MONASTERIO DE SANTA ISABEL (MADRES CLARISAS ISABELINAS)

Arratia

\

Areatza | Bº Zubizarra

i

Folleto

C/ Zubizarra, 8 (48143)

p.sanbartolomedeuna.areatza@bizkeliza.org

El monasterio de las clarisas de Areatza fue abandonado por las monjas en 2006. Más tarde, en 2019, fue adquirido por Berriztu, una asociación de carácter social que transformaría las dependencias monasteriales, convirtiendo la iglesia en un salón de actos. Pese a ello, aún mantiene su esencia, como vamos a ver.

EDIFICIO [1]

La iglesia del convento de las Madres Clarisas Isabelinas es un templo de dimensiones moderadas que distribuye su espacio en una planta [2] una nave de tres tramos, prolongada por una cabecera cuadrada y un amplio coro-comulgatoria a los pies, éste muy profundo y de planta trapezoidal irregular.

Si el espacio interior [3] [4] es limpio y diáfano, el volumen exterior es difícilmente apreciable al quedar la iglesia embutida entre las dependencias conventuales. De hecho, por encima del propio templo existe un piso residencial.

Sus muros se aparejan en mampostería [5] someramente recuadrada. Va enlucida al interior, excepto en los elementos estructurales, que se ejecutan con sillería, y vista al exterior, salvo en recerco de vanos, acceso y esquinas de los contrafuertes, donde se emplean sillares irregularmente escuadrados en sus caras de ajuste [6].

El pavimento es una moqueta que recubre un piso de tabla.

Los tramos de la nave quedan definidos a nivel de soportes por pilastras de tres planos escalonados [7], piezas muy potentes de orden toscano. Las últimas pilastras fueron cercenadas y transformadas en una solución de ménsulas fingidas en madera cuando se modificó el coro [8].

Los refuerzos externos de la construcción son, por el sur, tres contrafuertes prismáticos de gran salida adosados ortogonalmente en las correspondencias de los tramos, y que no alcanzan la altura de la techumbre, sino que se cortan aproximadamente 5 m por debajo de ella, a nivel de las bóvedas. Por el flanco norte son los propios arcos que generan el pórtico los que –como en la cercana iglesia de San Bartolomé de Areatza– actúan como auténticos contrafuertes arbotantes [09]: dos gruesas pilas, originalmente rematadas en pináculos piramidales, que vuelan hacia el muro de la iglesia en arco de medio punto, que es recibido sobre capiteles de placa. En este frente septentrional hay también un estribo convencional similar a los antes descritos, en la responsión entre el primero y el segundo tramos [10].

A nivel de bóvedas [11] la separación en tramos la marcan fuertes fajones de sillería de medio punto. Estos arcos, y los formeros que recorren el perímetro mural, se convierten en generatrices de la bóveda, que es de crucería octopartita. Las nervaduras son muy agudas y están definidas a base de rebajes en sucesivas escocias [12]. Descansan en las ménsulas y pilastras descritas, salvo en los ángulos más próximos a la cabecera, donde apean en ménsulas derramadas rectas, de perfil muy quebrado [13].

Las claves de la nave son florones en el primer y segundo tramos, perforado aquel para poder colgar una lámpara [14], y un ángel al tercer tramo.

La capilla mayor, que está sobreelevada con respecto a la nave, es actualmente más corta que en origen, ya que se ha reducido a fin de ocultar el retablo tras un tabique de pladur. Este ábside tiene embocadura de medio punto: un arco triunfal [15] cajeado en el intradós que voltea sobre pilastras toscanas igualmente rebajadas. Las dovelas de la rosca disponen de decoración alternada de florones y querubines con alas en abanico [16], salvo la clave, que luce un adorno de vegetales en forma de lira [17].

La bóveda del ábside [18] tiene igual solución que las de la nave, pero aquí la clave es un medallón que lleva labrados los símbolos franciscanos y está orlado por un cíngulo o cordón. En este espacio los nervios no llegan hasta la pared y ángulos del fondo, ya que como va dicho esta parte se ha recortado. Probablemente en los ángulos se repitan las ménsulas que veíamos en los extremos occidentales de la nave.

El acceso [19] al templo desde la calle se efectúa por un paso de medio punto que parece fruto de una restauración moderna, ya que en origen pudo ser adintelado. Está abierto en el último tramo por el lado norte [20]. Por su parte, la comunicación con el convento se realizaba a través de la sacristía, por un vano adintelado que perfora el flanco sur del primer tramo de la nave [21].

La luz solar se recibe por el flanco de mediodía. En los tramos primero y tercero se abren sendas ventanas [22] adinteladas con derrame y cerradas con vidrieras [23] que representan a San Francisco y a Santa Clara de Asís.

En la cabecera hay un pequeño hueco abocinado [24] que roza el arco formero.

El coro [25], hoy en día cegado, es un espacio defendido en el piso bajo por una reja de madera de que servía de comulgatoria, y en el alto por un antepecho sobre ménsulas, igualmente lígneo. Todo fruto de una intervención contemporánea.

La espadaña [26] se sitúa curiosamente sobre las dependencias conventuales, y no sobre la iglesia. Es de sillería caliza y se compone de tres cuerpos escalonados separados por cornisas. El inferior es un zócalo del que resalta una placa lisa caprichosamente recortada en curvas y contracurvas, mientras que los superiores aparecen abiertos para dos y un vano de campanas respectivamente. Dichos vanos son arcos de medio punto con recerco de placa y giran sobre fajas capitel. El remate es de frontón triangular culminado con cruz de hierro de brazos flordelisados [27]. En la repisa superior hay pináculos gallonados y en la inferior otros a modo de pirámides recercadas.

El pórtico [28], configurado en el frente norte bajo los dos arbotantes arriba señalados, se cubre con una tejavana de pares [29] con cabeza avolutada, tallados con huellas de gubia y un funículo o cordón central, más desarrollado el angular [30]. Se cierra con verja reciente y alto pretil. Junto a la entrada existe una aguabenditera [31] gallonada de las de tipo común en el siglo XVII, con placa para cruz rodeada de cordón y rematada en grumo vagamente vegetal. En uno de los arbotantes hay tallada una cruz en disco [32].

Envolviendo y ampliando la iglesia se desarrollan las estancias conventuales, una macla de construcciones que cronológicamente oscilan entre la segunda mitad del XVIII y los años finales del XIX. Cuerpos de paredes tersas, con vanos adintelados, algunos defendidos con rejas de arandela [33].

Lo más destacable de este conjunto es su compás: un amplio arco de medio punto [34] da paso a un porche [35] para tres puertas adinteladas recercadas de moldura de placa en oreja, y en uno de sus ángulos interiores un chaflán para el torno.

Al menos desde 1560 existía un beaterio instalado en una casa particular junto al puente de Zubizarra, frente a la vieja villa de Villaro (hoy Areatza). En él residía una comunidad de mujeres devotas entregadas a la oración, aunque sin someterse a ninguna regla monástica concreta. Este tipo de instituciones espontáneas de vida comunitaria –muy frecuentes en las villas del País Vasco– vivían en condiciones muy precarias, por lo que buscaban acogerse a una orden religiosa que garantizara su continuidad. Por otro lado, en el ambiente contrarreformista la Iglesia no veía con buenos ojos están entidades autónomas, por lo que trataba de promover su regularización. De hecho, en 1621 los beaterios fueron prohibidas por un breve del papa Pablo V que obligaba a las beatas bien a disolverse bien a constituir conventos de clausura. Pero ya antes de esta norma pontificia, el 13 de febrero de 1620, el obispo de Calahorra y La Calzada envió a su visitador general, a tratar con la piadosa comunidad de mujeres arratianas sobre la necesidad de regularizar su situación. Estas accedieron en el curso del mismo año, haciendo suyos los votos de Santa Isabel de Hungría y comprometiéndose a fundar una casa de la orden.

Aún tardarían algún tiempo en disponer de los recursos necesarios para edificar un verdadero convento, pero para 1632 ya había conseguido ampliar sus terrenos de Zubizarra y tenían a setenta oficiales trabajando en abrir los cimientos de las que habrían de ser sus primeras casas e iglesia. Las obras de aquel primitivo edificio –que no es el actual– se prolongaron hasta comienzos de 1637 y tuvieron un coste total de 18.749 reales1Archivo del Convento de Santa Isabel, Libro I del Gasto (1627-1644)..

Debía ser una construcción muy modesta pensada para salir temporalmente del paso mientras se conseguía una fuente de financiación generosa que permitiese abordar un proyecto de auténtica envergadura. Por esta razón su vida fue muy breve.

Fue el 4 de mayo de 1661 cuando se comenzó a trazar sobre el suelo la planta de la iglesia que hoy conocemos, manteniéndose un intenso ritmo de trabajo hasta que, apenas diez años más tarde, el 25 de enero de 1671 se pudo inaugurar el nuevo templo con la solemne ceremonia de traslado del Santísimo desde la vieja capilla2Ibid, Libro II del Gasto (1644-1665)..

Mientras tanto, cuando las obras aún estaban en curso, en 1666, se había logrado firmar una acta de concordia con el concejo de Areatza para que la villa asumiese al convento bajo su plena protección a pesar de encontrarse construido en territorio de la anteiglesia de Zeanuri3BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Acta de Concordia con el Convento de Santa Isabel. , lo que luego habría de provocar algunas disputas jurisdiccionales.

Aguantó bien aquel edificio hasta principios del siglo XVIII: en 1703 hubo que reforzar los estribos, con un coste de 1622 reales. A pesar de ello en 1718 se constató que las bóvedas se estaban abriendo. Fue necesario intervenir con urgencia para derribar los arcos inestables y rehacerlos íntegramente, incluyendo no sólo la nave sino también la capilla mayor. El proceso de reconstrucción fue muy trabajoso, duró dos años y tuvo un coste superior a los 30.000 reales4Archivo del Convento de Santa Isabel. Libro V del Gasto (1695-1714); Libro VI del Gasto (1714-1726)..

Alrededor de medio siglo más tarde se reharían las dependencias que rodean el templo. La fachada del convento es una obra de la segunda mitad del siglo XVIII, con sus característicos huecos regulares y un gran arco de entrada al soportal. Sobre ella se asentaría la espadaña, que tiene como referente próximo, y casi idéntico, la de la iglesia de la Magdalena de Lamindano, en Dima, con las placas recortadas sinuosamente, un poco a la manera de Juan de Iturburu.

Aquella fachada dieciochesca quedaría reducida a mera pantalla cuando en 1892 el arquitecto Eladio Iturria planteara una intensa renovación del conjunto, que incluyó todo un piso de celdas y dormitorios sobre la bóveda de la iglesia –lo que certifica que las mejoras de 1718-1720 fueron una solución definitiva–5Ibid, Planos..

El monasterio no parece haber conocido grandes cambios hasta su abandono, en 2006. Como decíamos, en 2019 fue adquirido por Berriztu. La capilla se convirtió en un salón de actos, lo que conllevó algunas transformaciones formales: se acortó la cabecera, levantando una pared de pladur que oculta el retablo, y se cubrió el pavimento con una moqueta, además de tapiar el “tímpano” del acceso y eliminar los pináculos que cargaban sobre los machones-arcos.

Dentro de su modestia, la iglesia del monasterio de Santa Isabel tiene un comportamiento arquitectónico noble, el propio de un edificio monasterial para una comunidad mediana, siguiendo un modelo muy repetido en la arquitectura conventual, con poca tensión vertical, profundo coro a los pies y desornamentado.

Salvando la espadaña, el resto del edificio se inscribe decididamente en el clasicismo de inercia: el estilo propio de la mayor parte de las iglesias conventuales femeninas de Bizkaia en la segunda mitad del siglo XVII. En la traza se percibe un marcado apego a la funcionalidad y a la tradición constructiva local, que se manifiesta en la renuncia a utilizar las bóvedas tabicadas que habitualmente proponían las órdenes religiosas, prefiriendo a cambio la cubrición con crucerías, que era la opción más arraigada en las iglesias parroquiales vascas de la época. El gusto por esta solución arcaizante y otros detalles constructivos menores, como las ménsulas derramadas de la cabecera de la nave, recuerdan a las fórmulas utilizadas en Santa María de Zeanuri y aún más a alguna de las obras duranguesas salidas de la mano del maestro guipuzcoano Juan de Ansola, que en las mismas fechas en que se trabajaba en Santa Isabel de Areatza reedificaba varios conventos en la villa de Durango. En la misma línea de posibles paralelismos se puede llamar a colación a su seguidor, Martín de Olaguibel.

MOBILIARIO

No disponemos de mucha documentación sobre el convento, que nos pueda informar sobre su amueblamiento.

Hasta fechas recientes, cuando el edificio fue transformado en centro asistencial en 2019, presidía la iglesia un notable retablo [36] barroco, que ocupaba todo el testero de la capilla. Al ser reformado este espacio para adecuarlo como salón de actos, se dejó oculto tras un paramento de pladur.

Se trata de un mueble de comienzos del siglo XVIII, con banco, un cuerpo de tres calles y ático. La mazonería es muy rica, se compone de pilastras toscanas cajeadas y columnas salomónicas. Todo profusamente decorado con roleos vegetales, flores, cueros, algunos querubines, ristras de frutos, etc.

Las calles laterales se ocupan con pinturas sobre lienzo, de calidad mediana, de San José con el Niño [37] y San Buenaventura [38], y hay otras pinturas en el ático, un Calvario que acompaña a una talla de Cristo crucificado al centro.

Preside el retablo una imagen de la Inmaculada Concepción [39] sobre nube de querubines, junto a la que se sitúa un San Juan niño, arremetiendo contra un dragón. Es una talla de gesto agitado, con una cuidada policromía. Se trata de una delicada pieza de imaginería rococó del tercer cuarto del siglo XVIII, de notable interés. Se corona con una diadema bastante aparatosa. La talla no pertenecía en origen al retablo, pues formaba parte del antiguo altar de la Concepción, que se adquirió por donación privada de algunas religiosas del propio convento el año 17556Ibid, Libro VII del Gasto (1726-1755)..

El mueble se enmarca dentro de la retablística churrigueresca de principios del siglo XVIII. Una firma aparece a los pies del Calvario: Jauregui 1714, acaso Tomás de Jáuregui, perteneciente a una de las sagas más importantes de retablistas barrocos guipuzcoanos, que dejaron también obra en Álava, pero apenas están representados en Bizkaia. Nunca se terminó de dorar, a pesar de que la propia abadesa llegó a donar más de 1400 reales para ello7Ibid..

Escultura

 

Además del retablo, distribuidas por la nave había varias tallas: una Santa Isabel [40] de tamaño natural, barroca, que fue trasladada a otro convento de la orden, y otras dos imágenes hoy trasladadas a la parroquia de San Bartolomé. El primero es un San Antonio de Padua con el Niño [41] (165 x 69 x 44,5), de actitud naturalista, con gesto afectivo y sereno. Viste hábito franciscano, de paños ordenados, con una policromía de estofados con zarcillos. Su rostro es de rasgos finos, ligeramente chinescos. Junto con la Santa Isabel citada, se incorporó al convento en 1743, a beneficio de limosna de las religiosas particulares.

La otra talla en madera policromada corresponde a San Francisco de Asís [42] (168 x 77 x 44,5), y representa el momento en el que el santo en éxtasis recibe los estigmas. Muestra por ello una expresión intensa, con la mirada elevada. La actitud es dinámica, con los brazos abiertos mostrando las llagas hacia el fiel. El hábito repite el mismo ornato estofado que en el San Antonio. Se trata de una obra de calidad, que sigue modelos castellanos, del tercer cuarto del siglo XVIII. Le acompañaba un serafín de seis alas [43], que estaba en la comulgatoria.

Orfebrería

 

En el convento se guardaban algunas piezas de platería de interés, que fueron trasladadas a otros conventos de clarisas cuando las religiosas abandonaron éste de Areatza.

Entre ellas estaba la diadema de la Inmaculada [44] (35 x 35), punzonada por el vitoriano Manuel Fernández Valcorta (VAL/CORTA), cuya actividad en Bizkaia se ha documentado entre 1758 y 17748CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 350, vol. 2, nº638.. Y del mismo artífice son una media luna lisa [45] (25 x 25) y una ráfaga con rayos rectos y ondulantes [46] (26 x 26), de plata en su color.

Se guardaban también varios cálices, de época barroca. Entre los más antiguos, uno de plata en su color y sobredorada [47] (25 x ⌀14 x ⌀9), con pie redondo, astil con nudo en jarrón con amplio toro, y copa exvasada cortada por arandela al centro. Tenía marcas del platero bilbaíno Pedro de Aguirre (Pº D AGIRE), y de propiedad «Villaro». Una pieza clasicista del último cuarto del siglo XVII9Ibid, vol. 1, p. 317, vol. 2, nº430..

Otro de los cálices más interesantes [48] (21 x ⌀13 x ⌀8), mostraba una singular silueta anillada. De plata en su color, tenía pie redondo y astil abalaustrado, con cuatro arandelas y nudo en jarrón, más copa de perfil abierto. El modelo sobrio, con arandelas prominentes remite a piezas clasicistas americanas, altoperuanas. Aunque no tiene punzones que lo prueben. Barroco, primer cuarto del siglo XVIII10Ibid, vol. 1, p. 422, vol. 2, nº450..

El tercero de los cálices forma parte de un juego de altar, este sí, novohispano. Es de plata sobredorada [49] (24 x ⌀14,5 x ⌀8), fabricado con chapa muy gruesa, como es habitual en las piezas americanas. Muestra pie mixtilíneo, cuerpo de perfil bulboso cuajado por ces, hojas y flores, entre rocalla, sobre fondo mate y de losange punteado.

En el pie lleva punzones de México (M entre columnas con Hércules mirando a la izquierda, coronado por un ave frusta) y del contraste Diego González de la Cueva (GNZ). Este cáliz, junto al juego de altar, llegó en 1777 regalado por Gabriel Antonio de Bildosola y Gamboa de La Puente, natural de Artea y que tenía dos hermanas profesas en Areatza11Ibid, vol. 1, p. 420, vol. 2, nº514..

Le acompañan salvilla (24 x 17 x 3), campanilla (12 x 7) y vinajeras [50] (24 x 14,5 x 8), piezas de plata sobredorada, con el mismo tratamiento decorativo que el cáliz, del repertorio rococó, y gran calidad en las labores de repujado y cincelado. Llevan las mismas marcas que el cáliz12Ibid, vol. 1, p. 420, vol. 2, nº581..

Presidía la iglesia del convento una sobria cruz procesional [51] (75 x 41), de plata en su color, en la que predominan los espejos ovales, tablas, gallones… de acuerdo a la severidad y funcionalidad propia del clasicismo. El Cristo crucificado, es una bella figura de composición naturalista. Sin punzones, pudo ser obra bilbaína o vitoriana en el segundo cuarto del siglo XVII13Ibid, vol. 1, p. 248, vol. 2, nº149..

Por aquellas fechas se fabricaría también la custodia [52] (41 x 16 x 18), de plata sobredorada, perfil esbelto, con nudo en jarrón y expositor con ráfaga de rayos rectos y ondulantes. Es lisa, sin ornato. Carece de punzones, pero se labraría hacia los años 30 del siglo XVII, en talleres cercanos14Ibid, vol. 1, p. 251, vol. 2, nº168..

Metalistería

 

Campana [53] (63 x ⌀60). Bronce. Esquilonada. Se decora con cruz de Calvario. Con inscripción en el hombro: IHS SANCTE PATERE FRANCISQUE ORA PRO NOBIS AÑO DE 1866. Fundida por Esteban Echebaster, en Vitoria-Gasteiz15BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, pp. 42-43..

Campana [54] (64 x ⌀63). Bronce. esquilonada. Tiene decoración neogótica, euscarística, con Inmaculada y crucifixión. Lleva inscripción en el hombro: SAN FRANCISCO DE ASIS ORA PRO NOBIS ANO 1906. Fundida por Esteban Echebaster, en Vitoria-Gasteiz16Ibid..

Campana [55] (55 x ⌀55). Bronce. Esquilonada. Situada en lo alto. Fabricación industrial.

Otros elementos

 

Órgano [56]. Madera y metal. Instrumento situado en el coro alto. Ha conocido algunas reformas, pero lleva el secreto fechado y firmado: “A honra y gloria de Dios me hizo Cipriano Estecha en Begoña siendo discípulo de D. Ignacio Bermeo. Año de 1857”17SALABERRÍA SALABERRÍA, 1992a, p. 19.. Sustituye a un viejo órgano barroco que el convento adquirió en 1723 a un anónimo organero de Pamplona.

Elementos depositados en el Museo de Arte Sacro

 

Láminas de Vía Crucis [57] [58] [59] [60] [61] [62] [63] [64] [65] [66] [67] [68] [69] [70] (37 x 49). Litografías en blanco y negro. Vía Crucis completo. Muestra composiciones de gusto académico e historicista, de distribución teatral y figuras idealizadas. Se adivinan ecos de moderado romanticismo, incluso recuerdos de la pintura neoclásica. Se trata de obras seriadas concebidas para comercializarse y exportarse masivamente, desde París. De hecho incluye textos bilingües francés-castellano, lo que da pistas claras de su difusión. Están firmadas por varios autores. Por un lado, Alexandre Leloir, autor del modelo pictórico; Auguste Hermann, litógrafo y Jean Turgis, editor e impresor con sedes en París y Nueva York. Son obras de hacia 1850-1880.

MRV - RCL - JMGC

María Romano Vallejo – Raquel Cilla López – Juan Manuel González Cembellín

1. Archivo del Convento de Santa Isabel, Libro I del Gasto (1627-1644).
2. Ibid, Libro II del Gasto (1644-1665).
3. BFAH-AHFB, Municipal, Archivo Municipal de Areatza, Acta de Concordia con el Convento de Santa Isabel.
4. Archivo del Convento de Santa Isabel. Libro V del Gasto (1695-1714); Libro VI del Gasto (1714-1726).
5. Ibid, Planos.
6. Ibid, Libro VII del Gasto (1726-1755).
7. Ibid.
8. CILLA LÓPEZ, 2022a, vol. 1, p. 350, vol. 2, nº638.

CILLA LÓPEZ, Raquel. Investigación y puesta en valor de la platería antigua en Bizkaia. Vitoria-Gasteiz: Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, 2022, 4 vols. (Colección Investigaciones de Patrimonio Cultural, nº4). Disponible en https://www.euskadi.eus/publicaciones-patrimonio-cultural/web01-a2kulonz/es/ .

9. Ibid, vol. 1, p. 317, vol. 2, nº430.
10. Ibid, vol. 1, p. 422, vol. 2, nº450.
11. Ibid, vol. 1, p. 420, vol. 2, nº514.
12. Ibid, vol. 1, p. 420, vol. 2, nº581.
13. Ibid, vol. 1, p. 248, vol. 2, nº149.
14. Ibid, vol. 1, p. 251, vol. 2, nº168.
15. BARRIO LOZA, MOLINUEVO ZABALLA y ROMANO VALLEJO, 2005a, pp. 42-43.

BARRIO LOZA, José Ángel (dir.), MOLINUEVO ZABALLA, María, y ROMANO VALLEJO, María. Bizkaiko kanpaiak / Campanas de Bizkaia. Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia – Kultura Sailak / Diputación Foral de Bizkaia – Departamento de Cultura, 2005. (Colección Inventarios, nº12). Disponible en https://www.bizkaia.eus/Kultura/kanpaiak/index.asp?idioma=CA .

16. Ibid.
17. SALABERRÍA SALABERRÍA, 1992a, p. 19.

SALABERRÍA SALABERRÍA, Miguel. Bizkaiko Organuen Katalogoa / Catálogo de los Órganos de Bizkaia. En CANDINA AGUIRREGOITIA, Begoña (coord.). Bizkaiko organuak / Órganos de Bizkaia. Bilbao: Bizkaiko Foru Aldundia – Kultura Saila / Diputación Foral de Bizkaia – Departamento de Cultura, 1992. (Colección Inventarios, nº6).