA DE SAN BARTOLOMÉ. Y en los ángulos inferiores las fechas 15-9-1869 y 8-12-1955.
MRV - RCL - JMGC
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